La extraordinaria liga que atrae a los mejores científicos del mundo en Cataluña
Esta iniciativa de captación y retención de talento, pionera en el mundo y que ha inspirado otros programas internacionales, ha impulsado el sistema de investigación de nuestro país
BarcelonaSon algo más de las 6.30 de la mañana. La paleoantropóloga estadounidense Ashley Hammond hace rato que se despierta, dando mamar a su hijo, de dos meses. Lo tiene todo calculado para tomar el tren en Terrassa, donde vive desde el otoño, y poder llegar a tiempo al centro de Barcelona. Hoy Hammond asiste a una celebración muy especial, la fiesta de los 25 años de Icrea, la estrategia 100% pública catalana para atraer y retener al mejor talento científico. Esta investigadora ha sido una de las últimas en incorporarse a esta liga de la excelencia, pionera en el mundo y que ha resultado muy exitosa para el sistema de investigación del país.
La idea surgió en el 2000. Primero la Generalitat creó unas distinciones anuales para reconocer a los veinte mejores investigadores universitarios con el objetivo de identificar y potenciar talento. Detrás estaba el entonces consejero de Economía y Conocimiento Andreu Mas-Colell, artífice en gran medida del éxito del sistema actual de investigación catalán, que al año siguiente impulsó la creación de una fundación, financiada íntegramente por la Generalitat, con la misma finalidad –identificar, captar y retener el mejor talento– pero centrada en científicos.
En paralelo, además, inició la puesta en marcha de los centros de investigación también de excelencia Cerca (como el Instituto de Ciencias Fotónicas o el Centro de Regulación Genómica), inspirados en instituciones líderes europeas, como el Instituto Max-Planck alemán. "La apuesta era clara: un sistema basado únicamente en méritos y en la capacidad de liderazgo y de excelencia científica", resume el actual director de Icrea, el matemático Antonio Huerta.
Para hacerlo posible, se constituyó una fundación, la Institución Catalana de Investigación y Estudios Avanzados (Icrea), impulsada al 100% por la Generalitat, que "ha sido respetada por todos los gobiernos -destaca Huerta- y ha sobrevivido a crisis de muchos tipos a lo largo de estos años, cosa que ha sido". Una ciencia que abarca todas las áreas del conocimiento, desde filosofía y lingüística hasta matemáticas, bioinformática, economía o paleoantropología.
Se sustenta sobre dos pilares fundamentales: por un lado, está dirigida por académicos para académicos; y, por otra, tiene independencia orgánica y autonomía funcional. Y ha inspirado al menos otras dos iniciativas: el Ikerbasque, en el País Vasco, y el European Rearch Area Chair o ERA, a nivel europeo.
El impacto de los Icrea
Para acceder a una posición Icrea, un científico, catalán o extranjero, debe presentar su candidatura de la mano de una institución catalana que desee acogerle. Un comité independiente e internacional de expertos evalúa las candidaturas según la excelencia. Los científicos seleccionados son contratados de forma permanente, con un sueldo competitivo (de media 80.000 euros anuales), y evaluados cada cinco años para determinar su rendimiento. A medida que progresan, consolidan incrementos salariales y pueden alcanzar los 120.000 euros.
En la actualidad existen 305 investigadores Icrea (76% hombres y 24% mujeres), lo que supone un 1% del tejido científico catalán. Cerca de cuatro de cada diez obtuvieron su posición cuando tenían menos de 40 años. El presupuesto este año es de 40 millones de euros y "cada Icrea genera de media cinco veces más que la inversión que hace la Generalitat", destaca Huerta, quien señala que "los Icrea generan cada uno directamente unos siete puestos de trabajo de mucha calificación".
El ARA ha seleccionado a cinco investigadores actuales que el programa Icrea ha permitido retener. Ellos son parte de la liga extraordinaria de la ciencia en Cataluña.
"Quiero entender cómo se desplazaban los primeros humanos"
Ashley Hammond
Paleoantropóloga en el Instituto Catalán de Paleontología Miquel Crusafont (ICP) 2025
Soy paleoantropóloga y, seguramente, una de las principales expertas mundiales en la evolución de la pelvis humana. Junto con el cráneo, es la parte del cuerpo que más cambios ha sufrido en la historia de la humanidad, por la necesidad de empezar a caminar de pie ya causa de infantar bebés con un cerebro muy grande. Estos cambios están vinculados a la fisiología, a los intestinos, a la dieta, a la forma del torso; por eso, esta parte del tronco inferior ofrece mucha información para entender qué ocurrió en la evolución humana.
La pregunta que me gustaría responder con mi búsqueda es qué tipo de locomoción o de movimiento tenían los primeros individuos de nuestro linaje. ¿Cómo se desplazaba el ancestro común de los humanos y nuestros parientes evolutivos? ¿Caminaba ya por el suelo a cuatro patas apoyando a los nudillos, como hacen los chimpancés o los gorilas, o todavía se movía de rama en rama?
Para intentar responderla, trabajo con el registro fósil de simios y homínidos, y hago expediciones a yacimientos de África, sobre todo en Kenia. Además, aplico técnicas 3D avanzadas para estudiar la movilidad de la articulación de la cadera y la evolución de las capacidades motoras en grandes simios. Hasta octubre pasado trabajaba desde el Museo de Historia Natural de Nueva York [sí, ¡lo que sale en muchísimas películas!], donde estaba la conservadora y catedrática de la división de antropología. Y ahora trabajaré como investigadora principal en el grupo de investigación de origen de los homínidos en el ICP, donde acabo de incorporarme como Icrea.
Que me planteara venir a Catalunya tiene que ver con que mi marido, que también es científico, es catalán y quería volver a casa. Es cierto que la decisión fue difícil, porque en Estados Unidos se destina mucha más financiación para la investigación, tanto pública como privada, porque tenemos una cultura de la filantropía diferente. Además, los salarios son mayores. Por eso acordamos que sólo cambiaríamos Nueva York por Barcelona si conseguíamos una posición centrada en investigación, prestigiosa y con financiación. Y esto pasaba por obtener una beca del Consejo Europeo de Investigación, una de las prestigiosas y competitivas ERC; o una posición Icrea; o una combinación de ambas.
Icrea es seguramente uno de los tres programas más top de toda Europa. Por eso, cuando me comunicaron que me habían seleccionado, fue un sueño. A esto se suma que en Cataluña la calidad de vida es muy alta y que existen políticas de apoyo a las familias. Y eso para mí, para nosotros, que acabamos de tener un segundo hijo, es también muy importante.
"Cada día miro la foto de los niños con Myhre, una enfermedad minoritaria, para recordar la importancia de nuestra investigación"
María Macías
Química en el Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona (IRB Barcelona)
Cada día miro una foto que tengo en mi despacho de los niños en España con síndrome de Myhre. Es una enfermedad ultraminoritaria muy grave, para la que no hay cuidado, provocando complicaciones mortales, como quiebra cardiovascular y fibrosis, también discapacidad intelectual. La miro porque me hace mantener los pies en el suelo y recordar lo importante que es lo que hacemos para intentar encontrar una solución, aunque sea parcial, pero que nos permita ganar tiempo mientras otros encuentran el cuidado definitivo.
Esta enfermedad la causan cinco variantes en el gen que codifica una proteína SMAD. Estas proteínas tienen un papel primordial en el desarrollo y buen funcionamiento de las células y los órganos. Cuando se alteran pueden provocar tumores y enfermedades como el síndrome Myhre. Llevo estudiando las proteínas SMAD con Joan Massagué [director científico del Instituto Sloan Kettering, en Nueva York] desde hace al menos 25 años, cuando volví a España para incorporarme como Icrea al Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona (IRB Barcelona). ¡Puedo decir con orgullo que soy de la primera promoción Icrea!
Entonces yo era científica titular en el Laboratorio Europeo de Biología Molecular (EMBL), en Heildelberg, en Alemania, y tenía un pequeño grupo de investigación. Estaba muy bien y me planteaba pedir la nacionalidad alemana. Pero en un congreso de biología estructural en EE.UU., unos investigadores de Barcelona me explicaron que se estaba poniendo en marcha esta iniciativa de captación y retención de talento y me picó la curiosidad, porque sentía que de alguna manera quería devolver al sistema parte de lo que había invertido en nuestra formación.
Así que me presenté en la primera convocatoria que se abrió. Recuerdo que me entrevistó un comité formado por unas catorce personas, entre ellas Joan Massagué, que me seleccionó para ir al IRB Barcelona.
La idea de Icrea me parecía fantástica: invertir en personas con talento que sean capaces de encontrar financiación, de generar contratos y una riqueza asociada a la investigación, hacer avanzar el conocimiento. Así es como se crea la masa de productividad en un país.
Me sigue apasionando intentar entender qué nos pueden explicar las estructuras de las proteínas, si podemos comprender mejor los mecanismos de acción o cómo funcionan; y qué impacto tienen las mutaciones asociadas a enfermedades. El objetivo final es allanar el camino hacia diseñar nuevos fármacos o encontrar soluciones.
"Estoy curioso por saber cómo llegó el virus de la peste porcina si no salió del laboratorio de IRTA-CReSA"
Toni Gabaldón
Bioinformático en el Barcelona Supercomputing Center y el IRB Barcelona
Me apasionan los microorganismos. ¿Cómo puede algo tan pequeño tener un impacto tan grande y acabar causándonos una enfermedad o un problema? Estamos estudiando, por ejemplo, cómo los cambios que se producen en la microbiota intestinal, la comunidad formada por billones de bacterias, hongos, levaduras, virus, se asocian al cáncer colorrectal. O cómo las bacterias de la boca están implicadas en la hipertensión. De hecho, tenemos un proyecto financiado por La Marató para analizar precisamente esto.
Siempre he trabajado con microorganismos y evolución, que es la ley más unificadora de la biología y permite explicar tanto el origen como la diversidad de organismos que existe, incluso las interacciones entre estos organismos. Y lo hago como investigador Icrea desde 2013. Primero en el Centro de Regulación Genómica y, desde hace unos años, liderando el grupo de genómica comparativa, afiliado al Barcelona Supercomputing Center (BSC-CNS) y al Instituto de Investigación Biomédica (IRB Barcelona).
Recientemente, precisamente por la experiencia de mi grupo de investigación en patógenos emergentes y genómica comparada, desde la conselleria de Agricultura nos pidieron una mano para aclarar el origen del brote de peste porcina que tuvimos en Cataluña. La pregunta que intentamos responder era si el virus de la peste porcina había aparecido a partir de las cepas que tenían en los laboratorios del IRTA-CReSA en una franja de tiempo concreta. La respuesta que obtuvimos fue que no. Paradójicamente, es el genoma más pequeño con el que hemos trabajado [el del VPPA] y, en cambio, el que mayor impacto ha tenido. Estoy muy curioso por saber ahora, si no ha venido del laboratorio, como ha podido aparecer allí.
Ser Icrea va mucho más allá del sueldo. Es formar parte de una comunidad que vela por que estés a gusto y encuentres tu sitio para desarrollar tu investigación al máximo nivel. También nos ofrecen formación, como cursos de liderazgo, y nos ponen en contacto con otros investigadores de muy alto nivel, de los que pueden surgir colaboraciones. También nos exigen mucho: debemos pasar evaluaciones externas supercompetitivas cada cinco años para renovar la posición. Conseguir Icrea fue mi pasaporte para poder quedarme en Cataluña investigando. Si no, habría tenido que irse fuera.
"Investigo cómo mejorar los métodos de comunicación para contribuir al progreso de la sociedad"
Antonio Acín
Físico teórico en el Instituto de Ciencias Fotónicas (ICFO) de Castelldefels
Siempre que hablo con mis colegas de todo el mundo les digo que tengo la mejor posición como investigador que puedo tener en España, que es la posición Icrea. El reconocimiento que tengo, tanto académico como social, sumado a que me siento valorado y que han depositado confianza en mí, es lo mejor que puedes tener como científico.
Lidero el Grupo de Teoría de la Información Cuántica en el Instituto de Ciencias Fotónicas (ICFO), ubicado en Castelldefels. Llegué a este centro en 2003 procedente de la Universidad de Ginebra, en Suiza. Antes me había licenciado en telecomunicaciones y en física, y me había doctorado en física teórica inspirado por un curso que impartían dos físicos que son una referencia en cuántica, Anna Sanpera e Ignacio Cirac.
Para un físico teórico como yo, la decisión de volver a Catalunya oa España es quizás algo más sencilla que para investigadores de otros ámbitos, porque no requerimos tanto dinero para investigar. Cuando decidí volver a Barcelona, el proyecto del ICFO era prometedor pero muy incipiente, y era necesario apostar muy fuerte. Aunque vine con una beca estatal Ramón y Cajal, al poco me presenté para la posición Icrea, que ya en ese momento tenía prestigio y me parecía una opción mucho más atractiva.
Mi carrera académica se centra en uno de los ámbitos con mayor potencial de futuro de la física contemporánea, la computación cuántica. Soy un experto en teoría de la información cuántica e investigo nuevas formas de procesar la información. También para realizar ordenadores más potentes y protocolos de encriptación más seguros. Mi investigación es básica, genero conocimiento para que después los físicos experimentales lo lleven a la práctica. Me interesa mucho resolver estos problemas, tan interesantes intelectualmente, que pueden aportar progreso a la sociedad. Porque si tenemos mejores métodos de comunicación contribuiremos a que la sociedad progrese.
"Estudio cómo nacen las estrellas como el Sol y cómo se forman las semillas de los planetas"
Anaëlle Maury
Astrofísica en el Instituto de Ciencias del Espacio (ICE-CSIC)
Tú, yo, todos somos, literalmente, polvo de estrellas. El carbono del que estamos hechos los humanos, las plantas, el resto de animales, todo lo que nos rodea procede del polvo cósmico, pequeños granos de polvo que se unen unos con otros hasta llegar a formar a los planetas. Mi investigación se centra, precisamente, en intentar entender cómo nacen las estrellas como nuestro Sol, y la física que permite que estos granitos minúsculos de polvo interestelar coagulen y evolucionen hasta formar semillas planetarias, y después planetas en torno a estas estrellas. Me interesa el papel que desempeñan en este proceso fascinante los campos magnéticos.
Desde siempre he mirado el cielo. He crecido en un pequeño pueblo de veinte habitantes en el Prepirineo francés, muy cerca del emblemático Canigó, Prunet y Belpuig, en la Catalunya Nord. Mi vecino más cercano estaba a 6 km! Mis padres me dejaban campar como quería, y tenía acceso a un firmamento estrellado increíble todas las noches. Por eso me dedico a la astronomía. Y, en parte, que haya cambiado París por Barcelona tiene que ver con mi nostalgia por ese país y ese escenario natural.
En la capital francesa estaba muy bien, llevaba 10 años, e investigaba los campos magnéticos cuando se forman los sistemas planetarios, un tema en el que, entonces, había pocos expertos. Tuve la suerte de empezar a colaborar con una persona que estaba ubicada aquí, en el Instituto de Ciencias del Espacio (ICE-ICSIC), que fue quien me habló de Icrea. Siendo franca, nunca me había planteado trabajar en el sistema de investigación español, porque quería un entorno competitivo y dinámico. Pero Icrea me cambió la idea que tenía y me presenté. Mi sorpresa fue conseguirlo en la primera.
El contexto de investigación en Cataluña en el ámbito de la astrofísica es muy bueno, hay investigadores excelentes. Ahora estoy formando mi equipo y trabajando en mi proyecto PEBBLES, para el que obtuve una ERC Advanced Grant. Hablo castellano, que he aprendido en la calle de las veces que he ido a Chile en el observatorio astronómico, y ahora empezaré a aprender catalán. Lo entiendo un poco porque soy de la Catalunya Nord y lo sentía, aunque la pronunciación de aquí es más difícil para mí. Lo difícil de moverme de París a Barcelona ha sido encontrar piso. Me negaba a pagar 3.000 euros por 60m2.