Crónica

Barcelona Wine Week: trepat, trepat, trepat!

Crónica de Empar Moliner de un día en la feria de vinos más importante de Cataluña

BarcelonaEntro en la Barcelona Wine Week consciente del privilegio. Como hay tanta afluencia, hay elaboradores y eso que llamamos influencers que el primer día no pudieron entrar, por las medidas de seguridad. Los influencers los conoceremos porque llevan ropa elegida –pantalones muy cortos de cuadros y bolsas de colores, grandes como para poner en su interior un perro pastor– y se sientan en los pedrizos a hacer posts. Hay amantes del vino, de los que han logrado entradas a través de un amigo de un amigo, y hay periodistas-protagonistas. Hay sobre todo elaboradores. Grandes y pequeños. La feria está muriendo de éxito. “Yo este año que viene ya no iré a Rewine”, me dice un pequeño productor. Le acaban de comprar, para Rusia, mil botellas.

Este primer día ya hay cosas interesantes. Álvaro Ribalta, master of wine, da una charla –no se cabe– sobre taladros de la Conca de Barberà. Ser master of wine es un camino dificilísimo. En el mundo habrá 400 y uno de ellos, Álvaro, es catalán. Mujeres hay menos, porque la distinción se da desde los años 50, cuando ser sumiller mujer era ser una heroína. Álvaro, que se cuenta con pulidez y maestría, nos ilustra sobre esta variedad, tan amada reina de la Cuenca, y sobre cómo se expresa según el receptáculo. “Queremos vinos más ligeros –dice– porque no comemos cada día jabalí para comer, ¿verdad?”. Se agradece que entre las charlas, ponencias, catas... haya vino catalán. Saludo al presidente de la DO Catalunya. Me cuenta que para los premios Gaudí ha habido vino de la DO. Está bien que el vino sea de aquí a las fiestas de aquí.

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Electricidad y elegancia

Paso por la zona de Corpinnado. Están los Julia Bernet, los más pequeños. “Hola, Julia”, le digo a la hija y heredera de la casa, la que da nombre al rock and roll que es su espumoso, y que tanto admiro. Y los de Huguet de Can Feixes, que me parecen la elegancia y al mismo tiempo el vuelo de un pájaro dorado. Y los Llopart, que me dicen: "¿Qué quieres probar?" Sonrío. "Pues no sé si John Lennon, si Paul McCartney..." Jordi Borda, enólogo, me dice: "Probarás Phil Collins". Y yo que pregunto: “Phil Collins con o sin Génesis? ¡Que no es lo mismo!”. Dice que “con”. Y me deja probar un ExVite 2014, electricidad y elegancia.

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Me queda tiempo, porque volveré, claro, para pasar por el stand de los Artisanos. Son cincuenta pequeñas bodegas, muy pequeñas, de producciones artesanas. “La jefa es Pilar Higuero, la de A Pita Cega”, me dicen. "No debemos embotellar más de sesenta mil botellas", me cuentan. Y deben estar “avalados” por dos artisanos más. De catalanes está el adorable loco de Porcelánico; Anaïs Manobens, de Maria Rigol Ordi, y Blanca Ozcáriz, de El Jardí dels Sentits. “¡Eh!”, me gritan. Son las admiradas bodegueras de Mas d'en Peri y Celler Matallonga. “¡Vamos a comer!”, me dice Iduvina Olmedo. “¿No se quedan en la feria?”, hago, sonriendo. “¡No, no! Salimos a hacer un bocata”. Y es que en la feria, si quieres comer, tienes que ir a una cadena de pizzerías donde lo que bebe es agua o la conocida marca de cerveza. No digo que no tengan vino, pero puede que no sea aconsejable.