La cara oculta del rey del realquiler: lujo, 3.000 habitaciones y decenas de afectados
El ARA destapa la trama de empresas de un joven valenciano con presencia en toda España y también México e Italia
BarcelonaLlega a toda velocidad un Lamborghini naranja. Es deslumbrante y hace un ruido ensordecedor. Aparca delante de ti y baja un chico joven, con un tupé rubio engominado y con unos bíceps trabajados, vestido con un polo Gucci de más de 1.000 euros, una apariencia que completa con un anillo de oro y un reloj Rolex. Hace tiempo que le sigues en las redes sociales y admiras el dinero que gana y con qué se lo gasta. Los coches, las casas, los outfits, las joyas. Envidias sus viajes por el mundo. Colombia, Costa Rica, los Emiratos Árabes, Japón. Hace tiempo que haces caso de sus consejos para invertir, para ser un ganador. ¿Qué es triunfar si no es lo que hace él? Incluso destinas algo del poco dinero que tienes para disfrutar del privilegio de tenerle unas horas solo para ti, para que te explique cómo se lo ha hecho. Baja del coche y te dice crack. Y, automáticamente, te sientes un crack. Te fascina. Te abduce. Te cautiva. Te enamora.
Te explica que nació el 2 de octubre de 1999 en Irkutsk, una de las ciudades más grandes de Siberia, con un invierno gélido y una vida triste. Te da pena cuando dice que tuvo que emigrar a Valencia con solo seis meses, que ha tenido varios padres ausentes y que su madre se volcó en el alcohol y el juego. “Me dejaron en la calle, en un edificio de okupas, un cuarto sin ascensor. Si yo he podido con esta historia, ¿qué te impide a ti cumplir tus objetivos?”, te dice con un tono motivador, y te motiva. Te sientes representado cuando dice que es un joven hecho a sí mismo, cuando recuerda que no estaba hecho para los estudios y que no acabó la ESO, que tuvo malos hábitos y dejó de levantarse tarde con resaca para empezar a despertarse temprano para ir al gimnasio. Te dice que quiso crear su propio negocio y fracasó muchas veces, pero que siempre hizo aquello de levantarse de nuevo.
Y, finalmente, te explica que tuvo una idea brillante. Que empezó a buscar pisos para dividirlos en muchas habitaciones. La fórmula era fácil: alquilar, hacer obras y colocar tantos inquilinos como fuera posible. Te enumera que empezó con cuatro pisos y ya tiene 400. Por Barcelona, Madrid y Valencia, pero también por las Canarias, México, Miami y Italia. Se autodenomina el rey del realquiler y tú te lo crees y te quedas deslumbrado por su imperio. Es un elegido y te dice que tú también lo puedes ser. Se llama Miguel Krasnoruzhskikh Dvorkin, más conocido como Miguel Marzal.
Una cara oculta
Con 19 años Marzal publicó el libro Como retirarse joven y rico, en el cual ya habla de emprendimiento, libertad financiera y éxito. Marzal llena sus redes sociales y las entrevistas que concede de frases motivacionales. No hay límites. Tampoco obstáculos. Puedes llegar donde quieras. El éxito te espera. "Haré lo que deba hacer, durante el tiempo que deba hacerlo, hasta conseguir lo que quiera conseguir", repite. Unos mensajes que cautivan a muchos jóvenes que se apuntan a sus formaciones. Pura fascinación. Un modelo a imitar. Pero no todo brilla en el imperio del rey del alquiler.
El ARA ha reunido a una sesentena de víctimas de su modelo de negocio. Una cuarentena de inquilinos denuncian que las empresas que forman parte del conjunto de sociedades vinculadas a Marzal y sus socios no les devuelven las fianzas, que las condiciones de algunos pisos son insalubres –incluso hay que tienen cucarachas– y que hay cobros injustificados de suministros, amenazas veladas de desalojo y cortes en los servicios durante meses. En un piso, por ejemplo, estuvieron tres meses sin luz, y en otro el agua sucia de una avería inundó todas las estancias. Este diario ha constatado situaciones irregulares en un mínimo de 30 apartamentos en una decena de ciudades diferentes vinculados a TACT Living, que ha gestionado unas 3.000 habitaciones.
Los problemas, sin embargo, no se acaban con los inquilinos. Algunos propietarios de los inmuebles, inversores que prestan dinero a cambio de rentabilidades altas y socios y extrabajadores del entramado societario también denuncian problemas con la gestión de Marzal. "Se cree Llados [un youtuber que fue denunciado por estafa]", resume un antiguo colaborador. De hecho, tiene denuncias en los juzgados de inquilinos y propietarios que se sienten estafados. También de trabajadores a quienes no se les pagaba ni se les daba de alta en la Seguridad Social. Pero también instancias y quejas en organismos europeos, en la Agencia Catalana de Consumo y en diversos ayuntamientos, entre ellos el de Barcelona, que ha incoado diversos expedientes sancionadores por infravivienda.
Preguntado por el ARA, Marzal niega que haya irregularidades y mala fe para perjudicar a inquilinos, inversores y propietarios. Al mismo tiempo, se defiende esgrimiendo que él no puede "controlar" todo lo que pasa en cada ciudad y que, como cualquier otro joven emprendedor, ha cometido errores que ha ido enmendando con el paso del tiempo.
La trama, un caos mesiánico
La trama de Miguel Marzal nació en el año 2022. O eso al menos es lo que se encuentra en el Registro Mercantil. Hace cuatro años, Marzal creaba una de las empresas más importantes de la estructura, que daría nombre a la marca comercial que ha escampado por toda España: TATC Rent and Investments.
Bajo la marca Te Alquilamos Tu Casa (TATC), Marzal ha desplegado un supuesto modelo de éxito que genera ingresos por diferentes vías. Según diversas fuentes de su entorno, la pata principal es el alquiler de habitaciones, que consiste en la gestión de pisos con muchos inquilinos, un negocio que genera altas rentas y que vehicula también con la captación de préstamos de inversores privados. Internautas de toda España confían en el modelo ideado por este influencer inmobiliario. "Buenas tardes, inversores! Traemos una nueva oportunidad de inversión", dice un mensaje difundido recientemente por Marzal a través de un grupo de WhatsApp con cientos de inversores donde solo puede escribir él. Promete un 28% de rentabilidad a cambio de aportar 4.500 euros, y dice que la otra mitad de la inversión de 9.000 euros la pone él. Al cabo de pocas horas, un mensaje con dos grandes X comunicaba que la operación se había cerrado. No es un lugar para dubitativos.
Pero no todo son alquileres. Marzal también hace sesiones presenciales y virtuales de formación, que llama mentorías o masterminds, en función de si enseña marca personal, inteligencia financiera, una mentalidad de negocios indestructible o la vía para pagar menos impuestos con una empresa de alquileres. Un fin de semana con él, en una sesión intensiva, puede costar 1.500 euros, según personas que han participado. Acuden jóvenes y mayores, personas que comienzan en el mundo inmobiliario y otras que ya están consagradas. Más allá de eso, también hay espacio para pequeños pelotazos a través del negocio del house flipping, es decir, de operaciones de compra, reforma y venta de viviendas. Marzal hace valer sus más de 20.000 seguidores en Instagram para patrocinar este modelo, animando a invertir en flips a través de la empresa Flip&Go Real Estate.
El embrión del imperio de Marzal nacía en Valencia en 2021, y daba los primeros pasos de la mano de su amigo de la infancia Alejandro Rincón, que se convertiría en consejero delegado y pareja indisoluble del rey del alquiler. Rincón capitaneó el modelo en Cataluña, con empresas como Future Plans 4 Business, pero también vivió una ruptura volcánica con Marzal, de quien se separó por desavenencias con su manera de hacer.
Según datos extraídos del Registro Mercantil, a finales del 2022 Marzal creó otra sociedad, Investments and Go 997, que más tarde pasaría a manos de su madre: Eugenia Krasnoruzhskikh. Ella más tarde crearía Noinatra, la empresa matriz de toda la trama, que después administraría Marzal. En septiembre del 2025 esta sociedad absorbía el embrión de la trama: TATC Rent and Investments. Y esto derivaría en la estructura actual: un liderazgo mesiánico de Marzal, que hace y deshace casi como quiere.
Socios por toda España
La estructura de Marzal no se entendería sin muchos socios que le abren las puertas de muchas ciudades de España y el mundo. La relación comercial de los socios con Marzal no es pública. ¿Cómo se vinculan sus adeptos de Madrid, Valencia y Málaga, con quienes a menudo hace vídeos vendiendo las mil maravillas de su modelo? “Es como una franquicia, hay negocios y después una empresa matriz. Las diferentes empresas trabajan bajo la misma marca yél se queda un porcentaje de los ingresos”, explica a la ARA una extrabajadora suya.
A través de contratos privados, Marzal se blinda un porcentaje de los beneficios de las empresas que impulsan los socios para hacer alquiler de habitaciones. Una cifra que puede llegar al 50% según diversos testimonios. Otra fuente de ingresos son los cánones mensuales, en forma de royalties, para sufragar los gastos laborales de la empresa matriz, como marketing, publicidad y eventos. "Los socios están tan centrados en administrar las sociedades y los pisos que tienen en cada ciudad que no son conscientes de adónde van a parar sus dinero. Algunos están asfixiados", lamentan algunos exsocios, que añaden que esto provoca que el negocio del socio no salga a cuenta, cosa que empuja a gestionar más al límite los colivings.
Una gestión interna opaca
Los inversores son una pata de la estructura que cuelga básicamente de él. Marzal les promete rentabilidades altas, de hasta el 35%, que hacen que sea un negocio jugoso, pero a la vez poco "sostenible" para algunos socios que han trabajado para él. Añaden que Marzal da mucha importancia a las apariencias –"Su clave es mantener la fascinación que genera"– y por eso cada vez se endeuda más: "La pelota es tan grande que no puede dar marcha atrás", dicen. Un hecho que el rey del alquiler niega asegurando que él "piensa" el negocio "a largo plazo" para que "sea duradero".
Actualmente, según datos extraídos del Registro, en lo más alto de la estructura habría Noinatra, la empresa iniciada por su madre y que ahora él administra, y también Grosfera-Investments, que él creó y que gestiona su madre. Cada socio habría creado su propia empresa para operar con la marca TATC Living con un proceso simple: alquilando propiedades, reformándolas para albergar el máximo de habitaciones y entonces buscando inquilinos. La vinculación más evidente de la existencia de una operativa coordinada es que todos ellos empiezan a operar con sociedades preconstituidas por Alberto Esmoris Llorca, propietario de un vivero de empresas. Su negocio es vender sociedades ya creadas, una actividad legal pero regulada por la ley de prevención de blanqueo de capitales.
Una trabajadora que se encargaba de hablar con los inquilinos revela que buena parte de los pagos que recibían eran en efectivo. También el dinero que le prestaban inversores. A este flujo en metálico se añadirían las fianzas: según consta en algunos contratos a los que ha accedido este diario, la fianza no se ingresa en el Institut Català del Sòl (Incasòl) a menos que el mismo Instituto la reclame. Depositar la fianza en el Incasòl es obligatorio en Catalunya para cualquier arrendador de alquiler habitual o para uso diferente del de vivienda.
Inquilino sin fianza
Anastasia y su pareja entraron a vivir en una casa de TATC, en el distrito de Gràcia de Barcelona, en julio de 2024. Durante un mes no tuvieron agua ni gas y nadie les solucionaba los problemas con los suministros. Siempre les daban largas. Lo mismo que les pasaba cuando se quejaban de las condiciones "insalubres" del inmueble, donde tuvieron una plaga de cucarachas y donde la limpieza no se ajustaba a lo que habían acordado por contrato. En aquella casa de la calle Ariosto vivían una decena de personas, y todas acabaron hartas del trato recibido por la sociedad de Marzal. A ella, además, no le devolvieron la fianza y le llegaron a deber cerca de 1.500 euros.
L'ARA ha contactado con una cuarentena de inquilinos que se han encontrado en situaciones similares a las de esta chica ucraniana. Muchos responden al mismo perfil: argentinos, chilenos, iraníes, italianos, polacos, indios..., gente joven en su mayoría que vienen a España por un tiempo y se encuentran atrapados en el modus operandi de TATC. Todos han perdido pequeñas cantidades, de entre 350 y 1.500 euros, un hecho que les echa para atrás a la hora de denunciar. Pasa con inquilinos, pero también con inversores, socios y propietarios. Son pocos los que lo llevan a juicio. "¿Por qué no tiene problemas legales? Por 4.000 euros que me debe, ¿cuánto me costará un abogado? Juega con eso. Después no te responde. Después te da evasivas. Después te ofrece una solución. Y después nuevamente silencio", describe un exsocio.
Daria tuvo problemas todo el 2025 en un piso del Eixample barcelonés. "No podíamos utilizar los electrodomésticos porque nos saltó la luz", relata. Natàlia lo sufrió en Málaga: "Era inhumano, un desastre: todo el piso era asqueroso, sucio, había cucarachas, con sangre pegada en el suelo, fue terrible. Aguantamos dos noches". El imperio de Marzal llegó hasta México. Arantza alquiló una habitación en la capital de este país y cuando llegó estaba en obras. Tampoco le devolvieron la fianza.
Un chico inglés entra en una gran finca regia de la Gran Vía de Barcelona. Balbucea cuatro palabras en castellano y se siente más cómodo hablando en inglés a pesar de llevar un par de años en Barcelona. Es un inquilino ideal para TATC, el perfil que buscan. En el piso viven una quincena de personas más, una fórmula idónea para extraer máxima rentabilidad. Conoce la fama de la empresa porque a un conocido suyo no le devolvieron el dinero de la fianza. Ya da por perdidos sus dinero, pero lo asume con resignación. Lo que no ha hecho, sin embargo, es pagar los 396 euros que le reclaman por suministros. Los inquilinos reciben un documento con pagos pendientes de servicios argumentando que se han excedido en el gasto de agua, luz, teléfono... Algunos lo pagan, otros no. La empresa sostiene que por contrato incluye 30 euros mensuales en servicios, y lo que se excede lo acaba reclamando a los inquilinos.
En abril de 2024 el Gobierno aprobó un decreto ley de urgencia para regular los alquileres de temporada y habitaciones, para evitar que se utilizaran para esquivar el límite de precios en zonas tensionadas como Barcelona. Una medida que cayó al cabo de pocas semanas porque no tuvo el apoyo necesario en el Parlament de Catalunya. En este impás, la empresa se planteó una solución: dividir el precio máximo entre los metros cuadrados de cada habitación y una parte proporcional de los espacios comunes, y cobrar todo lo que faltaba hasta llegar a la cantidad que salía en el contrato de acuerdo con el uso de los servicios ofrecidos: luz, gas, internet... Se pagaba más por los suministros que por el alquiler.
Marzal no niega los problemas con los inquilinos, pero defiende que han dado servicio a cerca de 4.000 inquilinos en cinco años y que si no se han devuelto "algunas fianzas" es porque, según él, ha sido justificado. Y que muchos de los problemas de insalubridad los pueden causar los mismos inquilinos: "Esto no es un hotel".
Convivencia complicada
También hay propietarios que denuncian problemas. Guillem tiene dos pisos en Valencia y cedió la gestión a TATC en el año 2023. Cuatro días después de firmar el contrato, las inquilinas le informaron que operarios de TATC habían entrado en uno de los apartamentos y se estaban "llevando muebles del comedor" y habían empezado "a hacer reformas" que no se habían autorizado. Aguantó un año, con tirones permanentes, hasta que en abril de 2024, casi dos meses antes de que acabara el periodo para rescindir el acuerdo, avisó de su voluntad de separar los caminos. A partir de aquí todo subió de tono. Según su testimonio, Marzal se negó y conminó al propietario a acudir a la justicia para resolver el conflicto. Si quería recuperar las llaves debía acudir a un juez o pagarle 24.000 euros. Guillem denuncia que fue una "extorsión" en toda regla y que, además, durante todo este procedimiento Marzal "coaccionó" a varios inquilinos, además de firmar contratos como si los pisos fueran propiedad de TATC y de robar "muebles y electrodomésticos".
También vivieron una pesadilla los propietarios del Club de Ajedrez Barcelona, en la calle Julià Portet. Los problemas económicos de la entidad hicieron que cedieran por 20 años una parte del inmueble donde están instalados, en el centro de la ciudad. TATC dividió el piso en nueve habitaciones y cuatro baños. Los trabajadores que hicieron las obras dañaron parte del material histórico de la entidad. "Se mearon en los trofeos históricos del club de hace 80 años", relata uno de los miembros de la junta, que impulsó una demanda judicial y finalmente llegó a un acuerdo por 10.000 euros en concepto de indemnización, a pagar en 48 cuotas, "por daños y perjuicios". El Club de Ajedrez, después de recibir varias quejas vecinales, hizo un requerimiento a Marzal para que les hiciera llegar la cédula de habitabilidad y la licencia de obras mayores que habían cursado para las reformas, que no eran menores. TATC se desentendió de la responsabilidad y argumentó que los permisos con el Ayuntamiento eran responsabilidad de la empresa que había hecho las obras, que solo solicitó un "asabentat" (aviso) para llevar a cabo toda la remodelación de los cerca de 250 m2 útiles del rellano –que se dividió en dos zonas, una para el club y otra para la actividad de TATC–. Durante dos años y medio, los inquilinos vivieron en un piso que no tenía cédula de habitabilidad, ya que hasta después del requerimiento no se obtuvo.
La problemática con los vecinos de los pisos que gestiona TATC es frecuente. Sucedió en la calle Julià Portet, así como en pisos de la calle Roger de Flor y de la calle Palou, donde los Mossos d'Esquadra han tenido que intervenir para resolver episodios de mala convivencia con los inquilinos. Una situación que se agrava por la falta de respuesta de TATC cuando los vecinos informan por primera vez de los conflictos. De hecho, el Ayuntamiento de Barcelona ha abierto cinco expedientes a las empresas del entramado TATC porque ha detectado que ha realizado obras y divisiones que han "comportado el incumplimiento de las condiciones de habitabilidad de los pisos".
Promesas incumplidas
Entre los afectados por la gestión de Marzal también hay varios inversores que vieron como una oportunidad las grandes rentabilidades que prometía. "Lo ves por las redes, no encuentras nada sospechoso y acabas dando el paso", explica un inversor. Él dio 15.000 euros a Marzal para reformar un piso de Zaragoza que nunca ha visto, ni en fotos. Tenía que recibir un beneficio del 14%. El segundo mes, sin embargo, Marzal ya solo le pagó la mitad y desde entonces ha sido irregular en los pagos, afirma. A veces paga y a veces no. Todavía le debe 1.700 euros y ninguno de los burofaxes que le ha enviado han dado resultado.
Otro inversor conoció a Marzal en una de sus formaciones. Se quedó "cautivado" y decidió dejarle 50.000 euros con un interés del 15%. Marzal, según el inversor, tenía que devolver ese dinero en tres años, pero el primer año ya se lo alargó a cuatro sin su consentimiento. Después se produjo un movimiento habitual en la estructura de Marzal: le pasó la deuda a otro colaborador suyo que gestionaba pisos en Barcelona. De nuevo sin el consentimiento del inversor, ahora quien tenía que pagarle era otra persona. Esta nueva persona le ha pagado algunos meses, pero también es irregular en la devolución de la deuda. Le deben más de 25.000 euros.
El dinero tampoco llega siempre a los trabajadores, y algunos denuncian que las empresas vinculadas a la marca TATC les deben varias mensualidades. También pasa con las personas que se encargan de la limpieza y el mantenimiento. Incluso hay denuncias por no darles de alta en la Seguridad Social y pagarles en negro.
En este sentido, Marzal asegura que no debe ni "un solo euro" ni a inversores ni a propietarios ni a trabajadores, y reconoce que tuvieron problemas con trabajadores que derivaron en una "sanción" que ya está resuelta. "He aprendido la lección y no se ha repetido", dice.
Buscando una salida
Un chico joven de origen marroquí, que prefiere mantenerse en el anonimato, sale de un bloque de la calle Roger de Llúria de Barcelona. Es un mediodía de un día cualquiera. Lleva un documento en la mano, que es el contrato indefinido que quiere ir a enseñar a una inmobiliaria para que le ayuden a buscar piso. De momento, es un afectado más de TACT Living. Paga 800 euros por una habitación doble con su pareja. Cada vez que tiene que firmar un papel relacionado con el alquiler, el nombre de la empresa ha cambiado, como si detrás de aquellas paredes hubiera una maquinaria opaca, siempre dispuesta a cambiar de piel para continuar sobreviviendo. Él quiere marcharse del piso y ya lo ha comunicado a la empresa, pero la respuesta es que no le devolverán la fianza. Hay meses que paga facturas infladas de luz y agua. Inquieto, dice que vive con una sensación cada vez más asfixiante: “Es como estar en una prisión”.
Mientras el chico busca piso, ahogado por el problema de la vivienda que castiga Barcelona, Marzal exhibe sin rubor en las redes su nivel de vida. No se esconde. El modelo de negocio que ha creado en solo cinco años le permite mover millones de euros cada año. Aun así, en el Registro de la Propiedad solo tiene registradas cuatro propiedades a su nombre: dos pisos en Castellón, uno en Burjassot y una cuarta propiedad en Sagunto. ¿Dónde están el resto del dinero?, se preguntan los que han trabajado con él.