Ni un día en casa

La Bodegueta de Cal Pep: amor y cocina sin medias tintas

A pocos metros del Mercat de Sants, esta bodega celebrará en breve los cien años de vida

La Bodega del Cal Pep

  • Dirección: Calle Canalejas 12, Barcelona, ​​08028
  • Carta: Platos para compartir típicos de una bodega
  • Obligado: Los caracoles picantes
  • Vino: Vino y vermut de la casa
  • Servicio: Muy eficiente
  • Local: Una bodega de toda la vida
  • Precio pagado por persona: 42 €

Sagrario llegó a Barcelona por amor. Un amor de aquellos que no entienden de mapas ni de miedos; de aquellos que te hacen la maleta sin saber qué vas a encontrar al otro lado. Viviendo en Cartagena, conoció a un chico que hacía el servicio militar y del que se enamoró sin remedio. Él tenía su vida en Barcelona; ella, sólo diecisiete años. Para irse con él necesitaba la firma de su padre: un permiso casi imposible en aquella época para una chica que quería empezar a vivir de verdad. Finalmente, su padre le acabó firmando a regañadientes, gracias a la paciencia y al carácter firme de su madre. Siempre las madres.

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"Pero yo habría venido igual, con papel o sin papel", explica Sagrario entre risas. Esa valentía temprana, esa forma de lanzarse a la vida sin mirar atrás, es la misma que hoy se reconoce en su cocina. En cada plato hay memoria, carácter y forma de entender el amor muy parecido a la que la trajo hasta aquí: sin medias tintas.

Sagrario Susmozas es una de las cocineras de La Bodega de Cal Pep, a pocos metros del Mercado de Sants, una bodega que en el 2027 celebrará cien años de vida. "Es la esencia de los locales de antaño, de las bodegas de toda la vida, que ahora se han puesto de moda", explica Sagrario. Desde 2023 el local está gestionado por tres socios (Gustavo, Verónica y Edu), enamorados de las bodegas, que ya tienen otros espacios: El Cau del Vermut, El Cau del Centre y El Cau Més Radical, los tres en L'Hospitalet. Buscan modernizarlas sin perder el alma, combinando bodega y vermutería, una fórmula que convence y agrada, con una carta sencilla pero efectiva.

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Mientras bebemos vermuts de la casa y alguna cerveza, hacemos boca con un par de gildas y unos torreznos de Soria, servidos por Aitor Fernández, encargado de sala. Compartimos varios platos, como los caracoles picantes. "Llevan cayena y una picadura. Son fuertes y potentes", dice riendo Sagrario, que ha añadido su toque personal a la tripa con cabeza y pata: "Llevan chorizo, cacerolada y sofrito".

Con el postre (pastel de zanahoria y pastel de queso), con los sorbos sobre la mesa, Sagrario reconoce que es autodidacta, en la cocina. Aunque su familia proviene del ramo, ella no abrió su primer local hasta el año 2000. En La Bodegueta se siente bien, y valora tener un horario digno que le permite vivir con calma y cuidar a aquel chico que conoció hace treinta y ocho años en Cartagena, ahora su marido.

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Las paredes de La Bodegueta de Cal Pep tienen ya cien años y recuerdan que no es sólo un lugar donde se come bien, también demuestran que las cosas importantes se hacen con corazón, paciencia ya fuego lento. También se percibe la esencia de la vida que Sagrario empezó hace tantos años: una vida hecha de amor valiente, dedicación y momentos que, como sus platos, hay que saborear con toda la intensidad del corazón.