¿Me pueden cobrar el cobertizo? ¿Puedo solicitar agua gratuita? Y otras dudas que tiene cuando va a restaurantes
Como consumidores tenemos derechos y deberes y es importante tenerlos presentes
¿Qué derechos y deberes tenemos cuando vamos a un restaurante? Tras la pandemia se ha impuesto que el cliente no siempre tiene la razón. Y, efectivamente, es así. Como en cualquier casa de vecino, existen clientes cretinos. También hay restauradores que hacen trampas. Así que hay unas reglas del juego comunes. El problema es que no todo el mundo las tiene presentes. Así que hacemos un repaso a las dudas más habituales con las que podemos encontrarnos cualquiera de nosotros.
Destapamos la caja de los truenos más grande: vivir en catalán en Cataluña. Es la cuestión que más sale, y es normal, ya que los datos son escalofriantes. Según el Ayuntamiento de Barcelona, la mitad de los trabajadores de la restauración no hablan catalán en los establecimientos de Barcelona (47,6%) y uno de cada cuatro dependientes de bares y restaurantes no le entiende. ¿A qué tenemos derecho? Según la Agencia Catalana de Consumo tenemos derecho a ser atendidos en la lengua que escogemos, tanto en catalán como en castellano. Eso sí, los interlocutores también pueden responder en cualquiera de estas dos lenguas oficiales en Cataluña. En pocas palabras, tú puedes hablar en catalán, te deben entender, y ellos pueden contestar tanto en catalán como en castellano. Las cartas y la cartelería deben estar también en catalán.
Y ya que hablamos de cartas, debe haber los alergenos identificados y, si el restaurante funciona con los impersonales códigos QR, debe saber que tienen la obligación de tenerla física y facilitarla en caso de que se solicite. No todo el mundo tiene un teléfono o lo sabe manejar. Mejor no hacer el boquete tecnológico más grande de lo que ya es. En la carta, además, los precios deben aparecer con el IVA incluido. Esto es importante, porque en países donde no es así después llegan las sorpresas. Y si de sorpresas hablamos, si hay platos fuera de carta, y se les dicen de viva voz, deben indicar su precio. Cada vez hay más establecimientos que cumplen esta normativa de forma diligente.
Propinas y reserva con tarjeta
Cuando llegue la cuenta, siempre debe revisarse bien. Y si algo no corresponde, avisar. También es necesario ser honestos y avisar si falta nada. Si hace un menú y renuncia a uno de los platos, por ejemplo, el postre o el café, el restaurante no le descontará el coste, debe pagarlo íntegramente. Si desea agua del grifo, se lo deben ofrecer sin coste. Si bien es cierto que no existe la costumbre de hacerlo en nuestro país, como ocurre por ejemplo en los países anglosajones. Recuerde que la propina aquí es del todo voluntaria y no se la pueden imponer. Para los que a menudo redondeamos el coste al datáfono en concepto de propina, se encontrará que en muchos lugares no lo aceptan. Es un tema contable complejo. Si en el ticket aparece el concepto "cubierto", debe saber que no está permitido. Sí alternativas como "servicio de pan". También extras, como consumición en terraza, hielo para café o bebidas vegetales. Eso sí, este sobrecoste debe estar reflejado en la carta y deberías saberlo con antelación.
Si de antelación va la cosa, es el momento de hablar de reservas. El tema de dejar la tarjeta para realizar una reserva ha sido polémico. Pero es un caso claro de justos por pecadores. Aunque a muchos nos sorprenda, hay gente que reserva mesa, no se presenta, no avisa y hace de todo para evitar pagar la penalización. En un pequeño restaurante, si no le aparecen dos mesas, se quedan sin margen. La normativa lo que dice es que las condiciones deben ser claras y no abusivas. En caso de que ya no pueda cancelar la reserva y no pueda ir, recomiendo siempre llamar en cuanto lo sepa y procure explicarles la situación. No siempre, pero a menudo, los restaurantes no aplican la penalización si existe una causa justificada y enfrente se encuentran personas y no incívicos sin empatía.
Por cierto, muchos restaurantes establecen turnos. Éstos deben estar bien claros. Y así como los comensales tenemos la obligación de ser puntuales, el restaurante tiene la obligación de servir con suficiente celeridad la comida. Y si todo se tuerce por el motivo que sea, recuerde que siempre hay mecanismos para dirimir cualquier situación. En caso de conflicto pida el libro de reclamaciones. O si lo prefiere, se puede hacer telemáticamente en la web de la Agencia Catalana de Consumo.