Apertura

La farmacia de Palafrugell de 1789 que se ha convertido en una cafetería de tacitas y dulces buenos

Can Mascort ofrece desayunos con rebanadas de pan, huevos fritos, magdalenas, crisoletas y también tapones, servidos en un establecimiento del siglo XIX

PalafrugellLa farmacia Can Mascort (c. Raval inferior, 23) está en medio de Palafrugell, camino de ida o vuelta de la iglesia de Sant Martí y, más allá, del Centro Fraternal, que está en la plaza Nova, a pocos metros del mercado, y de la mítica calle Estrecha de Josep Pla. Desde la puerta, cuando vea la farmacia a pie de calle, le parecerá que el tiempo se ha detenido. Todo está tal y como era a caballo de los siglos XVIII y XIX, cuando la abrió la familia Mascort en 1789. No falta la virgen del Carmen, que encabeza los estantes de madera, que tiene gran advocación entre los pescadores. "Sabemos que hubo un tiempo, durante la Guerra Civil, que estuvo escondida bajo cajas, por eso la restauré yo misma, para que volviera a lucir", explica Lourdes Gaude, quien junto a su pareja, Alfred Villagrasa, son los propietarios actuales de la cafetería-farmacia.

Una vez dentro, sentados a la mesa, bajo una bóveda catalana de ladrillos, con tacitas y dulces buenos, podrá pensar que come medicinas para el cuerpo, que se pueden repetir durante toda la mañana de viernes a domingo (durante el invierno) y también para merienda (durante el verano, cada día). Además, todavía hay otra particularidad: en la farmacia se pueden adquirir productos de proximidad: desde chocolate y aceite de oliva virgen extra Fontclara hasta velas u objetos de corcho, todos hechos en el territorio.

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La cafetería-farmacia es el proyecto de dos emprendedores que hace más de veinte años compraron la vivienda en Palafrugell, y pensaron que un día harían un hotel. Entonces cada uno de ellos trabajaba en otros trabajos: Lourdes, en hoteles de Barcelona; Alfred, en Andorra como ingeniero de telecomunicaciones. Palafrugell y la comarca era el lugar donde veraneaban y por eso soñaban con vivir un día, y tener el trabajo.

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Farmacia con hotel

Hoy lo han logrado. Los vecinos de la ciudad recuerdan cuando la farmacia estaba abierta. "Cerró el 2014, y entonces la propiedad era de la familia Cid", dice Lourdes, por lo que encontrará que la gente todavía la recuerda como la Farmacia Cid. Con la reapertura del establecimiento también va ligado el hotel, que basa su filosofía en la sostenibilidad, y sobre todo en el buen gusto de los detalles. Los amantes de los spa sepan que encontrará un caldarium.

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Pero vayamos a la teca. El desayuno que propone la Botica Can Mascort son bocadillos ampurdaneses, que han bautizado con diferentes nombres. El zueco lleva huevo, cebolla caramelizada y chiitakes. La alpargata de mar, bonito y tomate seco. La alpargata de vetas, queso fundido y rúcula. Y la alpargata de esparto, paté de frijoles del ojo rubio y rúcula. Si desea hacer un menú entero, para el desayuno, como el que llevan a los huéspedes, empezará con unas rebanadas de pan de harina xaja, que compran en un horno artesano, con tortilla o huevos fritos con cebolla caramelizada. Los huevos son de La Dotzena, cooperativa de huevos ecológicos. Para beber, zumo natural, manzana o naranja. De fruta, cortada al momento o compota de manzana, hecha en Torroella de Montgrí. A continuación, la parte dulce, magdalenas de chocolate, crisoletas y tapones. Y aquí hay que hacer un buen paro porque toda la parte dulce la preparan en la cafetería, que la hace insignia.

Utilizan harinas ecológicas e ingredientes de proximidad, y sobre todo reivindican palabras para designar preparaciones que a menudo decimos en inglés. "Las crisoletas son crepes de trigo sarraceno, que en inglés se llaman panqueques, pero que en el territorio siempre se ha llamado crisoleta, por eso queremos reivindicarla", comenta Lourdes. Os llegarán a la mesa con tres propuestas, con chocolate y mermeladas. Y, para continuar, los tapones. Son los tapones de Palafrugell, que los propietarios han querido inspirarse en la tradición corchera del territorio, y que podrían hacerle pensar en los tapones de Cadaqués, pero no son exactamente iguales. "Ponemos menos azúcar, por ejemplo, y tampoco tienen la forma de los tapones de Cadaqués, sino que son alargados, los nuestros". Todo ello cuenta con el asesoramiento de la cocinera Lola Puig, a la que consultaron para idear los platos.

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Por último, dos detalles indispensables en un buen desayuno y merienda: los yogures y los cafés. Los primeros están hechos en Cruïlles, de Mas Casas de Cruïlles. Son de leche de oveja, y quizás los rebaños los podáis haber visto por los campos de camino a Palafrugell. Y el último: el café. Se lo podrá preparar usted mismo en una cafetera de la marca Incaptio, que muele el café al momento. Medicina del alma, en tacitas y con dulces buenos, que puede comer en medio de Palafrugell, donde podrá visitar también la Fundación Josep Pla; siempre una gran recomendación.