Nos hemos quedado sin alcaldes (y todo apunta a que no habrá remedio)
Desde el 2000 hasta el 2025 los puertos catalanes han capturado un 80% menos, y si las pescan en viernes, el precio es muy bajo, a un euro
Hubo un tiempo en que comíamos merlanos (Micromesistius poutassou). Los freíamos, vuelta y vuelta, con harina, y los poníamos encima de una rebanada de pan tostado bien untado con tomate. Era un pescado blanco que se deshacía, con una espina central fácil de desprender, de carne blanda, que era una delicia si le echábamos por encima un buen chorro de aceite de oliva virgen extra. Era una cena de las buenas, y con muchas ventajas: nutricionales y económicas, porque los merlanos tenían un precio bajo.
Todo esto lo explico en pasado porque nos estamos quedando sin merlanos. Si hace unos años asegurábamos que eran las sardinas las que disminuían, hoy tenemos que hacer el panegírico para los merlanos, que también son conocidos como los luceros de pobre. En Mercabarna, el mercado de mercados, me explican que en 2025 vendieron 780.000 kilos de merlanos, mientras que en 2021 más de un millón. Además, la mayoría que vendieron el año pasado no eran de nuestra costa: el 60% procedía de Galicia, sobre todo de La Coruña y Pontevedra, mientras que entre un 10% y un 8% eran de Cataluña, sobre todo de Girona.
De merlanos catalanes, pues, poquitos. El Instituto Catalán de Investigación para la Gobernanza del Mar asegura que la pesca de los merlanos ha disminuido drásticamente. Antes del 2000 se pescaron 3.000 toneladas, mientras que el año pasado, 600. Dicho con otras palabras, en 2025 nuestros pescadores capturaron un 80% menos de merlanos respecto al 2000. Así pues, ¿qué está pasando con nuestros merlanos? Hay muchos motivos, y todos juntos explican el porqué.
Les hace falta frío y alimento para vivir
Empecemos: las merluzas necesitan frío para vivir. Es una especie que se reproduce entre diciembre y marzo, meses en los que las larvas necesitan plancton para alimentarse. Debido al viento y a la bajada de temperaturas habituales del invierno se producía “el proceso llamado convección profunda, que provocaba una subida del agua profunda cargada de nutrientes o alimentos esenciales, que favorecía a las larvas de las merluzas, porque encontraban comida abundante”, afirma la científica marina Anna Bozzano. En los últimos años los inviernos no han sido lo suficientemente fríos (salvo este último), y por lo tanto las larvas podrían no haber encontrado alimento. Si no comen, no pueden vivir.
Todavía habría otro motivo: la sobrepesca. “Los pescadores la capturan de manera reglamentaria cuando mide quince centímetros, pero las merluzas no alcanzan la madurez reproductiva hasta los dieciocho centímetros”, dice Bozzano. Dicho con otras palabras, se pescan legalmente, pero se hace antes de que se hayan reproducido, entonces no hay la oportunidad de que haya más. “Es una sobrepesca permitida reglamentaria, pero es sobrepesca”, subraya la científica.
En el puerto de Palamós, el presidente de la Cofradía, Miquel Mir, confirma que pescan muy pocas, comparado con tiempo atrás. “Si las pescamos en viernes, el precio caerá en picado, porque en viernes nadie quiere comprar pescado para freír”, así que podría ser que las pusieran a la venta a un euro. “Si las pescamos en lunes, entonces a seis euros; en martes, a cuatro, y así ir bajando hasta llegar a viernes”, continúa Miquel Mir, que opina que las merluzas podrían haber disminuido porque no encuentran suficiente comida en el mar.
Finalmente, hay un motivo popular, que todo el mundo dice, pero que científicamente no está comprobado. Se cree que los atunes se han comido las merluzas. "Podría ser, pero no hay suficiente documentación; el caso es que las merluzas viven entre 300 y 800 metros de profundidad mientras que los atunes están en la superficie”, afirma Bozzano. Es cierto que los atunes pueden sumergirse hasta cuatrocientos metros, pero no es lo habitual. De hecho, las merluzas son las que se están sumergiendo más metros de lo habitual, porque encuentran el agua más fría. “Y en nuestra zona, las redes de arrastre que pescan en profundidad solo van a la gamba, a los caladeros donde los pescadores saben que hay, y allí nunca buscan merluzas", puntualiza Miquel Mir.