Reconocimiento

Homenaje a Mey Hofmann, una líder empática, firme y visionaria

ACGN celebra un acto para glosar la figura de esta cocinera y emprendedora capital en la gastronomía catalana

BarcelonaMaria Remei Hofmann y Roldós, Mey Hofmann, fue una pionera, una emprendedora, una persona positiva y, sobre todo, una currante. Es por eso que la Académica Catalana de Gastronomía y Nutrición (ACGN) le ha querido rendir homenaje en un acto al Hotel Catalonia Palace, en el que ha asistido también su hija, Silvia Hofmann.

El encargado de glosar la importancia de la Mey Hofmann empresaria ha sido el académico de ACGN Ferran Rodés, quien ha destacado que "la obra de Mey es un legado vivo que felizmente continúa su hija Silvia" y ha alabado su estilo de liderazgo "basado en la empatía y la firmeza". Descrita como una mujer de equipo, fue también una "visionaria", un "ingrediente clave en el chup-chup de la cocina catalana, que vio a venir la inmensa ola de talento y entusiasmo y se sumó haciendo una escuela". Rodés resumió lo que hizo la cocinera como "el misterio Mey, en el que hizo cosas muy difíciles, en poco tiempo y todas bien". Según Rodés, Hofmann fue una "combinación de inteligencia, creatividad e imaginación". Además de "rigurosa y metódica", en palabras de Carles Gaig. Por último, Rodés destacó que era una mujer valiente y profundamente arraigada en Barcelona que "se marchó antes de tiempo, pero disfrutó cada minuto de su vida".

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Ha sido Ramon Agenjo, tesorero de ACGN, el encargado de repasar el menú, integrado por creaciones de Mey Hofmann. Cabe destacar el pastel fino de sardinas con sofrito catalán, tomates semisecos y marinada de limón. Una receta icónica de la cocinera que tuvo la valentía de servir sardinas, un manjar popular, en un restaurante de alta cocina. Y "el postre Mey", un bizcocho de almendra, crujiente de vainilla, compota fresca de fresa y lima, mousse de vainilla y agua de fresas. Una combinación ligera, refrescante y mediterránea.

Mey Hofmann murió en 2016 a causa de un cáncer de mama. Tenía 69 años y dejaba un inmenso legado que aún perdura, incluidos, claro, una de las escuelas de hostelería más prestigiosas del mundo y un restaurante que ostenta una estrella Michelin desde 2004 y que es también la otra cara de la moneda de la formación. No se entendería una sin la otra, afirmaba la propia Hofmann en una entrevista de 2009 en el programa Singulares, presentado por Jaume Barberà en TV3.

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Hija de una ampurdanesa concertista de piano y de un ingeniero alemán de Baden-Württemberg, creció en el seno de una familia unida, rigurosa y cariñosa. El rigor venía sobre todo de la parte materna, "que parecía más alemana que el padre", decía. Fue precisamente la madre quien le enseñó que era imprescindible ir al mercado. Cuando Hofmann era pequeña, el 6 de enero en su casa no había Reyes, porque quisieron transmitirle a ella ya su hermano que las cosas te las tienes que ganar. Sí había algún obsequio cuando llegaban buenas notas del Liceo Francés, donde estudió.

Los veranos Mey Hofmann les pasaba en un internado para niñas alemán donde conoció a la monja Teófora, la responsable de la cocina, con la que ya encontró la felicidad haciendo bollería y organizando grandes bufetes. Pese al amor que ha tenido toda su vida por la cocina, Hofmann estudió económicas, arquitectura de interiores y gemología. Se casó a los 19 años y tuvo a su hija Silvia. Cuando la niña sólo tenía mes y medio ya organizó un bautizo con 200 invitados. Un tiempo después se divorció y abrió una joyería mientras que en paralelo seguía haciendo cenas para amigos y eventos.

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Y la vocación no paró de crecer hasta que abrió la escuela de cocina, en 1983. Hasta ahora han pasado 20.000 alumnos. Su insaciable "ambición de saber y ambición de formarme", como manifestó, se convirtió también en ambición de enseñar. Y después vino el restaurante. De esta cantera de grandes cocineros han salido del nivel de los hermanos Torres o de David Andrés, cocinero del Via Veneto y copropietario del Somiatruites de Igualada. También recolectó el respeto unánime de la profesión, como el de Juan Mari Arzak, quien la describió como "la aristócrata de la cocina". En 2016 recibió el Premio Nacional de gastronomía.

Fue en 2008 cuando Mey Hofmann abrió la pastelería, que describió como "el sueño". Cómo de ensueño son los croissants y las creaciones que aún endulzan el día a día de cientos de personas. Tanto desde la tienda de la calle Flassaders como en la que han inaugurado este año en la avenida Pau Casals. E incluso en el extranjero, donde apenas ha comenzado la expansión internacional en Oriente Medio bajo la dirección de su hija Silvia Hofmann, y con la que el legado de Mey Hofmann se proyecta en el futuro.