Qué comemos

Los huevos: sin límite semanal, pero los pagamos a precio más alto

En los últimos diez años, se ha aumentado significativamente la ingesta en Europa

Los huevos han visto de todos los colores. Hubo un tiempo en que el consejo era que solo comiéramos tres a la semana. Si hacías una tortilla de patatas de ocho huevos o preparabas un castillo de tortillas, ya habías ingerido con creces el porcentaje recomendado. ¿Y entonces, qué? Nos aumentaría el colesterol malo, pensábamos. Hace unos años, los estudios en nutrición demostraron que habíamos sufrido contando los huevos semanales ingeridos para nada, porque el colesterol dietético no tiene impacto directo ni elevado sobre el colesterol en sangre, como afirman las nutricionistas Anna Costa y Anna Grífols. Así pues, hoy vivimos una edad dorada para los huevos porque podemos comer tantos como queramos sin que suframos porque tengamos un exceso de colesterol en sangre, aquel que se acumula en las arterias, forma una placa y, por consiguiente, aumenta el riesgo de infartos. Quizás por eso y también por tendencias alimentarias, la ingesta de huevos ha aumentado en toda Europa: en los últimos diez años comemos un 20% más que antes.Sobre el colesterol, hay que decir que la nutricionista sabe que "una buena parte la fabricamos nosotros mismos en nuestro hígado, y que lo que tiene más impacto es el conjunto de la dieta diaria y el estilo de vida que llevamos", explica Anna Grífols. Dicho de otra manera, podemos comernos un huevo cada día, que no tendrá ninguna repercusión en el colesterol malo, pero, por el contrario, si acompañamos ese huevo con grasas saturadas, alimentos ultraprocesados y con excesos calóricos, entonces todo cambia. Y todavía cambia todo más si llevamos una vida sedentaria.La edad de oro de los huevos

Para continuar, la edad de oro de los huevos también se explica porque nos gusta comerlos para desayunar, para cenar y también a la hora del brunch, según datos de la Federación Avícola de Catalunya (FAC), que matiza que los brunch sobre todo se hacen en las grandes ciudades. Y en el desayuno, quienes apuestan por los huevos son especialmente los jóvenes. La FAC también explica que comemos mayoritariamente huevos "con acento catalán", como los denomina para referirse a los de proximidad, y lo argumenta con datos: 8 de cada 10 catalanes compra huevos de proximidad. Hay que decir que los huevos fueron "pioneros a la hora de indicar la trazabilidad alimentaria, y lo hizo con un código obligatorio que todas las granjas deben cumplir", señalan desde la FAC. El código aparece en la cáscara del huevo, para que el consumidor sepa el lugar exacto de procedencia. El primer código indica la forma de cría: si es un 0 es ecológica; un 1, al aire libre; 2, en gallinero; 3, en jaula. El segundo y el tercer dígito, el país de procedencia. El cuarto y el quinto, la provincia de procedencia. Tomad nota: si dice 17, es Girona; 08, Barcelona; 25, Lleida, y 43, Tarragona. Los últimos números, hasta llegar a once, explican el municipio y la granja.Ahora bien, hay un reverso de la moneda, que es el precio alto que pagamos por comer huevos. Y lo hacemos porque en el mercado hay más demanda que oferta; porque la crisis aviar internacional ha hecho que haya una gran demanda de huevos catalanes y porque las granjas catalanas están haciendo una transición para adaptarse a nuevas normativas, y por eso ha habido una disminución en la producción. ¿Conclusión? Menos huevos, y más caros. Nos gustan, comemos más que nunca y sin límite, pero lo pagamos a precio más alto.