Ni un día en casa

De Mendoza a la Rápita: la brasa como destino

El restaurante de Maury Lucero ha sido considerado una de las mejores braserías de Cataluña

Maury's Brasa

  • Dirección: N-340, km 1071, 43540, la Ràpita
  • Carta: Carne de calidad
  • Obligado: Parrillada argentina
  • Vino: Buena carta con predominio de vinos catalanes
  • Servicio: Muy eficiente y cercano
  • Local: Cómodo y adecuado a la propuesta gastronómica
  • Precio pagado por persona: 60 €

Maury Lucero es limpio de inmigrantes vascos y aragoneses que se marcharon a Argentina después de la Guerra Civil. El abuelo, carnicero en Bilbao, logró abrir y regentar diferentes carnicerías. Maury, originario de Mendoza, por ser el primer nieto heredó una, pero con veintidós años la traspasó para emprender una nueva vida en nuestro país. "Era la época del corralito, hacia 1999. Mis amigos que habían emigrado antes me decían que aquí había trabajo y yo necesitaba un cambio de aires".

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Dejó todo el dinero del traspaso a su familia y vino a Barcelona con ciento cincuenta dólares. Los primeros días no fueron fáciles, pero enseguida pudo reunirse con sus amigos, que vivían en Salou. El primer trabajo fue en el mundo de la construcción, hasta que llegó la crisis del 2008. Fue entonces cuando regresó al mundo de la carne, su mundo. Primero como carnicero de un supermercado; más tarde, como comercial de una distribuidora cárnica, hasta que conoció a Jesica Rallap, una inmigrante de Buenos Aires, que se convirtió en su pareja de vida (y de trabajo).

La aventura del Maury's Brasa comienza por San Juan del año 2020. La pandemia sirvió para adecuar el local, situado junto a una gasolinera de la N-340, a las nuevas pretensiones del Maury. "Tanto Jesica como yo apostamos fuerte por este proyecto y, pese a las dificultades iniciales, ahora, cinco años más tarde, recibimos los resultados. Hemos sido considerados dos años consecutivos como la mejor brasería de la provincia de Tarragona, tenemos un Repsol Recomendado 2025 y estamos trabajando en un montón de proyectos que creo que serán muy bien paridos".

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Nos recibe Maury. La propuesta es clara y sin artificios: todo gira en torno a la carne. Iniciamos la comida con unas croquetas de buey. No es fácil encontrarlos y, cuando eres afortunado, hay que disfrutarlo. Pedimos unos caracoles hechos a la brasa con un preparado de romero, coñac y otras especias que les da un sabor maravilloso. Continuamos con la cecina de wagyu. Es muy buena, casi mejor que algunos de los mejores ibéricos. Probamos también un tartar de solomillo con tuétano que versiona la receta del chef argentino Gustavo Arévalo. Muy recomendable.

La traca final

Ahora es la hora de la traca final: una parrillada argentina clásica con entraña, hueco, costillas, molleja macerada con limón, sal y pimienta, morcilla catalana hecha en Camarles como las de antes, chorizo ​​criollo y salchichón de Morella. Una locura. Finalizamos este festival carnívoro con una de las estrellas del restaurante: la quinta costilla. Es la primera costilla del cuarto delantero, donde nace la entraña y comienza el solomillo. Es la más preciada. La que nos sirve Maury es de Miguel Vergara, un criador deangus de Valladolid. Maravillosa.

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El vino que nos acompaña durante todo el almuerzo es el Bona Nit, de la bodega Terra i Vins, un Montsant fácil de beber que marida perfectamente en todo el recorrido cárnico de la comida. Los postres nos recuerdan que el final debe estar siempre en concordancia con el nivel de los platos: flan, crema catalana y una tostadita de Santa Teresa son los protagonistas de un colofón apoteósico.

Maury, Jesica y su equipo han convertido un restaurante de carretera en un destino gastronómico para los amantes de la carne. Una historia de perseverancia, talento, raíces y brasa que hoy arde con fuerza en la Rápita.