El radar suculento

Mineral: la mejor noticia gastronómica del año en la ciudad de Barcelona

El cocinero Oliver Peña y la sumiller Cristina Losada abren su restaurante en el Eixample

27/05/2026

BarcelonaBienvenidos a Mineral. Esta es sin duda una de las aperturas del año y, si todo va bien, podría convertirse en un restaurante referencial de la ciudad de Barcelona, como lo es el Gresca, por ejemplo. Lo tiene absolutamente todo para triunfar. O al menos así espero que sea, por los siguientes motivos.

Primero, porque este restaurante no es obra de ningún gran grupo, ni de ningún socio capitalista en la sombra, sino que sus “dueños” son una pareja que está aquí al pie del cañón. Han puesto sus ahorros (qué largos se hacen los permisos y las obras cuando has puesto todo lo que tienes) y lo han hecho a medida de lo que creen que debe ser un restaurante. Lo encontraréis en el Eixample, en la calle Mallorca, muy cerca del Mercado del Ninot, de donde provienen muchos de los ingredientes que sirven. Otra parte viene del Mercado de la Concepción. Y las verduras, de Can Fisas.

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Después, porque ellos no son unos novatos de la restauración. Son Cristina Losada y Oliver Peña. Ella es sumiller y ha sido directora del restaurante Enigma. Él, además de haber pasado también por Enigma, fue el cocinero que hizo ganar una estrella al Teatro Kitchen Bar, que cerró hace poco. Ahora, juntos, tienen su proyecto, en el que les han acompañado diversas personas, que ya han trabajado durante años con ellos en los otros proyectos. Si los compañeros te siguen, algo bueno debes haber hecho. Son Franco Ferranti, Heyi Feng y Xavi Solé en la cocina y Jordi Figueras en la sala.

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Como vienen de las casas de donde vienen, la técnica es extraordinaria, pero ya no hacen lo que quieren los demás, sino lo que les place. La carta está llena de platos que apetecen. Verdel con vinagreta ibérica y tomate de colgar; para levantarse y aplaudir. Una ensalada de tomate que justifica el viaje. Una codorniz que se sirve de dos maneras: a la brasa y escabechada –si os gusta la codorniz, reservad ahora mismo–. O los tendones y la lengua, que le sirve Menuts Rosa. Y dos platos que son sencillos pero rozan la excelencia: las fresas de postre (de la variedad dream, que debo reconocer que no conocía) y un huevo frito. Lo habéis leído bien. En la carta hay un huevo frito de gallina araucana. Y ya está. Y nada más. Lo hacen allí mismo, en tus narices. Y cuando la yema explota, también explota tu corazón de felicidad. Qué atrevimiento, y qué difícil es hacerlo tan y tan bien.

Una barra perfecta

En Mineral puedes comer en la barra –caben 18 personas– o en el comedor de dentro –caben 12 más, sentadas en mesas–. Vale la pena resaltar que la barra es cómoda, ya que te sientas en sillas y tocas de pies en el suelo (no siempre llego yo), y te permite seguir el espectáculo de la cocina, donde además de ver cómo van poniendo los pedidos bajo minerales ves que los cocineros están bien avenidos y trabajan como un solo organismo. Personalmente, recomiendo la barra. Desde allí podréis ver la parrilla que David Peña, el hermano de Oliver, ha diseñado para él. Así como las brochetas con que hacen ir proteína sobre las brasas. Ventajas de tener un hermano herrero.

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No es el único familiar que aparece. El romesco de su madre, Loren, también está en la carta. Lo sirven con el pan de El Taller del Pan, del barrio de Sants. Quien lo va a buscar es el mismo cocinero rubinense, que pasa todas las horas del día en el restaurante, donde tiene unos buenos fogones. Para hacer caldos. Para hacer cocina. Para hacer todo lo que antes no podía y se moría de ganas de hacer. Su cocina es “de aquí con técnicas de allá”, dice. Y se muestra feliz, porque después de tiempo dirigiendo ahora ha vuelto a la trinchera. “Me moría de ganas de cocinar”, dice.

Mientras ceno, la foto de un gato me observa desde una pared. Es Marc, uno de los gatos adoptados que tienen Oliver y Cristina. Me explican que tienen otro, Lila. Normalmente los cocineros ponen objetos autorreferenciales. Premios. Cosas que vistan. Ellos tienen la foto de su gato, que les hace compañía y muestra que el restaurante tendrá su personalidad. Y de ahí el nombre Mineral. El abuelo de Peña limpiaba bosques y vendía carbón en Rubí. Cristina es asturiana, viene de una zona minera. Así que partieron del carbón para llegar al mineral. “Puede ser incluso una palabra evocadora, poética”, dice Cristina, que es quien dio con el nombre que tan bien suena. Mientras tanto, me enseña la carta de vinos. Todo catalán, español y algún champán. La oferta de copas es muy extensa, en la línea de los nuevos tiempos. Qué privilegio tener tan cerca una sumiller de este nivel.

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Hace un mes que han abierto y el restaurante está lleno. Hacen cenas de jueves a lunes. El ticket medio (vinos aparte) ronda los 60 euros. Yo acabo de ir, y ya estoy deseando volver. Después no digáis que no os he avisado.