Qué beneficios tiene la práctica del judo para los niños con TEA?
Este deporte refuerza su autonomía y sus relaciones sociales
BarcelonaComo cada miércoles, Emma Osorio practica yudo en el Centre Esportiu Municipal Olímpics del Passeig de la Vall d’Hebron, en Barcelona. Lo hace desde hace tres años, acompañada de otros 17 chicos y chicas de entre 12 y 19 años que, como ella, tienen trastorno del espectro autista (TEA). Se trata de sesiones adaptadas, comandadas por monitores de yudo y voluntarios, en las que los jóvenes practican desde los saludos y posturas típicas de este deporte hasta dinámicas de pareja y de grupo, pasando por entrenamiento de fuerza y otros ejercicios aeróbicos.
Esther, la madre de Emma, recuerda cómo, al principio, aquello que la convenció de que su hija se iniciara en este deporte “fue ver vídeos de ediciones anteriores donde todos los participantes se divertían mucho”. Al poco tiempo, también pudo desterrar la idea errónea que tenía de este deporte: “Yo pensaba que el yudo se basaba solo en reproducir determinadas posturas, pero se pasan la sesión corriendo, saltando, etc.” Las sesiones también sirven para reforzar las relaciones sociales de estos niños, uno de los handicaps cruciales con los que se encuentra el colectivo en su día a día. “Se trata de niños que acostumbran a tener dificultades en las relaciones sociales, y tener un entorno que esté estructurado ayuda mucho a trabajar este tipo de relaciones”, destaca Esther.
El despliegue logístico
Otra dificultad con la que tienen que lidiar las familias con niños TEA es la falta de actividades extraescolares adaptadas. Por eso, cuando encuentran una propuesta como Judo Intellectual Disability Project, los padres hacen lo posible para que sus hijos e hijas puedan beneficiarse. Esto, en el caso de Emma, se traduce en que parte de la logística familiar la lleva a cabo una de sus tías abuelas, que es quien se encarga de llevarla a judo cada miércoles. La sobrecarga logística también se difumina cuando los padres de Emma ven disfrutar a su hija en cada una de las sesiones, donde se hacen patentes tanto la motivación como la disciplina de la joven. “Emma celebra cada uno de los cinturones que consigue –ahora tiene el amarillo– y esta satisfacción la ayuda a esforzarse en hacer las cosas bien”, destaca Esther.
Durante las sesiones de judo también se pone de manifiesto la compañía que hay entre los niños, de manera especialmente evidente en fiestas como Navidad o la Castanyada, entre otras, o en campeonatos como el que Emma y otros seis compañeros de tatami disputaron el verano pasado en Italia, momentos que, subraya Esther, “sirven para incrementar la cohesión y el sentimiento de pertenencia al grupo”. Aleix Gimeno, de 13 años, ha sido uno de los últimos en incorporarse al grupo. Debutó el pasado septiembre y ahora, siete meses después, “espera la sesión de los miércoles con ansias”, coinciden en asegurar sus padres, Eva y Albert.
Adaptación e integración progresivas
Eva y Albert vieron enseguida la conveniencia de que su hijo, diagnosticado de TEA y con una discapacidad intelectual, se apuntara a judo. “Primero, porque estos niños tienen una energía desbordante y les conviene hacer deporte y, después, porque el judo es un deporte de equipo y de contacto, en el que se mueven mucho y hacen ejercicio de fuerza”, señalan. Albert fue quien acompañó al joven a la primera sesión, habiéndole explicado unos días antes que probarían una actividad nueva, y recuerda cómo, a pesar de no rechazar el contacto, aquel primer día Aleix se estuvo sentado en un rincón de la sala, a la expectativa. Una semana después, el chico llegó a la actividad como si llevara toda la vida yendo: se quitó la mochila y los zapatos, se puso el kimono y, hoy, pasados unos días, saluda a todo el mundo al llegar y sabe el nombre de sus compañeros y monitores. “Parece como si llevara toda la vida”, apunta el padre, que también destaca cómo, desde prácticamente el primer día, al acabar la sesión, su hijo se cambia de ropa en los vestuarios con la ayuda de los monitores. “Aleix ha ganado mucho en autonomía, así que la experiencia es de diez”, apuntan los padres.
Tanto Esther como Eva y Albert tienen claro que una de las claves del éxito de estas sesiones de judo para niños con TEA y discapacidad intelectual radica en el papel de los monitores, la mayoría voluntarios. “Son los que ayudan a crear un entorno seguro y una relación de confianza con nuestros hijos para que se encuentren a gusto”, afirman. Un equipo de monitores en el que destaca la presencia de José Morales, profesor en ciencias de la actividad física y el deporte de la Universitat Ramon Llull e investigador responsable del Grupo de Investigación en Salud, Actividad Física y Deporte del Institut de Recerca en Salut, Esport i Societat de Barcelona (Re-Sport), impulsor a la vez de Judo Intellectual Disability Project.
Momentos clave de la trayectoria
Judo Intellectual Disability Project, que en su primera etapa se denominaba AutJudo, surgió gracias a la financiación que Morales, junto con sus socios de Irlanda, Italia y Holanda, consiguió en el año 2019 por parte de la Unión Europea a través de las ayudas Erasmus+ Sports, las cuales apoyan especialmente a los deportes adaptados. Una disciplina que Morales conoció de primera mano en un viaje que hizo a la Universidad de Florida en el año 2017 y probó con niños con TEA que reunió gracias a la asociación Autismo Barcelona y a algunas escuelas de educación especial. Dos años después, y con la subvención de la Unión Europea bajo el brazo, AutJudo inició su andadura y superó momentos de incertidumbre, como la llegada de la pandemia de la covid, época en la que la actividad pudo mantenerse gracias a su vertiente terapéutica y rehabilitadora.
Durante aquella primera etapa, en el año 2021, AutJudo también recibió un galardón de un instituto coreano adscrito a la Unesco. Un premio que reconocía los múltiples beneficios que una disciplina como el judo aporta a los niños neurodivergentes, entre ellos estimulación sensorial, entrenamiento de fuerza, más flexibilidad y autocontrol corporal o cooperación con los compañeros. Beneficios, hay que decir, que, en el momento actual del proyecto, se han querido extender a la etapa de la adolescencia. Porque como destaca Morales, cuando llega la adolescencia "los jóvenes anteponen otros intereses al deporte". "Y si conseguimos que continúen viniendo motivados a las sesiones de judo, ya es un gran paso", asegura. Una motivación fruto tanto de los espacios que el Ayuntamiento de Barcelona y el Club de Judo Lowis ceden al grupo como de los monitores que están al frente de las sesiones, "sin los cuales -concluye Morales- nunca habríamos llegado tan lejos".
Al margen de ocuparse de la práctica deportiva de sus alumnos, los promotores del proyecto Judo Intellectual Disability también ponen a disposición de sus familias una aplicación para mejorar los hábitos alimentarios de los jóvenes. Semana tras semana, les proponen una serie de retos para probar nuevos alimentos saludables o incorporarlos a su cesta de la compra de forma habitual, algo que deben probar a través de una fotografía. Se trata de pequeñas metas individuales que también impactan en el grupo y que, después, devienen tema de conversación y debate durante las sesiones de judo de los miércoles. En el caso de Emma Osorio, sirvió para que recientemente verbalizara “que unas gambas con gabardina no eran saludables porque iban rebozadas”, señala Esther, su madre, y también para que la joven se involucre en la compra semanal que hace la familia.