Diez consejos para encarar con éxito el segundo trimestre escolar
Es una oportunidad para aprender a gestionar la presión para obtener buenas calificaciones, mejorar hábitos y resultados
BarcelonaBachillerato es una de las opciones para acceder a la universidad, dos cursos en los que a menudo el alumnado siente la presión de conseguir la nota necesaria para estudiar la carrera que quiere. La nota de acceso está determinada por la media de la nota de bachillerato, que representa el 60%, y la de la selectividad, el 40% restante.
Para encarar bachillerato y la selectividad lo mejor posible, Alberto Barroso, profesor y tutor de bachillerato de la modalidad tecnológica, propone no pensar sólo en el objetivo final ni las notas de corte porque genera mucha angustia: "Hay que tener en cuenta, pero no deben obsesionarse", aconseja. También aconseja "no sufrir dando por sentado que segundo de bachillerato será aún peor que primero, porque pese a terminar el curso antes para prepararse para la selectividad, y ser bastante frenético, si se ha hecho un buen primero y se tienen buenos hábitos de estudio, segundo irá en la misma línea o incluso mejor".
Barroso reconoce que primero de bachillerato es un año en el que se sufre especialmente: "Es un cambio de etapa que a muchos les pilla con el pie cambiado y creen que podrán vivir de rentas como en la ESO". Explica que siempre una parte del alumnado de bachillerato vive los dos años con tensión y angustia, especialmente los que desean hacer carrera con una nota de corte alta. Así es como se siente Carlota (17), que da por hecho que no conseguirá la nota para estudiar el doble grado de periodismo y relaciones internacionales. Intenta no pensar demasiado en ello y centrarse en aprobar segundo. "Cuando llegue el momento de elegir veré la nota que tengo y entre las opciones que pueda entrar, haré lo que más me guste", explica. Reconoce que en el primer trimestre de primero la cogió por sorpresa, y tras el batacazo que se dio, fue consciente de que debería estudiar más y organizarse mejor. Aparte de estudiar, siempre tuvo claro que no quería renunciar a tener tiempo para hacer otras cosas como patinaje: "Para mí ha sido esencial tener tiempo de descanso para poder afrontar el bachillerato". Está satisfecha de cómo está yendo segundo, está estudiando mucho más y va menos nerviosa en los exámenes.
Barroso explica que hay jóvenes que primero dejan de lado a las extraescolares, pero unos meses después se dan cuenta de que se sentían mejor cuando tenían tiempo para practicar deporte o realizar actividades que les gustaban. "Quien hace muchas actividades quizá debería plantearse dejar alguna disciplina, pero tener vida social les enriquece, no todo debe ser estudiar", deja claro el profesor.
1. Autoconocimiento. Dedica tiempo a identificar cuáles son tus talentos y fortalezas, qué te hace feliz, qué quieres estudiar y para qué.
2. Objetivos. Ten claro hacia dónde quieres ir, qué necesitas para llegar y hacer todo lo posible para conseguirlo. Si no lo tienes claro, no te angusties. Salga adelante, si es necesario, ya cambiarás.
3. Gestión del tiempo. La organización y planificación son imprescindibles. Use agenda o el método que te encaje mejor.
4. Confía. Confía en ti mismo. Tanto la familia como los docentes deben acompañar y hacer de espejo potenciador, ayudándoles a confiar en tu capacidad y potencial.
5. Pide ayuda. Date cuenta de qué es lo que necesitas y pide el apoyo que sea necesario, tanto si es por las materias como por la gestión de las emociones o estrés.
6. Celebra los logros. Fíjate pequeños retos y celebrelos aunque sean microéxitos, suponen una motivación intrínseca importante para seguir avanzando.
7. No eres tus resultados. Saber que no vales más o menos en función de las notas es esencial. Es importante que tanto la familia como los docentes lo recuerden y ayuden a valorarse independientemente de las calificaciones académicas.
8. Paciencia. Ten claro que los resultados no son inmediatos. Hay quien le cuesta más o necesita más tiempo para alcanzar objetivos, no hace falta hostigarse, sólo seguir trabajando con optimismo y perseverancia.
9. Propósitos del día. Reflexiona al inicio de la jornada como quieres que sea tu día, cómo quieres aprovecharlo, no sólo académicamente, también cómo quieres ser y estar.
10. Mirada a largo plazo. Hay más de un camino para conseguir los objetivos y la vida no es lineal. Se pueden tomar decisiones que no estaban planeadas y te vayan bien.
Gestionar el día a día
Cuando los resultados académicos no son suficientemente buenos, Claudia Molina, psicopedagoga, maestro de educación especial y orientadora educativa, recomienda que las familias no penalicen las actividades con las que disfrutan sus hijos: "En la etapa adolescente, los pactos son la clave para un buen funcionamiento, también para que ellos asuman su responsabilidad sobre lo que se han comprometido a hacer, Docente San Juan de Dios y miembro del Comité técnico de SOM360. Para garantizar la salud mental resulta esencial encontrar el equilibrio entre los derechos y deberes de los adolescentes. "Para que el cerebro funcione correctamente y no se bloquee necesita descanso, al menos ocho horas, y una alimentación saludable", insiste la psicopedagoga.
A las familias les corresponde acompañar a sus hijos reforzando la idea de que la constancia y el trabajo siempre dan frutos, animándoles a seguir trabajando y gestionando el tiempo de estudio. Poniendo el foco en el trabajo realizado y no en el resultado numérico. Si al inicio de curso los resultados no han sido suficientemente buenos, ahora que arranca el segundo trimestre es un buen momento para evidenciar que se dedicó demasiado tiempo al ocio, en detrimento del estudio, por lo que bajó el rendimiento. "Recordamos que más horas no es igual a mejor rendimiento. Más vale centrarse y tener un rato de estudio productivo, que muchas horas e ir distrayéndose", dice Molina.
La experta apunta ideas sencillas para que las familias acompañen a sus hijos si hay algo que les inquieta como la reanudación de curso, conseguir los objetivos académicos u otros temas. Para empezar, es imprescindible no juzgar ni cuestionar lo que vive el niño o el adolescente. Debe sentir que se encuentra en un espacio seguro, donde puede expresarse libremente y donde su sufrimiento no se minimiza ni se desprecia. Pero también es importante no sobredimensionar la situación, porque darle una importancia excesiva puede aumentar la inquietud y resultar contraproducente. En este equilibrio, es necesario valorar si es necesario pedir apoyo profesional. Un mensaje claro de "estoy aquí y lo vamos a solucionar juntos", sin juicios ni dramatizaciones, es de gran ayuda. A veces hay mensajes habituales que, pese a la buena intención, pueden no ayudar en momentos de angustia intensa: "Cuando el malestar es muy elevado y aparecen síntomas físicos, es mejor evitar frases como «sé por lo que estás pasando» o «yo también lo he vivido». En ese momento, pueden sentirse aún más incomprendidos", concluye.
Apostar por la excelencia
Carme Bartomeu, profesora de matemáticas de secundaria, creadora de Educalm en el que hace formaciones para el bienestar emocional en bachillerato y ciclos formativos de grado medio y superior, entiende que enero es una oportunidad para revisar el año anterior, reflexionar sobre los logros y fracasos, vivirlos como aprendizajes y encarar el 20. Recomienda apostar por la excelencia en lugar de la exigencia, dar al máximo en cada situación, pero sin traspasar la línea del sufrimiento, siendo capaces de mantener una tensión positiva. La profesora invita al alumnado a confiar en sí mismos, tener una mirada a largo plazo sabiendo que el abanico de posibilidades es diverso, el contexto es cambiante y que siempre pueden diseñar y modificar su itinerario formativo como protagonistas de sus vidas.
A Andrea (18), que está haciendo primero de medicina en la UAB, le habría ayudado ser más consciente de que el bachillerato no es la única vía para acceder a la universidad. De hecho, en medicina tiene compañeros que llegan de otras carreras y ciclos formativos. "Si pudiera darle un consejo a Andrea de primero de bachillerato le diría que se priorice y confíe más en sí misma, sin consumirse por el estrés", dice. Sin embargo, considera que se organizaba bien, estudiaba con margen suficiente e intentaba encontrar el equilibrio entre el estudio, el descanso y pasárselo bien. "Quedar con la abuela me ayudaba a desconectar. Siempre le había ido a ver. Durante el bachillerato salir del ambiente y las conversaciones donde todo giraba en torno a los estudios me hacía sentir bien", recuerda. También le ayudaba relativizar los problemas, que el mundo no terminaba si un examen no iba tan bien como esperaba; valorar la oportunidad que tenía de estudiar y aprender; centrarse en lo que hacía, sólo estudiar cuando se ponía a estudiar, e intentar que el estrés no interfiriera cuando estaba descansando o disfrutando. "Si no, no disfrutas lo que haces", asegura.
La temporalización es lo que diferencia a una persona inquieta o estresada con unos posibles síntomas de ansiedad. Claudia Molina explica que es fundamental identificar ciertos cambios en el día a día de los niños y adolescentes: alteraciones del sueño o de la alimentación, reticencias para ir a la escuela o al instituto, falta de ganas de quedar con amigos o el abandono de actividades que antes les gustaban: "Cuando estos síntomas se dejan de ser puntuales ser señales de alerta. En este punto, pueden aparecer crisis de angustia o de pánico". Estas crisis pueden manifestarse con bloqueos, llanto incontrolable, taquicardias o sensación de falta de aire, entre otros.