Mari Pau Huguet: “Cuando llegaba el verano, me sabía mal que acabara la escuela”
La veterana presentadora de televisión recuerda su infancia en el barrio ilerdense de La Bordeta "como la más feliz" de su vida
LleidaMari Pau Huguet (Estopanyà, 1963) es conocida por toda una vida profesional dedicada a Televisió de Catalunya. Allí comenzó su carrera y muy probablemente es también allí donde la acabará. Pero pocos saben que ella pasó toda su infancia en el barrio de la Bordeta de Lleida. Eran las décadas de los sesenta y setenta del siglo pasado, cuando todavía todas las cosas pasaban en la calle. “Era como vivir en un pueblo, no teníamos televisor y pasábamos el día jugando fuera de casa”, recuerda la periodista. Eran tiempos en que se relacionaba tanto con niños como con niñas en todo tipo de juegos populares, “como la comba, el pañuelo y el caballo fuerte...”, recuerda.
En aquellos años era una niña bastante inquieta, “que no paraba de hablar y un poco traviesa”, reconoce. Pero paradójicamente, le gustaba mucho ir a la escuela. “Cuando se acercaba el verano, me sabía muy mal que acabara el curso”, asegura Mari Pau Huguet. Parte de la pena le venía porque era precisamente en verano cuando el padre la hacía ir a recoger fruta o a venderla en los mercados. “Me levantaba a las cuatro de la mañana para ayudarle –asegura–, vengo de una familia muy humilde en la que hacían falta manos para todo”.
Pero recuerda la infancia como la época más feliz de su vida. "Sobre todo porque en la escuela aprendía mucho, estaba siempre con mis amigos y me lo pasaba muy bien", confiesa. Su pasión por el aprendizaje estuvo posiblemente marcada por la señorita Elvira, la primera maestra que tuvo en las escuelas nacionales del barrio.
Aunque han pasado cerca de sesenta años, todavía conserva un buen recuerdo de aquella maestra que las cuidaba desde muy pequeñas. “La queríamos profundamente”, asegura. La quería tanto que, muchos años después, cuando Elvira ya era casi centenaria, se reencontraron. La mujer vivía en Soria con una sobrina y se había quedado prácticamente ciega por culpa de un glaucoma. Afectada por su situación, Mari Pau Huguet utilizó sus buenos contactos periodísticos con el oftalmólogo Joaquim Barraquer para que hiciera algo. Desgraciadamente, no le pudieron devolver completamente la vista, “pero cada día me llamaba para darme las gracias y para decirme que veía un poco mejor”, comenta emocionada.
Maestros que dejaron huella
El sistema educativo que tuvo Mari Pau Huguet era también el de los castigos severos. Horas de pie, repitiendo frases infinitas en la libreta o, incluso, recibiendo golpes de regla en las manos. Eran otros tiempos. Tiempos en los que tuvo también buenos maestros. “Tengo un gran recuerdo de todos y me gustaría citarlos a todos”, insiste. Pero destacaría al señor Guiu, el típico profesor que sabía de todo; o a Pere Miquel, quien finalmente le transmitió el amor por la lengua francesa y que la acabaría conduciendo primero a la Alianza Francesa y, después, a licenciarse en filología románica por la Universitat de Lleida. “Los profesores te marcan mucho en la infancia”, concluye.
Los idiomas siempre han sido su debilidad, aunque asignaturas como la física, la química y la biología también le apasionaban. Pero claro, finalmente se decantó por las letras. "Me gustaba la historia y, hasta, el latín y el griego, pero como con estas últimas no veía mucha continuidad, me decanté por el francés", justifica.
Aquellos tiempos han cambiado. Asume que muchas cosas del pasado han ido ahora a mejor, pero reconoce que otras deberían haberse conservado. “Creo que los niños necesitan hoy estar más en la calle jugando y no tanto delante de las pantallas”, opina. Y lo dice por la experiencia de ver a los hijos de sus amigos. Cuando vienen las familias a pasar las vacaciones a Estopanyà, en la Ribagorza aragonesa, muchos niños "se vuelven unos salvajes, porque allí descubren una realidad que no tienen en la ciudad".