Una casa, un mundo

Regina Rodríguez Sirvent: "La escuela era mi vida, estaba en ella de sol a sol"

Nació y creció en la Cerdaña y la escuela es el fundamento de sus amistades ya que conserva todas las amigas de infancia

La escritora Regina Rodríguez Sirvent cuando era pequeña
19/08/2026 - 18:01 h.
4 min

BarcelonaLa autora Regina Rodríguez Sirvent se ha convertido en una de las voces más potentes y divertidas de la literatura catalana. Tras el fenómeno de Les calces al sol con más de 100.000 ejemplares vendidos, ahora está haciendo petar las Crispetes de matinada, en las que sus amigas de la infancia son personajes cruciales y tienen un papel decisivo en la trama de la novela. Porque cuando Regina habla de su paso por la escuela, su primer pensamiento va directo a las amigas. “La escuela es el cimiento de mis amistades más profundas, es lo más importante que me pasó y conservo todas las amigas de la escuela. Con mis amigas hemos sido muy atrevidas y muy bribonas. Llegamos a abrir la sala de profesores para buscar nuestras notas, añadirnos positivos extras y, hasta incluso, ¡llegamos a fotocopiar exámenes!”

Para la escritora, el entorno también ha sido clave. Nació y creció en la Cerdanya y explica que su escuela "tenía unas vistas espectaculares". "Disfrutar de aquel paisaje de los dos hasta los dieciocho años me marcó mucho y me permitió ver el horizonte de otra manera. Tengo la gran suerte de tener muy buenos recuerdos de la escuela y eso no lo puede decir todo el mundo. Además, yo he hecho mucho deporte durante toda mi vida y siempre estaba jugando a baloncesto, al quemado o corriendo. Sacaba excelentes en educación física porque me gustaba, y también en religión porque solo había que hacer buena letra. La escuela era mi vida, me quedaba allí de sol a sol”.

Sus recuerdos de infancia no tienen fin. Le vienen a la cabeza los días que les ponían las vacunas, la imagen de la escalera de acceso al centro, el olor del pan recién hecho que amasó durante unas colonias y el miedo que pasaba el día que le tocaba hacer el examen de flauta dulce. Además, “me enseñaron castellano siempre en catalán y eso me hacía mucha gracia. Tenía un profesor, Armando García, que nunca dejó indiferente a nadie. Me enseñó cómo debía buscar las palabras en el diccionario, y cada vez que abro un diccionario lo recuerdo. La primera norma era tan bonita y tan evidente como que antes de abrir el diccionario había que calcular dónde estaba la letra. Que me enseñara este detalle... lo encuentro delicioso”.

Precisamente la protagonista de su primera novela es una au pair que viaja a Atlanta para aprender inglés y Regina reconoce que, en la escuela, el inglés siempre le gustó, pero nunca lo dominó. "Me encantó una asignatura de civilización grecorromana porque las optativas siempre han sido una gran fuente de inspiración en una época en la que estás muy perdida. A mí me hubiera gustado hacer el bachillerato artístico, pero no sabía dibujar y odiaba el dibujo técnico. Quizás si hubiera hecho un bachillerato artístico habría sido escritora antes, eso ya no lo sabremos”.

Regina Rodriguez Sirvent

El diario de adolescente

Creativa, atrevida y deportista, Regina empezó a escribir llenando las páginas de su diario de adolescente porque cuando tenía doce o trece años ya le gustaba mucho escribir. "Escribía el diario, pero se me alargaba tanto que al final pensaba, mejor no empiezo o pasaré tres horas escribiendo. No sabía escribir solo una página, escribía muchísimo y lo hice durante muchos años. No gané nunca ningún Jocs Florals porque ni sabía qué era la prosa y ¡me pensaba que tenía que hacer poesía! A pesar de no ganar ningún concurso literario, me interesaba muchísimo escuchar los relatos que había hecho el resto. Para mí se paraba el mundo. Después, cuando me lancé a escribir encontré mi voz escribiendo humor y la vida, la propia".

Estos primeros pasos como escritora también están marcados por la presencia de un maestro, el Robert. “Era mi profesor de escritura creativa y fue quien plantó la primera semilla. Después de leer un texto mío me dijo abiertamente que era muy malo, pero que veía alma y que creía que lo tenía que intentar. Dos décadas después de aquel momento, volveré a los Estados Unidos a presentar el libro que floreció de aquella semilla, y el Robert estará allí”.

Ahora Regina Rodríguez revive los días de escuela a través de la mirada de sus dos hijos y disfruta plenamente de este viaje de retorno a la infancia que está experimentando como madre. La autora dice que estos momentos son “de una abundancia tan enorme" que ha abierto un grupo de WhatsApp consigo misma "para poder dejarlo escrito y recordarlo todo". Por ejemplo, el día que mi hijo me dijo que había hecho arena fina en la escuela. Fue un portal muy nítido que me hizo recordar cuando yo tenía cinco años y pasaba horas haciendo arena fina”.

Es consciente de que los maestros son figuras decisivas y se emociona explicando el abrazo que la profesora de su hijo de cinco años, Cristina, le dio al niño el último día de curso. “Los maestros nunca serán suficientemente recompensados y no me refiero económicamente. Entregamos lo más preciado de nuestras vidas a gente que no está debidamente ni pagada ni tratada. Dejar a tu hijo por la mañana en la escuela lo es todo, eso determina tu día. Poder hacerlo con calma y alegría es lo más importante de la vida”.

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