El año que más se ha llorado en los teatros

Productores, gestores y técnicos confiesan cómo han vivido lejos de los focos tanto miedo e incertidumbre, pero también solidaridad

EL público de un espectáculo del FITT, el festival de Tarragona
13/03/2021
8 min

Barcelona“El 11 de marzo a las 7 de la mañana me filtraron por WhatsApp que los teatros cerrarían. Aquel día, entero, no lo olvidaré nunca”, afirma Isabel Vidal, gerente del grupo Focus y presidenta de Adetca, la patronal de los teatros. “Hacía tiempo que se hablaba del brote en Italia, y en Madrid habían cerrado un día o dos antes. Estábamos preparados, pero en realidad no sabíamos qué vendría. Nos pensábamos que serían quince días. Por la mañana, en Focus nos preparamos para poner en ERTO a muchos trabajadores. Por la tarde hicimos una reunión extraordinaria con Adetca, donde no faltó ningún socio, y recuerdo el silencio y las caras. Paralelamente estábamos negociando con el gobierno que entrara una enmienda según la cual el decreto de cierre fuera a la fuerza mayor, para poder tener ERTOs expreso. Y cuando nos confirmaron que sería así, me cayeron las lágrimas”.

Lágrimas por el cierre y lágrimas por la reapertura: el último año en el teatro ha sido un drama. Los profesionales se han tenido que adaptar a una situación inesperada y desconocida que ha sido particularmente dura en un sector tan frágil. El cierre fue largo, la reanudación llena de peros en las restricciones y, un año después, se arrastra una reducción de aforos del 50%, el toque de queda y, hasta mañana, el confinamiento comarcal. Los principales damnificados han sido los profesionales del sector, centenares de personas que trabajan lejos de los focos para hacernos la vida mejor. Reconstruimos el año a través de su voz.

Un cierre que no se acaba

Quince días que se alargan ‘sine die’ y llegan los ERTO

“Nos fuimos como si nos fuéramos de viaje, sin saber cuando volveríamos”, recuerda Ramon Ferrer, programador del Atlàntida de Vic. “Recuerdo que dijeron «Coged los ordenadores para trabajar desde casa entre semana» y vacié las cosas del despacho pensando que pintaba muy mal”, explica Mariona Garcia, que se ocupa de producción, prensa y taquilla en la Sala Trono de Tarragona. Y continúa: “El domingo 8 de marzo acabamos funciones de Bollywood, Bombay, Barcelona y fue muy bien. Se habló más del 8-M que del covid, aquellos días. El fin de semana siguiente ya estábamos emitiendo obras en YouTube para que la gente tuviera oferta cultural el fin de semana”. Así de rápida fue la reacción y la adaptación del sector, que se volcó en seguir trabajando. En la Trono han pasado por dos ERTO, como muchos de los trabajadores afortunados con contrato.

En la productora La Brutal hace un año que tienen un ERTO del 50% para que la empresa sobreviva. Cerraron La importància de ser Frank tres días antes de tiempo y se quedaron con T'estimo si he begut a punto de estreno. “El viernes 13 de marzo fuimos a desmontar lo que pudimos y pusimos la ropa en cajas para que no se llenara de polvo durante quince días. Volvimos al Poliorama a buscar las cajas en septiembre”, recuerda la productora Mireia Farrarons. “A finales de marzo ya se ve que irá para largo -prosigue Isabel Vidal-. En mi estudio tenía una libreta de páginas grandes. Es donde empecé a dibujar todo lo que teníamos que hacer a corto, medio y largo plazo, con esquemas, datos y contactos con todos los sectores y administraciones. Sabes aquello que hacen en Homeland, ¿todos aquellos mensajes y post-its? Todavía la guardo. Recuerdo los titulares. Fase 0: trabajadores a proteger. Fase 1: conseguir liquidez, porque teníamos facturación cero y necesitábamos crédito para devolver las entradas. Fase 2: plan de choque. Si aquello duraba necesitaríamos dinero a fondo perdido. Fase 3: campañas de consumo, porque cuando todo pasara le teníamos que decir a la gente que volviera”.  

El 13 de mayo se hace público que FiraTàrrega no se hará. El equipo que dirige Anna Giribet tomó la decisión de “pasar del escenario B al C, que implicaba la no exhibición de espectáculos, cada uno de nosotros ante una pantalla, sin poder abrazar al equipo”, recuerda. La desilusión por tantos esfuerzos estalló en septiembre, cuando se tenía que haber celebrado el festival. “Saliendo de una entrevista en Radio Tàrrega me encontré con el jefe de la brigada municipal, el responsable que la ciudad cambie de manera efímera. Me rompí y me saltaron las lágrimas”, rememora Giribet.

El Festival Internacional de Teatro de Tarragona se pospuso, justamente, en septiembre . “Es de las experiencias profesionales más duras que recordamos -dice Mariona Garcia-. Pasamos muchos nervios. Teníamos miedo que las medidas de la segunda oleada se aceleraran y se volvieran más estrictas. Era un reto logístico, teníamos el doble de abonados. Y con la presión que si salía cualquier positivo, porque el hueso del equipo somos seis, todo se iba a la mierda. Cómo en cualquier pequeño negocio”. Al final, no hubo ningún contagio. “Recuerdo el día de la inauguración, con Rodrigo Cuevas en el escenario, con la consellera de Cultura y otras autoridades en platea. Nos cogimos las manos el equipo de producción y nos echamos a llorar, porque realmente hasta el último momento no sabíamos si se haría”.   

Entrada a un espectáculo del FITT, el festival de Tarragona de septiembre de 2020

“Una de las sensaciones del año es la de trabajar por una cosa que no sabes si pasará”, confirma Narcís Puig, programador del Temporada Alta. “En marzo piensas que falta mucho para el festival, pero pasan los días y ves que no está tan claro. Nosotros enseguida decidimos que seguro que haríamos el festival, pero ya veríamos cómo”. Puig teletrabajó desde Castelló d'Empúries. Querían tener oferta online y paralelamente nutrir una programación presencial pero adaptada, con muchos menos extranjeros, que es tal como se hizo. Sufrieron constantes cambios de horas, días y comarcas. “Estoy contento de la capacidad de reacción. Fuimos rápidos. Sábado anunciaban un cambio, lunes estaba aplicado”.

La emoción del regreso

La celebración del festival Grec fue una inyección de optimismo

“El primer día que abríamos había mucho miedo”, recuerda Ferrer. Era el 10 de julio en la Atlàntida de Vic y se podía ver Assedegats. “Fue muy emocionante. Lo recuerdo porque yo me emocioné viendo el público emocionado, con lágrimas en los ojos”. Todavía había mucho desconocimiento, la vacuna iba para largo y los contagios estaban a la orden del día. “¡No volví a un teatro hasta el Grec! -exclama, todavía incrédulo, Narcís Puig-. Fue un momento de alegría y fue muy importante para todo el mundo”, asegura. “El Grec nos salvó, anímicamente y porque se vio que se podía hacer, aunque fuera el único en Europa. Creó el relato que la cultura es segura, que es lo que ha hecho que la gente siguiera viniendo y nosotros no hayamos dejado de hacer cosas”, dice Farrarons. “El eslogan La cultura es segura salió de la música”, dice Isabel Vidal, pero desde el teatro se lo hicieron suyo y lo expandieron a escala estatal. “Se acababa el confinamiento y había sectores que abrían, pero los espacios culturales estábamos cerrados. Teníamos que construir un discurso con las administraciones”, dice Vidal. Desde entonces se batalló cada paso con el Procicat: reabrir al 30% de aforo y después al 50% y en septiembre ya al 70%. Y después se fijaría en el 50% actual, pero con un paréntesis de cierre de un mes en noviembre.

En medio de toda esta vorágine, un equipo de entusiastas se constituyeron en la cooperativa BARC y se pusieron al frente del Teatre Aquitània. Estrenaron Smiley el 18 de octubre. “Fue un día muy especial. La obra gustó mucho, y ver encima del escenario el trabajo que habías hecho te hace sentir muy afortunado de liderar esto”, recuerda Blanca de Carreras. La alegría, sin embargo, duró 12 días antes del cierre de otoño. “Fue muy duro. Fuimos todos al teatro y fue un dramón”, recuerda. Ahora bien, todas las compañías se lo pusieron fácil para reprogramar las obras. Lo más difícil todavía vendría unos meses después, este febrero, cuando el teatro cerraba por desahucio: “El propietario había dejado de pagar el alquiler en marzo con la pandemia. No sabemos si para aprovechar el momento o por tesorería”, dice De Carreras. Ahora están intentando salvar el proyecto que lanzaron con una ilusión y una complicidad que no se han agrietado.

Inauguración del Teatre Aquitània

Un trabajo de riesgo

Los ‘freelance’ sufren y el resto están desesperados por las restricciones

Núria Farrús lloró cuando le dieron el trabajo de jefe de sala y taquilla del Teatre Akadèmia el septiembre pasado. Lágrimas de felicidad por encontrar trabajo en plena pandemia pero también amargas porque implicaba una renuncia dolorosa: aparcar la carrera de actriz a los 43 años. “Siendo actriz todo se veía muy difícil, yo ya veía que no serían quince días. Los actores que no somos primeras caras somos los más afectados, y es normal que los teatros vayan sobre seguro –dice–. Ahora me puedo considerar afortunada. No sé si es un paréntesis. La pandemia también ha servido para aprender que se trata de ver lo que hay y acomodarse”. A Farrús le tocó repensar todos los protocolos de seguridad de la Akadèmia, que reabrió en octubre con un “maratón de seguridad” diaria: temperatura, gel, alfombra, localidades asignadas por burbuja y entrada por partes.

“Lo más estresante, al volver en septiembre, era el miedo, los gastos, la incertidumbre. Todos hacíamos el esfuerzo, pero había cosas fuera de tu alcance. En producción tienes que tener cintura pero aquí teníamos que ir con un hula-hoop”, dice Farrarons. Maria Garcia Rovelló, que es productora freelance, pasó la pandemia de baja por maternidad y “sin saber si podría volver a trabajar”. Cuando se reincorporó al trabajo, la pesadilla era negociar los espectáculos con las dudas de los aforos: “¿Cómo acuerdas un sueldo con las actrices si no sabes cuánto público puedes tener y vas a riesgo?”, plantea. Los autónomos se juegan el pellejo. El alargamiento de la pandemia y sus restricciones han hecho caer muchas producciones y han dejado en el paro a centenares de personas.

Roc Mateu es uno de los diseñadores de luces más reputados y vio como le cancelaban de golpe los musicales La jaula de las locas y El médico, además de las galas de Operación Triunfo con toda la gira de conciertos posteriores excepto Madrid. “Yo, como toco muchas teclas, teatro, música y tele, lo he ido trampeando, y aún así he sufrido algunos meses, porque somos un sector que vivimos al día, cobramos lo mismo que hace veinte años y te ganas la vida y ya –explica–. Pero los técnicos que trabajan conmigo en los musicales o en el rock’ roll están parados desde hace un año”. Mateu acaba de iluminar la gala de los premios Goya y hasta julio no volverá a Málaga para trabajar con el próximo musical de Antonio Banderas. “La gente que solo depende de un sector están muertos. Y lo que da mucho miedo es que después, cuando empiecen las producciones, encima se aprovechen y bajen precios”, insinúa.

Un espectáculo en el anfiteatro Grec en verano de 2020

Oda a los espectadores

Respuesta entusiasta del público cuando se ha podido reabrir

La decena de voces entrevistadas por el reportaje destacan, todas, la respuesta extraordinaria, cívica y militante del público. “Los artistas han entendido que hacía falta que la máquina no parara, aunque fuera a medio gas, y todos han respondido, y han adaptado disponibilidad y cajón”, reconoce Ferrer. Pero es que la reacción del público ha sido "extraordinaria”. “El público comprando tickets cuando había más dificultades me maravilló. Que se llenara el poco aforo del Grec, que fue un oasis. Que seamos el único país de Europa que tenga la actividad teatral abierta, justamente donde hay menos recursos públicos, y el público vaya. Me hace pensar que hemos conseguido cambiar el enfoque: se tienen que poner ayudas para abrir y no para cerrar teatros”, afirma Isabel Vidal. “Ahora hay un punto de envidia [por parte de Europa] -asegura Narcís Puig, que trabaja en contacto constante con agentes internacionales- Era una posibilidad difícil de creer”. En Francia ha empezado una manifestación sindical en defensa de la reapertura de los teatros: han ocupado el Odéon y se ha extendido a otras salas del país.

A pesar de todo, el miedo por cómo será este año 1 pos-covid es compartida. “La posguerra siempre es peor que la guerra”, augura Farrarons, y Vidal está de acuerdo, porque “se ha perdido tejido y talento, hay menos posibilidades de asumir riesgos y tenemos un mercado debilitado; si desaparecen las ayudas ya me dirás cómo lo hacemos”. El sector está cansado y espera que ya venga la bajada. Viene siendo hora de que haya un poco de comedia en los teatros.

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