Arte al aire libre en el Matarraña para remover conciencias
La galería Albarrán Bourdais celebra la cuarta edición del Solo Sculpture Trail, la ruta de esculturas de grandes artistas internacionales
Cretas (Matarraña)El diálogo del arte y la naturaleza puede producir memorables experiencias. El artista francés Christian Boltanski (1944-2021) es recordado por cómo profundizó en el trauma del Holocausto y el tema de la memoria personal y la colectiva. A menudo lo hizo con unas instalaciones que dejan una fuerte marca emocional por las viejas fotografías que utilizó, la luz tenue y el carácter más bien claustrofóbico. También emociona, en un registro aparentemente muy alejado, el de la obra Animitas, uno de los trabajos más impactantes del parque de esculturas que la galería Albarrán Bourdais tiene en Cretes, en el Matarranya, dentro de su proyecto de arquitectura de autor turística Solo Houses y de una bodega ecológica llamada Venta d'Aubert. Precisamente, el punto de partida de la visita es el antiguo edificio que ahora funciona como sede de la bodega.
En vez de archivadores, prendas e imágenes, en este trabajo Boltanski utilizó unas doscientas campanillas japonesas colgadas de unas varillas finas, cuyos tintines se sienten antes de que las encuentres por el camino. "En Chile las animitas son las pequeñas fotografías que se ponen en el lugar donde alguien ha muerto en un accidente para recordarlo", afirman las guías, Marta Coll, del equipo de la galería, y Julia Cajaraville, la directora de Solo Houses. "Es una obra muy sentimental, muy profunda, que te da la sensación de que hay uno más allá, cuando desapareces. Animitas quiere provocar una reflexión sobre lo efímero de la existencia y sobre el hecho de relativizar el miedo a la muerte.
Este año la galería ha organizado la cuarta edición de la ruta por su parque de esculturas, con algunas de las más veinte obras que lo forman renovadas. "Todo el equipo ha trabajado mucho y queremos poner la ruta [conocida como Solo Sculpture Trail] en el mapa no sólo localmente, sino también internacionalmente. La visión desde el inicio siempre ha estado a largo plazo", afirma el galerista Christian Bourdais, que lleva el negocio junto a su esposa, Eva Albarrán. "Las obras no han aterrizado aquí por arte de magia, sino que hemos hecho un trabajo muy preciso para que las esculturas estén integradas en el paisaje". La ruta tiene unos 3 kilómetros y la duración aproximada es de hora y media. La entrada cuesta 5 euros y es gratuita para menores de 18 años.
Los artistas críticos y los más optimistas
Los artistas seleccionados trabajan sobre todo dialogando con el sitio, la llamada a ser conscientes de la emergencia climática y la política. "Hay artistas que responden a este mundo de una forma muy crítica y otros plantean cómo debemos ser para solucionarlo y para vivir juntos", dice Albarrán.
En el primer tramo se puede ver la estructura industrial del portugués Pedro Cabrita Reis, que recuerda un árbol o una flor, y la escultura hecha con piedras y espejos con la que Alicja Kwade juega con la percepción del público. Para continuar el camino hay que atravesar un puente de Iván Argote cuyo lema grabado dice que el camino para salvarse es estar juntos, para evitar llegar a punto de no retorno en la situación política. Más adelante hay otra escultura con texto. Se trata de una intervención del colectivo danés Superflex: un manifiesto consistente en un conjunto de bloques de piedra de formas diferentes en las que se pueden leer las bases para celebrar una asamblea interespecies.
Tres de los otros trabajos más impactantes llegan al ecuador de la ruta. Uno es ¿No? ¡Future!, el coche con mensaje de Jordi Colomer que pudo verse en la exposición que el Macba le dedicó el año pasado. El segundo, Orbital, es una inquietante esfera terrestre de Mona Hatoum hecha con hierro y cemento. "Es un planeta creado de la destrucción, estas bolas recuerdan pedazos de escombros, como si fueran fruto de un bombardeo", dicen. Y el tercero de los trabajos es un conjunto de bloques de mármol en bruto colosales puestos en equilibrio por el artista mexicano José Dávila. En medio del paisaje, estas rocas están colocadas en el límite para que se aguanten unas sobre otras. "Llevo muchos años trabajando intentando hacer visible la fuerza de la gravedad, que es invisible, pero al mismo tiempo omnipresente", afirma Dávila, de quien se puede ver otro trabajo al inicio de la ruta.
También repiten, más adelante, Jordi Colomer, con un estandarte metálico pacifista, y Claudia Comte con Burning sunset, un mural de seis metros de alto cuyos colores evocan los incendios que cada vez son más salvajes. "Con su mirada poética, Comte nos advierte que estos incendios, aunque sean salvajes, no son fortuitos sino provocados por la acción humana", advierten las guías.
Y una de las instalaciones más destacadas del tramo final de la travesía recuerda al escenario de un teatro y una platea con cinco bancos. Es de uno de los impulsores del minimalismo francés, Olivier Mosset. "Lo interesante de Mosset y otros artistas del minimalismo francés es que utilizaron las formas más puras y los colores más puros, y deshacerse del gesto artístico y del ego era una manera de democratizar el arte", dicen Coll y Cajaraville.
La superficie de la finca de Albarrán Bourdais es de 200 hectáreas, 18 de las cuales son de viñedos. Además de las Solo Pezo Von Ellrichshausen y Solo Office KGDVS, los galeristas tienen previsto abrir en 2028 un hotel de 25 habitaciones diseñado por el arquitecto chileno Smiljan Radic.