Amy Adams necesita cambiar de agente
La actriz estrena en la Berlinale el fallido melodrama familiar 'At the sea', dirigido por Kornél Mundruczó
Enviado especial a BerlínEmpieza a ser un género en sí mismo: cuya película fallida sólo acabas rescatando el trabajo interpretativo de Amy Adams. Después de Nightbitch, La mujer en la ventana o Hillbilly elegy, hay que añadir a la lista de pifias el melodrama familiar At the sea, estrenado este lunes en la competición oficial de la Berlinale. En la película, la actriz deArrival interpreta a la directora de una compañía de danza que se reencuentra con su familia tras pasar seis meses en un centro de rehabilitación para alcohólicos. El trauma infantil y las adicciones son los grandes temas de una película dirigida por el húngaro Kornél Mundruczó, director que suele confiar poco en la inteligencia del espectador y, por tanto, suele subrayar todas las ideas de las historias que cuenta.
Adams, que no ha presentado la película en la Berlinale, aporta solidez a un personaje que ha tocado fondo después de una vida a la sombra del padre, coreógrafo de éxito, alcohólico funcional y figura paterna negligente, cualidades que ella ha heredado de forma más o menos inconsciente. At the sea hurga en las heridas de esta mujer en crisis y sin ganas de volver a ser quien era, obligada a repensar el trabajo y el matrimonio y quizá incluso a venderse la casa donde creció, un precioso caserón en primera línea de mar en Cape Cod, el refugio veraniego de los ricos de Nueva York. Como Fragmentos de una mujer (2020), una película superior del propio director, Mundruczó lleva en pantalla una obra de su mujer, la dramaturga Kata Wéber, pero aquí el viaje emocional de la protagonista no tiene pincho ni densidad. El talento de Amy Adams reclama retos más estimulantes, y su carrera una buena sacudida.
Regreso a Bulgaria
La decepción que ha significado At the sea se ha visto compensada por la proyección, también en competición oficial, de la notable Muñeca Roza, un drama serio y adulto sobre el exilio y el duelo que protagoniza un comisario de arte que, 28 años después de establecerse en Montreal, devuelve por primera vez a su Bulgaria natal para verificar que las pinturas de una niña prodigio de ocho años son auténticas y no una estafa. Muñeca Roza es una de esas películas que requieren un cierto compromiso y paciencia, sobre todo en la primera parte, pero donde acaba brotando la emoción genuina, sobre todo en un tramo final en el que confluyen de forma orgánica los temas de la trama artística y los de la identidad fracturada del hombre que se marchó del país a raíz de la muerte de la mujer. Y la directora quebequesa Geneviève Dulude-de Celles, un nombre al que hay que seguir la pista, gestiona muy bien la contención emocional y expresiva de su protagonista, un magnífico Galin Stoev, quien en el tramo final confirma su candidatura a mejor actor de esta Berlinale.