El terror que surgió del Ozempic
Natalie Erika James firma en 'Insaciable' un desbordante ejercicio de 'body horror' sobre las consecuencias de la violencia estética
'Insaciable'
- Dirección y guion: Natalie Erika James. 116 minutosAustralia y Finlandia (2026)Con Midori Francis, Danielle Macdonald y Madeleine Madden.
Insaciable y Obsesión, dos películas de terror indie recientes, ponen en perturbadoras imágenes el dicho "Ten cuidado con lo que deseas, que se puede hacer realidad". Las semejanzas entre el tercer largometraje de la australiana Natalie Erika James y la exitosa ópera prima de Curry Barker acaban aquí, aunque, en ambos casos, una estilizada propuesta visual y un gran dominio de los mecanismos del terror cinematográfico se ponen al servicio de una historia que aborda en clave alegórica cuestiones absolutamente contemporáneas. Si en Relic, el estimable debut de la cineasta, los tópicos habituales del cine de casas encantadas enmarcaban un trágico relato sobre la pesada carga del legado familiar, Insaciable es un desbordante catálogo de escenas de body horror que sitúa en el centro de la historia las consecuencias de la violencia estética que afecta, sobre todo, a las mujeres. Es un tema habitual de aquello que la teórica Barbara Creed acuñó como Nueva Ola de Cine Feminista (La sustancia de Coralie Fargeat y Crudo de Julia Ducournau formarían parte), pero James la aborda aquí con una literalidad que conecta el film de manera directa con la actualidad.
Es difícil no enlazar las pastillas que la insegura estudiante de medicina Hana se toma para adelgazar a una velocidad endiablada (nunca mejor dicho) con las inquietantes imágenes reales en las redes sociales de celebridades extremadamente delgadas gracias a unas píldoras supuestamente milagrosas. Insaciable supone, sin duda, un paso adelante en la trayectoria de James, sobre todo en cuanto a su exuberante puesta en escena, deudora del impacto visual del body horror, pero también de la efectividad austera del terror japonés. El problema es que esta ambición también afecta a un guion marcado por la bulimia narrativa que intenta abordar, vorazmente, más temas de los que es capaz de digerir.