Cine

Jessie Buckey, y el Oscar para una actriz salvaje e intensa

El premio por el papel en 'Hamnet' consolida la trayectoria de la intérprete irlandesa

BarcelonaNo es tan habitual que sean las mejores interpretaciones las que se lleven un Oscar. A menudo intervienen otros muchos elementos, uno de los cuales es el poder estelar de la candidata, su adecuación a lo que, supuestamente, debe ser una estrella, una categoría indefinible que, según Jeanine Basinger, se caracteriza por "un físico excepcional, un talento excelente, una serie de gestos personales, un sex appeal palpable, glamour… y la suerte de estar en el lugar justo en el momento adecuado". La irlandesa Jessie Buckley (Killarney, 1989) encarna algunas de estas características, pero su fulgurante carrera parece exhibir un absoluto desdén por las demás.

Su Oscar por Hamnet, una interpretación salvaje e intensa, que no deja ni un rincón del personaje por explorar, recuerda lo que ganó su amiga Olivia Colman por su grotesca, y divertidísima, encarnación de la reina Anna Estuard en La favorita. Si ambos personajes son antitéticos, lo que parece unir estas dos enormes actrices europeas (Colman es británica) es la voluntad de representar a mujeres que sobrepasan los límites de lo que es considerado tradicionalmente como "femenino", sin que las consecuencias les importen lo más mínimo.

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A La hija oscura (2021), por la que Buckley recibió la primera nominación al Oscar, ella y Colman encarnaban, respectivamente, las versiones joven y madura de la madre abandonadora protagonista de la película. Analizada en perspectiva, la insólita elección de la directora, Maggie Gyllenhaal, de seleccionar a ambas actrices para interpretar al propio personaje adquiere un sentido más profundo: la conexión entre ellas no era causada por la semejanza física, sino por una idéntica voluntad de encarnar, con una ferocidad e insolencia indómitas, feminidades fuera de la misma.

Resulta curioso que los dos personajes por los que Buckley ha sido nominada a los Oscar sean mujeres atravesadas, de muy distinto modo, por el "caos de la maternidad", tal y como ella misma (también madre temprana) lo definió en el discurso de aceptación. O puede que no sea una coincidencia, sino el resultado de una elección profesional y personal por parte de la actriz, que lleva años colaborando con mujeres cineastas: con Sarah Polley en Ellas hablan (2022), con Gyllenhaal en dos ocasiones (también en la reciente ¡La novia!) y, finalmente, con Chloé Zhao en Hamnet, basada en la demoledora novela de Maggie O'Farrell. Su interpretación de la esposa de William Shakespeare, quien pierde a uno de sus tres hijos a causa de la peste, resulta difícil de olvidar. No sólo porque es descarnada y brutal, sino también porque es absolutamente impredecible, tal y como demuestra una escena en la que Buckley, desencajada por el dolor de la pérdida, emite un agudo grito que, abruptamente, se transforma en un silencio implacable, para acabar susurrando sonidos absolutamente ininteligibles.

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Antes que Zhao, y que Gyllenhaal, Charlie Kaufman, un cineasta afín a mostrar el lado más oscuro del alma humana, ya había intuido la capacidad de Buckley para ejercer de material conductor ideal para una negrísima historia de dolor, soledad y depresión. En Estoy pensando en dejarlo (2020), la actriz ofrecía la que, con Hamnet, quizá sea su gran interpretación hasta el momento. Buckley y Jesse Plemons (el actor actual más cercano a la intérprete en la radicalidad a la hora de bucear en las aristas más abyectas de sus personajes) se pasaban la mitad del extenso metraje del filme dentro de un coche, rodeados de un paisaje tan congelado como su propia relación sentimental. Buckley era, por turnos, encantadora y hostil, brillante y cruel, capaz de recitar un poema deprimente mirando fijamente a cámara o de leer en voz alta, en un pasaje memorable, la demoledora crítica de Pauline Kael sobre Una mujer bajo la influencia. El trayecto propuesto por Kaufman en el filme, un viaje por carretera nocturno e impredecible, que tomaba desvíos inesperados a lugares desconocidos, puede verse como la perfecta metáfora del camino, escasamente transitado ya veces poco iluminado, que esta actriz, a la que parece serle igual ser una estrella, ha decidido recorrer.