Segunda Palma de Oro a Cristian Mungiu y premio a la épica lorquiana de los Javis
Triunfo en Cannes de la incómoda 'Fjord' y premio a la mejor dirección para ‘La bola negra’
Enviado especial al Festival de CannesCristian Mungiu se une a la exclusiva lista de cineastas con dos Palmas de Oro. Diecinueve años después de ganar la primera con Cuatro meses, tres semanas y dos días, el cineasta rumano ha vuelto a triunfar en el Festival de Cannes con Fjord, donde abandona su Rumanía natal para viajar a Noruega y relatar el drama de una familia rumana evangélica y ultraconservadora a la que los progresistas servicios sociales noruegos retiran la custodia de los hijos cuando descubren que el padre –Sebastian Stan, que recupera aquí su rumano materno– les aplica castigos físicos.
Fjord es una película incómoda y ambigua en la que Mungiu quiere evidenciar las contradicciones de las sociedades europeas a través del conflicto entre dos sistemas de valores opuestos y toma el punto de vista que, en principio, le debería ser más ajeno: el de la familia que plantea la educación de los hijos con el estudio de la Biblia como principio rector y, por tanto, nada de móviles ni televisión y unos azotes en el trasero cuando no se portan bien. Una familia rígida pero afectuosa y muy unida sobre la que los funcionarios de la muy liberal Noruega no pueden evitar proyectar sus prejuicios sobre la educación religiosa. La película invita al debate sin establecer una verdad única y explora el encaje de las comunidades conservadoras en las sociedades laicas y progresistas huyendo de maniqueísmos. Con todo, un premio al mejor guion habría sido un reconocimiento más ajustado.
Los Javis, llegar y triunfar
por su tríptico lorquiano de historias sobre el amor gay por su tríptico lorquiano de historias sobre el amor gay La bola negra, ex aequo con el drama histórico Fatherland, de Pawel Pawlikowski, sobre el regreso a Alemania de Thomas Mann después de la Segunda Guerra Mundial. El premio de los Javis, que igualan la gesta de Sirat entrando en el palmarés de la competición oficial de Cannes, tiene un doble mérito porque se trata de la primera participación de los cineastas madrileños en el festival, a diferencia de autores como Oliver Laxe o Albert Serra que, antes de entrar a la competición pasaron por otras secciones paralelas.
En solo 13 años, los Javis han pasado de estrenar un musical underground en el vestíbulo del Teatro Lara de Madrid a recoger un premio histórico para el cine español en el Festival de Cannes, con el hito de haber colocado tres películas en la competición de esta edición. Un salto de escala digno de elogio que han hecho con coherencia ideológica y conservando su personalidad, aunque en La bola negra es muy evidente la ambición de llegar a un territorio de prestigio a través de los códigos del cine que une la vocación de público y la relevancia cultural.
De hecho, salvo un fascinante número de flamenco y unas imágenes que exploran el homoerotismo de la vida militar a la manera de la Claire Denis de Beau travail, la narrativa del film busca la épica del amor prohibido a través de recursos dramáticos y estéticos bastante convencionales que no justifican un reconocimiento de esta dimensión en Cannes, sobre todo cuando es compartido con Pawel Pawlikowski, que en Fatherland hace un trabajo de puesta en escena extraordinario. Sea como sea, la película es un fenómeno y la acogida de la crítica internacional hace prever la presencia del film en la carrera de los Oscars del año que viene, especialmente de una Penélope Cruz aclamada por su breve pero intensa participación como artista cabaretera.
La adquisición de los derechos de La bola negra en Estados Unidos por parte de Netflix no hace más que allanar su camino hacia la nominación. Sobre el acuerdo con la plataforma, Calvo y Ambrossi han avanzado a la prensa española que Netflix estrenará la película primero en cines, con una ventana de exclusividad en salas de 45 días. Los directores, que el año pasado dejaron de ser pareja sentimental, han asegurado que seguirán formando tándem artístico y que ya saben cuál será su nuevo proyecto. "Y será en inglés y en español –ha revelado Calvo–. Creemos que ha llegado el momento".
Los Javis también han reivindicado su paso como jurados por el talent show Drag race. "Sin Drag race yo no habría podido escribir «El travestismo es la fantasía de la posibilidad y la guerra es todo lo contrario», una frase que dice Penélope en la película que está siendo tan celebrada", ha dicho Calvo. También han explicado que La bola negra nace como proyecto cuando, mientras dirigían su documental sobre Pedro Almodóvar, productor de la película, se dieron cuenta de que no habían escrito nunca un personaje homosexual.
El milagro de Zviaguintsev
La otra gran noticia del palmarés es el Gran Premio del Jurado para Andrei Zviaguintsev. Hace solo cinco años, el cineasta ruso tuvo un episodio de covid especialmente grave y una reacción extrema a la vacuna rusa Sputnik que lo llevó a estar 40 días en coma. Zviaguintsev, incapaz de moverse y de alimentarse por sí solo, pasó un año recuperándose en Alemania. Cuando salió del hospital iba en silla de ruedas y no sabía si podría volver a dirigir. Por eso el premio que ha recibido por su nueva película, Minotauro, tiene un regusto de milagro.
En el film, que adapta libremente
La mujer infiel, de Claude Chabrol, Zviaguintsev radiografía de manera implacable la Rusia de Putin –aunque filmada en Letonia, ya que Zviaguintsev se ha exiliado a Francia– a través del retrato de un empresario de una ciudad de provincias muy cercano al régimen, hasta el punto de engañar a sus trabajadores y enviarlos al frente ucraniano para complacer a las autoridades. La banalidad del mal se encarna en este hombre servil y mediocre a quien su atractiva mujer engaña, personaje-metáfora de una Rusia en quiebra moral, deshumanizada y corrupta.
Otro melodrama gay en tiempos de guerra como
La bola negra, la sensible Coward, de Lukas Dhont, fue premiada por el delicado trabajo de sus dos protagonistas, los jóvenes Emmanuel Macchia y Valentin Campagne. Y el director francés Emmanuel Marre se llevó el premio al mejor guion por el magnífico retrato que hace Notre salut de su bisabuelo, miembro del gobierno colaboracionista de Vichy y personaje complejo y contradictorio. El premio especial del jurado fue para la excelente The dreamed adventure de la cineasta alemana Valeska Grisebach, una especie de intriga criminal que excava en las estructuras sociales de un pueblecito de Bulgaria donde se perpetúan estructuras sociales dominadas por la masculinidad tóxica.
El premio a la mejor interpretación femenina también recayó
ex aequo en las dos actrices de Soudain,, la francesa Virginie Efira y la japonesa Tao Okamoto. Aunque merecido –cada una tuvo que aprender la lengua de la otra–, no deja de ser un reconocimiento insuficiente para la monumental película del japonés Ryusuke Hamaguchi; la mejor que se ha proyectado en esta edición.
Como ya se había anunciado, Barbra Streisand no pudo viajar a Cannes por recomendación de su médico y, por lo tanto, no pudo estar en la ceremonia de clausura del festival para recibir su Palma de Oro de honor, que recogió en su nombre una Isabelle Huppert generosa en elogios para la actriz y cantante norteamericana, que envió un vídeo de agradecimiento al festival.