Nicolas Winding Refn: “Morirme fue muy interesante”
El director danés presenta en el Festival de Cannes la radical y operística ‘Her private hell’
Enviado especial al Festival de CannesEn una edición del Festival de Cannes en la que, a pesar de los rumores, finalmente no hemos tenido una nueva película de Lars von Trier, la cuota de cine extremo que saca de quicio a buena parte de la prensa ha quedado bien cubierta por otro director danés que suele provocar tanta indignación como entusiasmo: Nicolas Winding Refn ha presentado fuera de competición la magnífica Her private hell, un paso más en el camino que lo aleja cada vez más del cine narrativo convencional y de volver a dirigir otro Drive. La película es un salto sin paracaídas que lleva al extremo la aproximación estética al cuento de terror de la anterior The neon demon, con una trama aún más fina e interpretaciones entre hieráticas y operísticas. Después de ver la que seguramente será una de las películas más radicales del festival, se entiende mejor por qué Thierry Frémaux no se vio con coraje de programarla en la competición oficial.
El regreso al cine de Winding Refn después de una década centrado en proyectos televisivos como Too old to die young o Copenhagen cowboy es una especie de fashion film grotesco sobre la toxicidad del patriarcado en que unas actrices son amenazadas por un asesino sobrenatural, el Hombre de Cuero, que llega siempre con la niebla que reptar por los rascacielos del mundo futurista donde transcurre la acción. Her private hell sublima el género del slasher a partir de la lógica del cuento de hadas (monstruos, brujas, héroes) y abraza la narrativa alucinada y casi abstracta del giallo italiano. La prioridad no son las palabras sino potenciar el efecto de las imágenes y el sonido; en este sentido, Winding Refn otorga el protagonismo que merece a la estupenda banda sonora de Pino Donaggio, uno de los grandes compositores del cine de terror y colaborador habitual de Brian De Palma. Y Winding Refn no ha perdido su toque a la hora de plasmar en pantalla la violencia, que estalla de repente y te deja clavado en la butaca.
En una rueda de prensa catártica, Refn ha explicado que Her private hell surgió a partir de atar diversas ideas con un nuevo concepto de “cine interactivo” que imaginó “a raíz de haber estado muerto durante 25 minutos”. Sobre este punto, ha revelado que los médicos le diagnosticaron un problema cardíaco muy grave (“corazón goteando”) y lo operaron sin muchas esperanzas de éxito. “Morirme fue muy interesante –ha bromeado–. Gracias a Dios mi cirujano era Tom Cruise e hizo un trabajo increíble, me arregló el corazón con sus manos. Siempre he pensado que yo era un genio y resulta que el genio era él”. Superar el trance le hizo reevaluar su vida. “Quizás me quedan 25 años, y pienso aprovecharlos –ha asegurado–. El tiempo se ha vuelto esencial, el tiempo lo es todo. Y si alguien pierde dos horas viendo una película mía, tengo que hacer que valga la pena, que sirva para expandir los horizontes de sus hijos. Yo también tengo hijos...” Entonces Refn ha empezado a llorar y los asistentes a la rueda de prensa lo han aplaudido durante tres minutos emocionantes y catárticos.
El director también ha hablado sobre Donaggio. “De repente quería hacer una ópera y necesitaba un compositor, y Pino siempre ha sido una gran inspiración –ha explicado–. Pero no sabía si estaba vivo, así que lo busqué en Google y vi que sí. Contacté con él y le dije que quería una ópera. Me dijo que sí. Y que había empezado su carrera con Nicolas Roeg y que la acabaría con Nicolas Refn”. Donaggio, que también estaba en Cannes, ha añadido que Her private hell es la banda sonora que más tiempo ha tardado en hacer. “Nicolas es muy exigente –se ha justificado–. Él quería una ópera, un concierto importante. Así que escribí algunos temas y él escogió los que suenan en la película. Y lo hizo muy bien”.
Crimen sin castigo
Casualidades de la vida, la competición oficial ha acogido la nueva película de otro director que ha superado en los últimos años una enfermedad casi mortal: el ruso Andrei Zviaguintsev, que sufrió una covid de larga duración que lo dejó paralizado durante un año y estuvo a punto de morir a causa de las lesiones en los pulmones. Zviaguintsev, que se ha exiliado a París, describe en una entrevista reciente con The Hollywood Reporter su recuperación como “milagrosa” y dice sentirse “extremadamente feliz de haber resucitado”. Sin embargo, su cine no ha cambiado mucho: continúa instalado en la observación intensa de los claroscuros de la vida en Rusia a través de largas secuencias de ritmo moroso y la atención exhaustiva a los detalles.
En Minotaur, Zviaguintsev hace un remake del thriller de Claude Chabrol La mujer infiel (1969), pero trasladando la historia a la Rusia actual –en realidad Letonia, por motivos evidentes–, con la guerra de Ucrania como telón de fondo. A partir de la historia de un empresario próximo al régimen a quien la mujer le es infiel, la película radiografía la crisis moral y estructural de una sociedad en la que los poderosos hacen y deshacen y la impunidad es la norma. Los 140 minutos de duración quizás son excesivos, pero el estilo minucioso de Zviaguintsev tiene un efecto inmersivo y amplifica la resonancia de los giros dramáticos. Como si Dostoievski hubiera escrito Crimen y castigo en la Rusia de Putin, la película desprende una relevancia y sentido de la oportunidad que seguramente la llevarán a figurar en el palmarés de esta edición.