Javier Bardem niega sufrir un boicot: “Cada vez me llaman más para trabajar”
El actor y Victoria Luengo estrenan en el Festival de Cannes ‘El ser querido’, de Rodrigo Sorogoyen
Enviado especial al Festival de CannesCon el permiso de Pedro Almodóvar, el director español más querido en Francia en los últimos tiempos es seguramente Rodrigo Sorogoyen (Madrid, 1981), que hace solo unos días recibió la Orden de las Artes y las Letras del gobierno francés y ha triunfado en los cines franceses con títulos como El reino o As bestas. La culminación de su historia de amor con Francia es la participación en competición de Cannes de su nueva película, El ser querido, que se estrena este sábado tanto en el festival como en los cines franceses, hecho insólito para una producción española que no llegará a nuestro país hasta agosto.
En la película, un aclamado director español con dos Oscars y establecido en Hollywood (Javier Bardem) vuelve después de muchos años a rodar una película y se reencuentra con su hija actriz (Victoria Luengo), a quien también hace años que no ve y quiere ofrecerle uno de los papeles protagonistas. El ser querido se abre, de hecho, con este reencuentro paternofilial, una escena inmersiva de veinte minutos de alto voltaje emocional que desprende chispas de culpa, rabia y orgullo, heridas abiertas de una relación absolutamente disfuncional.
“Queríamos poner las cartas sobre la mesa desde el primer momento”, explica Sorogoyen: “Los personajes llevan trece años sin verse entre ellos. Hay una tensión brutal, pero también amor y un anhelo del otro”. Los dos actores, apunta el director, improvisaron la dinámica de la escena en el momento de rodarla. “Trabajé con los dos por separado para que se vieran en el rodaje por primera vez haciendo aquella escena –revela Sorogoyen–. Era una escena de hora y media sin cortes, así que estaban más nerviosos que los personajes”.
Con las cámaras y el equipo de Sorogoyen escondidos y filmando desde lejos, los dos actores hicieron la escena sin ninguna dirección técnica en un restaurante real con extras haciendo de clientes. “Javier y yo tuvimos la oportunidad milagrosa de mirarnos a los ojos y sentir que estábamos solos, pero cuando Rodrigo cortó la escena, las paredes empezaron a moverse y salieron un centenar de personas de detrás”, explica Luengo (Palma, 1990). “Fue precioso, y me siento muy afortunada de haber vivido la experiencia”.
Cine dentro del cine
El reencuentro es la puerta de entrada a un drama familiar absorbente con un par de escenas memorables y un potente duelo interpretativo entre Bardem y Luengo. También es un ejercicio brillante de cine dentro del cine que captura con verismo los ritmos y las sensaciones de un rodaje, el de la película que los personajes de Bardem y Luengo filman en la ficción, con momentos distendidos, pero también situaciones incómodas y una tensión entre padre e hija que acaba trasladándose a la relación profesional. “Para hacer una película como El reino, que habla de la corrupción política, hay que investigar mucho, pero para escribir sobre un rodaje solo nos hizo falta tirar de memoria”, explica Isabel Peña (Zaragoza, 1983), la coguionista habitual de Sorogoyen.
También tuvo que tirar de memoria Bardem (Las Palmas de Gran Canaria, 1969), que recuerda haber vivido “abusos de poder” en algunos rodajes, sobre todo en uno de la década de los noventa. Cuando algunos personajes de El ser querido se plantan ante los gestos abusivos del director interpretado por Bardem, alguien dice que “las cosas han cambiado”, y Bardem está de acuerdo. “Yo también he cambiado –asegura–. Un rodaje es una sociedad poco democrática, más bien dictatorial: un tipo ordena y los demás siguen las órdenes, y eso es terreno abonado para el abuso. Por suerte ahora somos conscientes, pero queda mucho por hacer y hay que apoyar a quienes lo denuncian”. Para Bardem, el cambio se está produciendo fundamentalmente gracias a las mujeres. “A muchos hombres todavía les cuesta poner límites a otros hombres, lo consideran una traición a los valores masculinos o un síntoma de debilidad”, aduce.
La película va alternando el punto de vista del padre y de la hija, atrapados en un laberinto de amor, culpa y abandono que no parece tener salida, sobre todo a causa del orgullo del director interpretado por Bardem, a quien le cuesta mucho asumir los errores del pasado. “Esteban es un hombre de su tiempo, que es el mío, de los años sesenta, y es un hombre educado en unos valores desfasados sobre lo que significa ser un hombre –dice Bardem–. No tiene la capacidad de pedir perdón. A muchos hombres les cuesta pedir perdón y dar la razón, escuchar al otro y dejarlo entrar. Y esto tiene que ver con un tipo de masculinidad a la que nos tenemos que enfrentar”. De hecho, el actor reconoce que su “problema” con el personaje es que le costaba entender por qué no había resuelto todavía sus problemas. "¿Cómo es que no ha ido a terapia y ha hablado con alguien? ¿Qué hace que este hombre no se enfrente al mundo de una manera más abierta, honesta y sana? Y es su educación".
Una herida profunda
Para Luengo, en cambio, su personaje está definido por una “herida muy profunda de abandono” que genera en ella sentimientos complejos y contradictorios. “No solo está enfadada con el padre, también lo idealiza y está enamorada de él, lo odia y lo detesta, todo a la vez –dice la actriz–. Aunque tengas cuarenta años, si tu padre o tu madre no estuvieron, sigues deseando que aparezcan o entender por qué no estuvieron”. Luengo afirma que el tema la “interpela mucho de una manera muy cercana”. De hecho, la semilla de la película fue una conversación entre Luengo, Sorogoyen y Peña sobre las relaciones “especiales” que tenía cada uno con su padre.
La actriz intenta no pensar mucho en la meta de participar en dos películas de la competición de Cannes (también aparece en Amarga Navidad), aunque a veces no puede evitar emocionarse al recordar el camino recorrido en los últimos años. “Pero intento no pararme mucho en esta sensación, porque no es bueno –asegura–. Al final es una suerte estar aquí, sentirme tan orgullosa de las películas que presento y rodeada de gente que admiro. Y cada noche, cuando voy a dormir, pienso: «Gracias». Y creo que hoy lloraré mucho en la première de la película, pero me da miedo, porque no es bueno darse importancia, no es la tarea de una actriz ser muy consciente de ella misma”.
Bardem, gato viejo, gestiona de manera más relajada la atención que recibe como figura internacional del cine, pero sin dejar de utilizar su influencia para apoyar causas como la del Sáhara Occidental, que es el tema de la película que se filma dentro deEl ser querido a propuesta del actor, que defiende con buenos argumentos la elección: “Si la película habla de abandono, tenía sentido introducir el tema del pueblo del Sáhara, a quien España abandonó. Y es un conflicto muy olvidado que hay que seguir denunciando, una pequeña Palestina”.
La causa palestina es otra de las cruzadas de Bardem, uno de los pocos actores de Hollywood que ha denunciado abiertamente el genocidio en Gaza, como recordó y celebró hace unos días uno de los jurados de la competición oficial de Cannes, el guionista Paul Laverty, que criticó el boicot de la industria norteamericana a actores como Bardem o Susan Sarandon. “Le envié un mensaje de agradecimiento a través de una amiga periodista, porque no tengo su móvil y porque tengo prohibido el contacto directo con el jurado –explica Bardem–. Pero sobre la lista negra o el boicot debo decir que a mí no me ha pasado nada en concreto que pueda denunciar. De hecho, estoy teniendo la sensación contraria: cada vez me llaman más para trabajar, incluso de Estados Unidos. Y cada vez hay más gente que me da apoyo, quizá no públicamente, pero sí en privado”. El actor asocia el cambio de tendencia a la posición de las generaciones más jóvenes: “Ellos son los que han dicho que el genocidio es inadmisible y que hay que denunciarlo. La neutralidad no es una opción ante una masacre como esta”.