Prehistoria

Una cueva en los Pirineos revela el secreto de cómo se fabricaba cobre hace 5.000 años

El yacimiento, entre el monasterio de Núria y la cima del Puigmal, es la evidencia más antigua de este tipo de actividad en la Europa Occidental

Trabajos de excavación arqueológica en la Cueva 338 desde el interior.
4 min

BarcelonaA unos 2.250 metros de altitud, en el Parque Natural de las Cabeceras del Ter y del Freser, a medio camino entre el monasterio de Núria y la cima del Puigmal, hay una cueva que fue ocupada de manera intensa, y no esporádica, entre el quinto milenio a.C. y el final del primer milenio a.C. Bautizada con el nombre de la Cueva 338, es el yacimiento prehistórico de alta montaña más importante documentado en la cordillera pirenaica. El último descubrimiento son numerosas estructuras de combustión, restos faunísticos, fragmentos cerámicos y un conjunto destacado de minerales verdes, probablemente malaquita, que demuestran que se explotaron de manera sistemática minerales ricos en cobre durante el neolítico final y la edad del bronce. Estos datos sitúan la Cueva 338 entre las evidencias más antiguas conocidas con este tipo de actividad en Europa Occidental.

No es fácil acceder a esta cueva. "La valla para protegerla, la tuvimos que bajar con un helicóptero", explica Carlos Tornero, catedrático del departamento de Prehistoria de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), que ha liderado la investigación conjuntamente con investigadores del IPHES-CERCA, la Universitat Rovira i Virgili (URV), la Universidad de Granada, la Universitat Pompeu Fabra (UPF) y la Universitat de les Illes Balears (UIB), entre otras instituciones. El estudio, que se ha publicado en la revista científica Frontiers in Environmental Archaeology, cuestiona la idea tradicional de que estas zonas solo fueron utilizadas de manera esporádica o marginal. Las dataciones indican que las ocupaciones se produjeron en diversas fases diferenciadas, separadas por períodos de abandono, lo que apunta a un uso planificado y recurrente del espacio. Hasta ahora, nunca se había encontrado evidencia de la fabricación de cobre en época tan antigua. "Incluso había estudios que aseguraban que las herramientas y objetos de cobre habían llegado desde Francia, donde se han encontrado yacimientos en el golfo de León", explica Tornero.

Una revolución química

Actualmente la transformación de malaquita en cobre puede parecer un proceso químico relativamente sencillo, pero en la prehistoria supuso una auténtica revolución tecnológica. No se sabe cómo descubrieron cómo hacer cobre, pero sí que era un proceso largo y físicamente extenuante. Las cuevas no eran solo refugios; eran los primeros laboratorios donde se intentó dominar lo invisible, el oxígeno. Para extraer el cobre, aquellos primeros metalúrgicos no necesitaban grandes construcciones. La clave estaba en el suelo. Excavaban pequeños hoyos donde mezclaban el combustible –carbón vegetal– con la malaquita previamente triturada.Dentro de estas estructuras rudimentarias, y a menudo con la ayuda de toberas para soplar y alimentar las llamas, el corazón del fuego alcanzaba temperaturas de hasta 1.000 grados. Era solo un primer paso, porque se podía tener un fuego abrasador y no obtener ni una gota de cobre. La verdadera complejidad tecnológica de la prehistoria residía en la gestión de los gases. Había que crear un entorno muy pobre en oxígeno; para hacerlo, se iban añadiendo grandes cantidades de carbón vegetal y, al perder su oxígeno, la malaquita se descomponía y el cobre puro emergía en forma de pequeñas gotas brillantes entre las brasas."Comprender cómo se llevó a cabo el procesamiento de la malaquita en la cueva es uno de los aspectos clave de nuestra investigación. En estos momentos estamos centrando nuestros esfuerzos en reconstruir las secuencias de trabajo y las técnicas empleadas por estas comunidades para transformar el mineral en cobre", asegura Tornero. En esta línea, Julia Montes-Landa, especialista en arqueometalurgia prehistórica del departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Granada, destaca que el yacimiento es clave para el estudio de los inicios de la metalurgia: "Para avanzar en esta cuestión estamos desarrollando análisis fisicoquímica de alta resolución que nos permita identificar los procesos implicados en la obtención del cobre", detalla. El estudio conjunto de estos procesos no solo permite comprender mejor las capacidades técnicas de las comunidades prehistóricas, sino también el papel que los entornos de alta montaña pudieron ejercer en la innovación tecnológica durante la prehistoria reciente.

Un colgante con un diente de hueso

Entre los materiales recuperados en la cueva, destacan también dos colgantes, uno elaborado con una concha marina (Glycymeris) y otro con un diente de oso pardo, que seguramente eran ornamentos personales. No es excepcional encontrar colgantes hechos con concha, pero no es nada habitual encontrar de dientes de oso y posiblemente tenía algún significado simbólico.

Hace unos cinco mil años la zona estaba llena de bosques, que fueron desapareciendo con la ganadería. "Era un paisaje alpino, con un clima parecido al nuestro; en invierno hay bastante nieve, por eso exigía una planificación, porque solo se podía ir durante pocos meses al año, y tiene lógica que la explotación fuera en esta cueva porque cerca hay un punto de captación de malaquita", detalla Tornero. Las evidencias recuperadas indican que los fragmentos minerales eran introducidos en la cueva y posteriormente fragmentados o procesados en el interior, hecho que sugiere una explotación sistemática de minerales ricos en cobre. En el yacimiento los investigadores han podido encontrar evidencias de una clara organización interna de las actividades, con estructuras y áreas diferenciadas. “Este yacimiento demuestra que los Pirineos no eran un territorio marginal para las comunidades prehistóricas, sino un espacio plenamente integrado dentro de sus estrategias de movilidad y explotación del territorio”, concluye Tornero.

Fragmentos de malaquita, mineral rico en cobre, recuperados durante los trabajos de excavación en la Cueva 338.
Colgante elaborado sobre incisivo de oso recuperado durante los trabajos de excavación en la Cueva 338.
stats