Los jugadores del Girona FC visiblemente afectados por el descenso a Segunda División.
Act. hace 26 min
Periodista y escritor
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1. El sábado por la noche se consumó el drama deportivo. El Girona empató en casa con el Elche y descendió a Segunda División. Si el disparo al palo de Lemar hubiera entrado, la fiesta grande en la plaza del Vi habría durado dos días. Pero cuando el fútbol sí que va de un pal es señal de que las cosas no se han hecho bien. Esta mala racha de final de temporada (ninguna victoria en los últimos ocho partidos, 4 puntos de 24 posibles) ha sido prácticamente simétrica a un inicio de curso de tropiezos continuos. La condena han sido los misérrimos 41 puntos conseguidos. Hace un año, también con 41 puntos, el Girona pudo salvarse jugando con fuego. En esta ocasión, no ha habido suerte, y la afición, al final del partido, señalaba el palco y se balanceaba entre el apoyo de condolencia y las críticas a los jugadores. 

2. Cuesta entender cómo, en tan poco tiempo, se ha pasado del todo a la nada. Justo hace dos años, el Girona tocó el cielo. Quedó tercero en la Liga, solo superado por Madrid y Barça, obtuvo 81 puntos (el doble que ahora) y consiguió marcar 85 goles, más incluso que el Barça de Lewandowski. Este año, solo ha hecho 39. Y, a gol por partido, te vas al infierno. En aquel momento de gloria, cuando el Girona se puso líder de Primera División, Pere Guardiola, presidente del consejo de administración del club, hizo una entrevista a El Periódico con un titular que dio la vuelta al mundo: “El Girona es el primer equipo de Catalunya”. El equipo de Míchel marcaba cuatro goles al Barça tanto en Montjuïc como en Montilivi, y su fútbol vivo, espontáneo, espectacular y sin complejos maravillaba a todos. Y este fue, paradójicamente, el inicio del fin.

3. Los jugadores del Girona se hicieron un nombre y todo el mundo se enamoró de Dobvik o de Aleix García, que se marcharon traspasados, o de Eric y de Savinho, que volvieron a los clubes que los habían cedido. El Girona perdió cuatro piezas importantes y se iba a jugar la Champions con una plantilla debilitada sin que el City Group, el propietario del club, estuviera a la altura del momento. La ilusión por jugar la máxima competición del fútbol mundial también se giró en contra de los blanquirrojos. Tantos esfuerzos entre semana para jugar ocho partidos de Champions con resultados pésimos se pagaron muy caros en la Liga. No había plantilla para dos competiciones tan exigentes. Quique Cárcel, el director deportivo que parecía el mejor del planeta, en dos veranos ha fichado un puñado de medianías que han aportado poco o nada: Van de Beek, Asprilla, Miovski, Witsel, Bryan Gil, Abel Ruiz, Vanat, Livakovic... El segundo año, también se marcharon jugadores clave del mejor Girona, como Miguel Gutiérrez o Yangel Herrera. Y el City, mucho más preocupado por el Manchester que por el equipo de Montilivi, no se ha comprometido lo suficiente con el proyecto. Con ceder a Reis o Echeverri para que tuvieran minutos no ha sido suficiente.

4. Sin goleadores, sin potencia en el centro del campo y con una defensa de pacotilla, Míchel no podía hacer milagros. El entrenador de Vallecas, tan integrado y tan querido por méritos propios, tuvo que esforzarse para obtener refuerzos. Algunos, cuando llegaron (como Ter Stegen) se le rompieron al segundo partido. Las bajas por lesión de tantísimos jugadores han sido un lastre, pero a Míchel también se le ha secado el aura. A partir del momento en que sonó para entrenar al Ajax o, incluso, para sustituir a Guardiola en el City, el equipo ya no ha vuelto a ganar. Si los jugadores notan que el entrenador tiene la cabeza en otra parte, mal asunto.

5. Las múltiples causas del descenso son claras. Las consecuencias, más allá de La Devesa, también son un golpe duro para el fútbol catalán. El año que viene, solo Barça y Espanyol estarán en primera. En Madrid, mientras tanto, seguirán teniendo cuatro equipos, con los éxitos añadidos del Getafe, que jugará en Europa, y con el Rayo, que está a punto de disputar el partido más importante de su historia: la final de la Conference League.

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