Literatura
Cultura 05/05/2022

Blanca Llum Vidal: "Escribir una historia de amor heterosexual es casi irreverente, ahora"

Escritora. Publica 'La princesa sois Vos'

5 min
Blanca Llum Vidal, a la librería La Memoria del barrio barcelonés de Gràcia

BarcelonaLa primera novela de Blanca Llum Vidal empieza con alguien que confiesa que le gustaría atarse por la espalda a otro para ejemplificar la devoción que siente por este. La princesa sois Vos (Club Editor, 2022) invierte los roles del amor cortés de la Edad Media: es una mujer quien confiesa, a lo largo de 28 epístolas breves, el deseo por un hombre en el que piensa desde su aislamiento. El libro es la anticrónica de un amor clandestino, una fiesta lingüística floreciente donde la poeta rehúye la acción y se instala en una dimensión paralela, impregnada de literatura.

¿Cuándo nació La princesa sois Vos?

— Durante el confinamiento. Le dediqué el tiempo que aparece en las cartas, unos cinco meses. Después lo trabajé. Es un libro muy inmediato. La narrativa me viene de un lugar muy diferente que la poesía. No quiere decir que con una disfrute y con la otra no, ni tampoco que una sea trascendente y la otra no; de hecho, no me interesa hacer este tipo de poesía. Con la narrativa río mucho. Me permito hacer el payaso. Y lo digo con todo el respeto por los payasos: los admiro.

¿Lo dices por las situaciones que describes? ¿Por el uso del lenguaje?

— El tono de este libro es paradójico. Está lleno de palabras en mayúsculas: conceptos como el Pensamiento o la Razón te los encuentras junto a unas Bragas o una Granada. Hay una topada entre un mundo serio, el de la burocracia y los documentos –que me viene de leer a Kafka–, con la gran carcajada que es el personaje. La princesa sois Vos lo escribe alguien que básicamente se ríe de ella misma todo el rato. Es como una opereta bufa.

Es una opereta ambientada en el presente, pero que nos remite al mundo de los trovadores. Nos explica la devoción de una mujer por un hombre a quien bautiza como la princesa, como si nos encontráramos en un poema de Guillem de Berguedà.

— Es una lectura interesante. No es que yo no lo vea así: hay una gran decepción con el presente, necesito mirar atrás, y el artefacto estilístico que le saco es este. Aparecen los trovadores y este tipo de locura amorosa que trastorna a la narradora, pero también hay una mirada al siglo XVIII. E incluso hay guiños a la época de entreguerras.

Te propones abordar el amor desde varios tiempos.

— Ella escribe cartas de amor a un tío que tiene la santa manía de no contestar. El amor lo engloba todo, pero también hay temas de la política del momento, de la epidemia y de cómo se ha gestionado, de la tristeza y la rabia que me han provocado las instituciones catalanas los últimos años.

Es un libro que parece escrito en clave. También en esto me recuerda el amor cortés. ¿Cómo encontraste la forma de explicar lo que querías?

— La forma es un ataque de cuernos. Me gustan tanto los epistolarios y las cartas en que los amantes se escribían de vos –me parece estiloso y sexi– que lo imité. Como en tantos otros momentos, el referente directo fue Marina Tsvetáyeva y las cartas que se escribía con Borís Pasternak y con tantos otros amantes, hombres y mujeres. También la correspondencia entre Ingeborg Bachmann y Paul Celan, que es un gran ejemplo de cómo el sufrimiento y el amor se mezclan como una sopa.

En el libro hay amor. También envidia y celos.

— Son dos sentimientos que moralmente no se aceptan. Hay toda una serie de cosas que sentimos y que parece que ya no toca hablar de ellas. La sociedad y, sobre todo, el feminismo los condenan. La protagonista del libro se ata directamente al otro al principio: rechaza ser independiente y fuerte. Me gusta recoger las cosas buenas y malas que nos pasan por dentro. Si sentimos celos, no lo tenemos que negar, sino trabajarlos.

¿La voz que nos explica La princesa sois Vos es crítica con el feminismo?

— Dialoga con él. Hay textos feministas que me han marcado. Tengo la sensación de que hay obras teóricas feministas que se vomitan en la ficción. Hay novelas que parecen el trabajo final de un máster de estudios culturales. Esta no era mi intención. Un referente importante para mí es Eva Baltasar. Ella describe un mundo en el cual las relaciones son lésbicas, pero no lo convierte en el tema central de las novelas.

¿Hay un punto de provocación en la novela?

— Me gusta haber escrito un libro donde el amor que explico es aparentemente y estrictamente heterosexual. Escribir una historia de amor heterosexual es casi irreverente, ahora. Pero resulta que la princesa es él, que hay un juego con los géneros y ella se conjuga a veces en diminutivo masculino. Aun así, La princesa sois Vos no es un monumento queer. Aunque quiera mucho el movimiento, prefiero no hablar mucho de él, porque al final se acaba institucionalizando y se disuelve. Quizás el libro sea una huida de una cosa y la otra.

El amor que encontramos en la novela es bastante inclasificable.

— La voz que escribe es claramente de una mujer, pero dirigiéndose a la princesa quizás lo que quiere es convertirse en un inmenso caballero. En el amor las etiquetas ni me interesan ni me gustan. Para mí el amor es libre, no es ni hetero, ni poli, ni nada... Llega un momento que todo esto se hace muy pesado, o yo lo veo así. Al final, lo que yo hago es tan demodé que quizás tiene gracia.

Me decías antes que escribiste el libro durante el confinamiento. Quizás te querías comunicar por carta con un mundo que reclamaba una distancia física sanitaria.

— El momento nuestro es muy duro: arrastramos toda la porquería del pasado con una sofisticación tecnológica y capitalista. Esto lo hace más repugnante. En el libro, la mujer habla desde una gran soledad. Yo viví el confinamiento como un privilegio, porque cruzaba la ciudad para ir a la Zona Franca a trabajar. Además, me puse a escribir estas cartas, que fueron una manera de hacer volar la imaginación. No solo escribo "te quiero" al supuesto receptor, sino que le hablo de todos los temas que me pasan por la cabeza.

El deseo es uno de los motores de la novela.

— Hay un deseo físico y a la vez intelectual. Marguerite Duras decía que nunca había podido concebir la sexualidad sin inteligencia. A mí me pasa lo mismo: la cabeza y el cuerpo son inseparables. Escribí La princesa sois Vos porque tenía ganas de hablar de sexo, pero acabo hablando de lenguaje.

También hay la tristeza de sentirse lejos de la persona deseada.

— Sí. Al final, si hay una sexualidad que aquí explico es la de la masturbación. La princesa no me responde. Me la imagino como un tío estiloso y glamuroso que en definitiva es muy vulnerable. Se mueve entre la arrogancia y la debilidad. Es un personaje inteligente que necesita ayuda.

Es alguien con mucha cultura, pero la cultura no lo ha hecho mejor.

— La cultura no salva el mundo y la literatura no salva a nadie. No nos sacará nunca de la miseria. Además, en un momento en que muere gente en la guerra de Ucrania y la amenaza nuclear persiste, a veces tengo una sensación de obscenidad, escribiendo y publicando libros.

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