Memoria Histórica

Escuelas en España que aún mantienen los nombres de dirigentes dictatoriales

En Andalucía, Madrid y Extremadura perviven decenas de centros en memoria de figuras del régimen

Miguel Primo de Rivera
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BarcelonaDespués de cincuenta años de gobiernos estatales, autonómicos y municipales de todos los colores políticos, todavía quedan centros educativos con nombres de dirigentes franquistas y de la dictadura (1923-1930) de Miguel Primo de Rivera. No es tan solo un tema de lentitud, sino también polémico. Este lunes el diario "El País" publicaba que en Alcántara (Cáceres) se ha desatado la polémica porque la comunidad educativa batalla desde hace un año para retirar el nombre del dictador Miguel Primo de Rivera de la fachada de la escuela pública. La escuela se ha topado con amenazas de la extrema derecha, insultos a las maestras y el bloqueo del Ayuntamiento (PP) y de la Junta de Extremadura (PP-Vox). El argumento de la alcaldesa popular, Mónica Granados, para no llevar adelante el cambio de nombre es preservar "la paz social".

Miguel Primo de Rivera, padre del fundador de la Falange, fue consecuente con su denominación, dictadura militar, de la cual no se escondía: declaró el estado de guerra durante más de dos años; prohibió los partidos políticos; suspendió muchos derechos y libertades; reprimió, exilió, encarceló, multó y persiguió impunemente a todos los opositores políticos, sindicales y otros; implantó una censura radical y arbitraria sobre la prensa, el teléfono y el telégrafo; gobernó de manera personal y autoritaria aspirando a llegar a controlar la vida privada de los ciudadanos, y militarizó prácticamente todos los cargos públicos. El caso de Alcántara no es aislado porque en diferentes lugares del Estado perviven decenas de colegios dedicados a falangistas y ministros de Franco. Es el caso del CEIP Primo de Rivera en Alicante, el CEIP José Antonio en Murcia o los centros en memoria de figuras clave de la ideología del régimen como José Luis Villar Palasí en Madrid y Málaga, Adolfo Díaz-Ambrona en Badajoz, Pedro Laín Entralgo en Teruel, Manuel Lora-Tamayo en Sevilla, etc.

Sin nombres franquistas en los centros escolares catalanes

A esta lista de homenajes oficiales se suman diversos centros educativos que todavía llevan el nombre del obispo Leopoldo Eijo Garay. Designado directamente por Francisco Franco como consejero nacional de FET y de las JONS y procurador en Cortes entre 1943 y 1946, Eijo Garay fue una figura clave del nacionalcatolicismo: desde su cargo de arzobispo de Madrid, promovió que el dictador acudiera a los actos religiosos bajo palio, un gesto litúrgico reservado a la realeza y al Santísimo Sacramento que supuso el máximo aval y sumisión de la Iglesia hacia el régimen. En Cataluña, según la consulta que ha hecho el ARA al listado de centros docentes no universitarios, no sobrevive ningún nombre franquista en los centros de educación. Esta información, sin embargo, no ha podido ser confirmada porque la desconocen tanto Educación como la dirección general de Memoria Democrática.

En Cataluña, en 1979, con los primeros ayuntamientos democráticos, se decidió dar la vuelta al nomenclátor franquista impuesto durante la posguerra. En algunos municipios con más rapidez que en otros, se fueron sustituyendo los nombres franquistas por nombres referentes de la cultura catalana o de luchadores democráticos. Uno de los últimos nombres en cambiarse fue en 2018, cuando el Institut Joaquim Bau de Tortosa –llamado así en honor al comerciante tortosino que tuvo importantes cargos durante la dictadura de Primo de Rivera y el franquismo– pasó a denominarse Institut Dertosa.

"La dictadura fue muy rápida cambiando los nombres. En el caso de Barcelona, el 16 de agosto de 1939 ya se cambiaron muchos nombres de escuelas que pasaron a denominarse Generalísimo Franco, José Antonio Primo de Rivera, Calvo Sotelo...", explica el historiador Ricard Conesa, autor de "La ciutat que recorda. Memòries de guerra i dictadura a l'espai públic de Barcelona (Icària - Ajuntament de Barcelona). "En Barcelona, se borraron todos los nombres del nomenclátor que había puesto la Segunda República en tan solo un año, entre 1939 y 1940, y con la Transición fue un lento goteo volver a cambiarlos. Además, se luchó mucho tanto desde el movimiento vecinal como desde el Congrés de Cultura Catalana", añade Conesa. "Sorprende muchísimo que todavía hoy haya nombres de dirigentes franquistas, teniendo en cuenta que es una manera de reconocer y honrar vidas que se consideran ejemplares. Entra en total contradicción con la ley de memoria democrática", dice Conesa.

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