Ethel Cain reina después de la tormenta en el Primavera Sound
La cantante norteamericana destaca en una jornada sin incidencias meteorológicas
BarcelonaDespués de la tormenta llega la calma, dicen, pero también los lamentos, el enfado, las críticas, la comprensión y la resignación, a menudo todo a la vez. Después de que la lluvia y el viento se llevaran buena parte de los cabezas de cartel del jueves del Primavera Sound, el viernes había muchas ganas de disfrutar de una buena jornada de conciertos y de comentar la jugada que dejó fuera del festival a Massive Attack, Doja Cat y Bad Gyal. También se celebraba como una victoria el calor del sol en una tarde de rebequeta, y se compartían dudas sobre cómo se hará la devolución de las entradas del jueves. La dirección del festival comunicó que el lunes se “detallará la operativa de la devolución”, que solo se hará a las personas que compraron la entrada para el jueves –que costaba 150 euros– y no a las que adquirieron el abono para todo el festival –con un precio que llegaba a los 390 euros.
Todas las cavilaciones desaparecen cuando en el escenario hay artistas capaces de captar toda la atención. Como la norteamericana Ethel Cain, responsable de un par de álbumes magníficos, Preacher's daughter (2022) y Willoughby Tucker, I'll always love you (2025), colmados de un singular folk-rock a ratos tenebroso, a ratos luminoso, como corresponde a la ética del southern gothic. Era uno de los nombres destacados de los escenarios principales en la franja previa al concierto XXL de The Cure, que en el momento de cerrar esta crónica justo comenzaban la actuación. Ethel Cain apareció en el escenario Estrella Damm con una puesta en escena vegetal destartalada, como una criatura endogámica de un humedal de Florida o de un arcén de Cercanías desatendido por décadas de mal gobierno, y enseguida tuvo el favor del público que llenaba la plataforma marina. American teenager, el impetuoso inicio del concierto de esta cantante que a veces parece una vocalista de black-metal, dio paso a atmósferas más íntimas, como las de Nettles, una decisión atrevida en el contexto de un macrofestival. Se sale porque prevalen la solidez y la sensibilidad de las canciones, y su magnetismo como frontwoman. Hay algo disruptivo en Ethel Cain, cuando la voz despliega todo el arsenal emocional mientras la batería y el bajo proponen progresiones contundentes en himnos como Ptolomea, Gibson girl y Crush y en una memorable House in Nebraska. De hecho, había gente llorando de emoción en las primeras filas y ovaciones catárticas cuando acababan las canciones.
A la misma hora que Ethel Cain, pero en el escenario Occident, se instaló la nostalgia de principios de los años 2000 con el concierto de Rilo Kiley, la banda norteamericana de indie-rock que estuvo activa entre 2001 y 2010. Dieciséis años después ha iniciado una gira en la que revisitan el pasado, incluidos éxitos como Silver lining y Portions for foxes, que en su momento se hizo muy popular gracias a la serie Anatomia de Grey. La vocalista Jenny Lewis mantiene la estética entre naïf e infantil, pero esto no implica una actuación blanda, sino todo lo contrario: sobre el escenario despliega actitud rockera, y también transita hacia el pop e, incluso, el soul con I never, una de las canciones con las que más puede lucirse. En su reencuentro con Barcelona, Lewis pareció emocionarse al recordar que no venía al Primavera Sound desde 2013, cuando actuó como parte del grupo The Postal Service.
, la colaboración que hizo con Charli XCX en el disco Von Dutch, la colaboración que hizo con Charli XCX en el disco Brat: Rae aprovechó para bajar del escenario para acercarse al público. De repente, el concierto se transformó de recital pop mainstream en una rave de instituto. Para impedir que la euforia bajase lo enlazó con un hit 100% suyo, Aquamarine.
Diferentes articulaciones del ruido
Si se muere tu perro (te compras otro y punto)Agota la suerte, que insiste en: “¿Qué pasará conmigo?” Y con una remarcable y refrescante canción de despecho, Si se muere tu perro (te compras otro y punto): “Si alguien ha sufrido he sido yo”, cantan a la cara del llorica.
Ruido y disonancia en las antípodas del pop ofrecieron los también madrileños Somos la Herencia en el escenario Occident: intensidad y oscuridad eléctrica y electrónica y gritos a las seis y media de la tarde. Y ruido articulado con la afinación de la abyección del death metal (sin bajo) regaló el cuarteto barcelonés Ósserp, uno de los grupos imprescindibles del metal catalán, que aprovechó para estrenar algún tema nuevo que hace justicia y honra un legado que incluye el brutal Els nous cants de la Sibil·la. Empezaron con poca gente en el escenario Port, pero poco a poco, y mientras sonaban L'infinit jou de l'atzar y El rival més fort, bastante gente respondió a la llamada del metal extremo, que siempre tiene un rinconcito en el Primavera Sound. Las primeras horas también permitían pasear por otros rincones del recinto y encontrar gente haciendo cola delante de una camioneta para ponerse joyas en los dientes (“tooth gems” según el anuncio).