Música

Geese triunfa y se cancelan Massive Attack, Doja Cat y Bad Gyal en un Primavera Sound condicionado por la lluvia y el viento

El aguacero olvidó desalojar los dos escenarios principales del festival

Colas de gente saliendo del recinto del Fórum.

BarcelonaDe vez en cuando la lluvia reclama un espacio como cabeza de cartel en el Primavera Sound. Sucedió hace un par de años durante el memorable concierto de PJ Harvey y ha vuelto a ocurrir este jueves por la tarde, cuando el recinto del Fòrum ya estaba bien lleno de un público dispuesto a repartirse entre los diferentes escenarios. La combinación de lluvia y viento, con rachas de hasta 80 km/h, condicionó la primera jornada, y "por motivos de seguridad" se suspendieron temporalmente las actuaciones en los dos escenarios principales de la plataforma marina (donde se cancelaron cuatro conciertos), y más tarde en otros escenarios. Fue la decisión tomada diligentemente por la dirección del festival, y comunicada en catalán, castellano e inglés por todo el recinto. El festival anunciará el lunes el protocolo para el retorno de las entradas del jueves.

A pesar de la lluvia, continuó la actividad en escenarios secundarios en la zona central del Fórum como el Cupra, donde actuaron Oklou y Father John Misty, mientras la organización trabajaba para tener listos de nuevo los dos escenarios principales (los de la plataforma marina) y también el tercero, el Occident (en el Fórum), que había quedado empapado. Finalmente, se tuvieron que cancelar las actuaciones de Axel G, Mac DeMarco y Doja Cat. También se desalojó el recinto de la plataforma marina, que no reabrió hasta medianoche, cuando las tareas de acondicionamiento del espacio hacían pensar que se podrían reprogramar a partir de la una los conciertos de Massive Attack y Bad Gyal, pero no fue posible y tuvieron que cancelarse debido a las “condiciones climatológicas y técnicas”, según explicó la dirección del Primavera Sound en un comunicado. Por lo tanto, Massive Attack continúan teniendo mala suerte con el festival: tenían que actuar en 2020, pero la pandemia de coronavirus obligó a cancelar el Primavera Sound; en 2022 cayeron del cartel debido a una enfermedad, y ahora ha sido la lluvia y el viento.

A excepción de estas cancelaciones del jueves, el resto de actuaciones, en la zona central del Fórum, sí que se pudieron realizar.

Aun así, hubo buenos conciertos antes y –mientras hubo escenarios abiertos– durante la lluvia.

Los macrofestivales son armas de frustración masiva, porque ver un grupo implica perderse media docena que actúan en el mismo horario. En el Primavera Sound, todavía es más frustrante correr para ver el único concierto que se hace a las 17 h en el Auditori… y comprobar que siempre hay miles de personas que han llegado antes. Este jueves, media hora antes del concierto en solitario del norteamericano Cameron Winter, el líder del grupo Geese, los tres mil asientos ya estaban llenos, y todavía había gente haciendo cola fuera por si acaso. La frustración se podía mitigar unas horas más tarde, cuando el mismo Winter actuaba con el grupo en el escenario Occident. Repertorio y actitudes diferentes, claro está.

La lluvia llegó hacia las siete y media, primero tímidamente, precisamente cuando comenzaba la actuación de Geese. El concierto justificó la expectación que había en la parte central del Fòrum, muy llena. Era el nombre joven del día. Lástima que el apoteosis no fuera total: a medida que la lluvia y el viento ganaban intensidad, muchos espectadores se marchaban para buscar refugio. Lo mismo pasaba en otras zonas del recinto. La multitud que se mantuvo delante del escenario pudo disfrutar de un buen concierto comandado por un líder de carisma reservado pero magnético. Acento de Brooklyn, chándal Adidas al estilo de Manchester de los 90 y una inteligente dinámica entre melodía vocal y riffs de guitarra y batería. Todo muy conectado a la historia musical de Nueva York. Geese, que venían precedidos por la buena recepción del disco Getting killed, se han ganado volver al Primavera Sound para actuar en los escenarios principales, si puede ser un día sin lluvia.

Paraguas abiertos durante el concierto de Geese

Padre John 'Rainy'

De los pocos que desafiaron el mal tiempo, Father John Misty, que se podría haber presentado como Father John Rainy, ya que la lluvia siguió castigando al personal congregado en el escenario Cupra a las 23 h. El norteamericano ofreció un show de seductora decadencia, ambientado con luces rojas de local turbio y acompañado de una banda en la que el saxo era el instrumento más prominente y que, por la manera elegante y lánguida de ir desgranando las canciones, bien podrían ser los músicos del Titanic. Eso sí, el barco que se hunde no es la sociedad, sino la autoestima y el bienestar personal: el cantante J. Tillman ha confeccionado esta imagen de crooner del descenso a los infiernos personales, como dejó claro en su solemne interpretación de Mental health.

El concierto lo abrió con el dúo ganador I guess time just makes fools of us all y la autoficción Mr. Tillman, un relato de humor negro sobre lo que le dice un encargado de hotel al ver su muy lamentable estado. En directo, sin embargo, esta parte satírica de las canciones pasa a segundo término, ya que la puesta en escena favorece tomarse en serio cantos desesperados como Being you.

La actividad sin lluvia de las primeras horas

La alternativa de primera hora era asomarse al escenario Schwarzkopf, “el de la peluquería” según la sabiduría popular. Antes de las 17 h los surcoreanos Hypnosis Therapy ya repartían beats de rave diurna; de hecho, más que el primer concierto del primer día del festival parecía el último de un after un domingo. El público, agradecido por naturaleza, pasaba el rato bastante entretenido junto al mar, e incluso se agachaba cuando el vocalista se lo pedía a gritos.

Los contrastes son moneda habitual en el festival. Por eso el mismo escenario acogía el magnífico pop de atardecer de Renaldo & Clara. La leridana Clara Viñals comenzó con Repartir y Quines coses de mi, dos de las joyas del disco L’encant, y continuó ejerciendo de referente para tantas artistas que injertan pop en propuestas bailables. Para llegar a los escenarios principales, patrocinados por un banco (Revolut) y “la consejería de Música” (Estrella Damm), había que atravesar todo el recinto, pasando, por ejemplo, por el nuevo miniescenario Disney o por las barras, donde la cerveza cuesta 6 euros, uno más que el año pasado.

Carteles anunciando la suspensión temporal de las actuaciones

Una vez en la plataforma marina (el Mórdor alfombrado de verde según el pueblo), Blood Orange, el proyecto del británico Devonté Hynes, repartía un sensible R&B atmosférico con guitarra. Sin embargo, a media tarde era más estimulante la oferta de escenarios pequeños, como la del Port, donde actuaron las británicas The New Eves: rock vestido de punk con violonchelo, violín y flauta y una innegable capacidad para sorprender, recordando a la primera PJ Harvey, rememorando la determinación rítmica de las Riot Grrrls o proponiendo espirales de electricidad postpunk. Espléndidas, claro. Y después entre el público en el concierto de Geese.

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