Gerard Oms: "Llega Mario Casas y dice mi nombre ante toda España"

Es uno de los principales 'coach' de actores del estado, una profesión hasta ahora tabú que lo ha catapultado a la dirección de cine

BarcelonaGerard Oms no para de trabajar en el cine pero no delante de las cámaras. Hace un trabajo que hasta hace poco era casi tabú: es coach de actores. Se dedica a entrenar a los intérpretes para sacar su mejor actuación cuando gritan “acción” en el set de rodaje. “Hago que el hierro esté caliente para poderlo forjar y, si me dejan, le doy forma”. ¿Cómo? Esto no lo quiere revelar al por menor pero se trata de "conectar emociones". Es una figura que entrega su talento a un intérprete y se mantiene en segundo plano o directamente en secreto. “He preparado a actores y actrices para papeles importantes que no podré decir nunca”, admite. 

¿Pero por qué? “Me parece que es un malentendido. Se cree que el actor tiene que llevar el trabajo hecho desde casa, pero no estoy de acuerdo. Un actor necesita un espejo, un espacio donde probar, equivocarse, donde volar”. Mientras que en el teatro se ensaya dos meses, en el audiovisual los ensayos son precarios, cortos y sirven para colocar cámaras o repasar diálogos. Los cineastas suelen mejores guionistas y realizadores que directores de actores, y es difícil que en medio de la vorágine de un rodaje puedan dedicarse a pulir una interpretación o pulsar la tecla de las emociones. Mientras que en una película sí que hay directores de fotografía, arte o sonido, en la mayoría no hay ningún ayudante de dirección en interpretación.

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“Marilyn Monroe fue la primera que se llevaba a la coach a los rodajes (Paula Strasberg) y en Hollywood les estallaba la cabeza, pero era la manera de curarse en salud y asegurarse de que estaría bien. Es muy inteligente, de hecho”, explica Oms. Leonardo DiCaprio llega al set con entrenador físico, coach y dietista, y también han trascendido matrimonios como el de Javier Bardem y Juan Carlos Corazza, pero en general solo se considera imprescindible un coach cuando se trabaja con no actores y con niños, como el caso de la coach Laura Jou con Pa negre o Lo imposible.

Pero las cosas están cambiando. “Llega un día Mario Casas y dice mi nombre ante toda España, recogiendo un premio Goya, diciendo: «Me has hecho cambiar como actor». La gente se empezó a preguntar: «¿Este quién es?» Lo que hizo Mario no tenía por qué hacerlo y fue un pelotazo: dignificó el trabajo del acting coach, se humanizó y humanizó la profesión”. Pero es que no hace ni una semana su nombre también sonó en la gala del Festival de Cine de Locarno, que premiaba a los intérpretes no actores de Sis dies corrents: "Neus Ballús y Gerard Oms cogieron a tres lampistas de la calle, hicieron magia y los convirtieron en actores".  

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Ahora Gerard Oms (Barcelona, 1983) inicia una carrera propia en la dirección. Su ópera prima, el corto Inefable, ha sido premiada y tiene en marcha una película que protagonizarán dos actores famosos (Molt lluny) y rodará otro corto a finales de año (Has estado hace tiempo). “Hay una pulsión hacia tener una voz propia. Tengo ganas de explicar cosas a mi manera, con marca de autor, haciendo cine social e independiente de línea dura. Cuando perteneces a la clase obrera cualquier problema es más problema”, dice, y cita referentes como Ken Loach, Jacques Audiard, Belén Funes, Fernando León de Aranoa o los Dardenne. Tiene ganas de dejar de ser coach, pero sabe que habrá excepciones a quienes siempre dirá que sí, como Neus Ballús, Carles Torres o Mario Casas. Cuando entrevisté a Gerard estaba encantado de trabajar con Bárbara Lennie en Los renglones torcidos de Dios,de Oriol Paulo.

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“Un actor es un material muy delicado”, afirma, diplomático. Lo sabe porque él se formó en el Institut del Teatre, aunque la interpretación no le abrió las puertas de este mundo. Ahora ya está dentro, y quiere ir más a fondo. "Creo que se tiene que hacer cine de todas las voces, porque por herencia cultural las que no han tenido lugar en la cultura audiovisual son las del extrarradio o de las clases sociales menos adineradas", dice este hijo de la Meridiana y del bilingüismo. Después de las primeras experiencias actorales –en lugares como el Far West de Port Aventura y, ya en el teatro, con Obskené y su Fuenteovejuna– tuvo la crisis de los 30 y vagó durante dos años. Un día se presentó para actuar en un corto en el Jaque y acabó ayudando a la directora a dirigir dos niñas gemelas. Allá se le entró el gusano de ser profesor y entró en el estudio de Laura Jou. Gracias a esto acabó trabajando con Isabel Coixet en un corto comercial, que fue su primer trabajo profesional como coach. Ahora está sacando adelante su primera película como director y retrata un episodio personal. "Me fui a vivir dos años en Holanda. Aquí me ahogaba. Fue una búsqueda de la propia identidad. Allá salí del armario: se me abrió el mundo y me abrí al mundo. La película tiene el trasfondo de la crisis del 2008 y de la inmigración", explica. Le dedicará los próximos años. "Sacar una película me parece un milagro".