Arqueología

Hace 25.000 años ya se consumía una de las drogas más populares del mundo

Un estudio publicado en 'Science Advances' demuestra que ya se masticaban nueces de areca en Indonesia durante el pleistoceno

09/09/2026 - 20:02 h.

BarcelonaLa costumbre moderna de mascar nuez de areca la practica aproximadamente una de cada diez personas en todo el mundo. Se suele mascar con la hoja de betel y otros ingredientes como hidróxido de calcio, algunas especias y tabaco, y deja la boca de un color rojo intenso. Recuerda a la nuez moscada por la forma y el color, pero tiene un gusto muy diferente, ligeramente amargo e intenso. Es una droga utilizada sobre todo en Asia tropical y en el Pacífico, y se la considera la cuarta sustancia psicoactiva más popular del planeta, solo por detrás del alcohol, la cafeína y la nicotina. Profundamente arraigada en algunas culturas, su historia tiene un origen mucho más antiguo de lo que se pensaba.

No es ningún secreto que los humanos son consumidores de todo tipo de sustancias que alteran la química cerebral, pero hasta ahora se conoce poco cuándo y cómo se empezaron a utilizar narcóticos, estimulantes o alucinógenos. Los registros arqueológicos habían aportado evidencias del consumo de cerveza de cebada hace unos 13.000 años en Israel; del cactus de San Pedro y el mescal bean en Perú y Texas hace unos 10.000 años; de la coca hace 8.000 años en Perú, o de los hongos alucinógenos hace unos 8.000 años en el Sáhara. A menudo se había teorizado que el conocimiento provenía del ensayo y error o de la observación de los animales, así como de la aparición de las primeras sociedades agrícolas sedentarias durante la Revolución Neolítica. Ahora, un estudio liderado por el equipo del investigador Adam Brumm y publicado en la revista Science Advances hace retroceder el reloj de la historia de las drogas hasta el pleistoceno tardío.

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La pista para hacer retroceder el consumo de esta droga la han dado los restos de dos cazadores de la isla de Célebes (Indonesia). Uno de ellos murió hace entre 25.000 y 16.000 años. El segundo tiene una antigüedad de entre 7.600 y 6.300 años. Ambos murieron cuando ya eran bastante mayores, tenían una salud bucal extremadamente mala y una peculiaridad: un desgaste en los dientes producido por mascar reiteradamente un objeto duro y esférico de entre 10 y 20 milímetros. El equipo de Brumm defiende que es una marca producida por mascar la nuez de areca.

Los esqueletos con los dientes destrozados

"La principal novedad es la integración de dos líneas de evidencia: las huellas visibles dejadas en los dientes y su análisis bioquímico, para plantear la hipótesis de que el masticado de nueces de areca, una práctica todavía extendida en el Sudeste Asiático, tuviera un uso medicinal o recreativo. Si se confirma la propuesta de este estudio, la evidencia presentada situaría el consumo de las nueces de areca en el Sudeste Asiático varios miles de años antes", asegura Marian Berihuete Azorín, investigadora Ramón y Cajal en el departamento de prehistoria de la Universidad Autónoma de Barcelona.

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Hasta ahora se creía que el principal alcaloide neuroactivo de la planta, la arecolina, solo se liberaba al masticar la nuez procesada y mezclada con hidróxido de calcio. Sin embargo, los experimentos de laboratorio impulsados por los investigadores han demostrado que el simple hecho de mantener la nuez intacta en la boca durante períodos prolongados libera arecolina en cantidades suficientes para producir efectos fisiológicos, incluida una salivación excesiva. El análisis biomolecular de los dientes antiguos ha confirmado la presencia de arecolina, así como de compuestos de la hoja de Piper betle, que podrían haber utilizado como aromatizante. Por el contrario, la ausencia de ciertos derivados de la cal y de la típica decoloración roja descarta que masticasen la mezcla moderna.

Atrapados en un círculo vicioso

Dado que la semilla no tiene valor nutricional y que la práctica provocaba lesiones dentales graves e infecciones crónicas hasta exponer la pulpa del diente, los científicos apuntan que la motivación principal debía ser la dependencia física o el uso terapéutico. La arecolina tiene propiedades analgésicas y estimula la producción de saliva y amilasa, lo cual podía ayudar a digerir alimentos ricos y aliviar el dolor. Sin embargo, los cazadores recolectores se podrían haber encontrado atrapados en un círculo vicioso: succionaban para calmar el dolor y alimentaban una adicción que, a la vez, empeoraba su salud bucal.

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Elisa Guerra, profesora titular de prehistoria en la Universidad de Valladolid, subraya que los resultados no solo son la prueba más antigua sobre el uso de vegetales psicoactivos de la que se tiene constancia en el mundo, sino que también demuestran que es una tradición milenaria: "Se remonta a la prehistoria mucho antes de la implantación de la economía de producción".