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Los interrogantes pendientes de un crimen ultra en el Maresme

Damià del Clot y Albert Calls investigan el asesinato de dos jóvenes en 1980 a manos de militantes de Fuerza Nueva

Damià del Clot y Albert Calls
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BarcelonaExhumar un crimen puede tener imprevisibles consecuencias. Cuando el abogado Damià del Clot y el periodista Albert Calls, autores de Dos muertos y medio (Pórtico), entraban en el ARA para realizar la entrevista, recibieron una llamada. Finalmente, habían localizado a una familiar de una de las víctimas del asesinato ocurrido el 20 de noviembre de 1980 en un bosque de Cabrera de Mar. No es el único hilo que han intentado estirar desde que publicaron el libro que intenta despejar un crimen con muchas sombras.

Los hechos que explica el libro ocurrieron la madrugada del aniversario de la muerte de Franco. La noche del 19 de noviembre, Salvador Durán, Cristóbal García (menor de edad) y Antonio Rubio salieron de casa con una carabina semiautomática del calibre 22 y una pistola SAFE, y otra de fogueo, Rohn RG-SS. Durán y García eran miembros de Fuerza Nueva, el partido de extrema derecha fundado por Blas Piñar López. "Salieron con la intención de asustar o hacer algo a los jóvenes que se reunían en el Ateneo Libertario de Mataró. Como no encontraron a ninguno, cogieron a tres jóvenes marginados con los que se cruzaron, les convencieron de que irían a robar alguna casa a Cabrera y se los llevaron al bosque", explica Del Clot. Los tres jóvenes que tuvieron la mala suerte de toparse con Durán y Garcia eran Juana Caso (25 años), José Muñoz (16 años) y Antonio Camacho (15 años).

Cuando estuvieron en el bosque, todos salieron del coche y caminaron un rato. Cerca del albergue de Torre Ametller, Durán sacó las armas. Él se quedó con la carabina semiautomática y dio la pistola a García. Fue Durán quien disparó primero tres disparos, dos contra Muñoz y otro contra Camacho, que logró huir malherido. Tras el intento frustrado de atraparle, de vuelta hacia el coche, Durán apretó el gatillo contra Juana Caso. Dos balas le impactaron en la espalda. Cuando cayó al suelo, le disparó otros cuatro. Tanto Caso como Muñoz murieron esa madrugada. Al día siguiente, extrañamente, Durán buscó cobijo en el cuartel de la Guardia Civil de Argentona. De hecho, pasó todo el día. Qué papel jugaron los guardias civiles es uno de los grandes interrogantes que plantea el libro.

El hecho de que Antonio Camacho consiguiera sobrevivir impidió que el crimen cayera en el olvido. "Sin el testimonio de Camacho, seguramente no habría habido caso porque, entre otras cosas, nunca se encontró el arma del crimen —explica Calls—. Es una historia que siempre me había interesado y, a lo largo de los años, había coleccionado datos y había acumulado información. Cuando se lo comenté a Davià, pero decidimos pedirle el sumario el argumento de la ley de secretos oficiales. Sí logramos la sentencia, y, a partir de ahí, empezamos a investigar los hechos ya entrevistar a testigos, abogados, periodistas, historiadores y al juez instructor del caso".

¿Dónde fue a parar el arma del crimen?

Es un caso todavía rodeado de muchas incógnitas. Del Clot y Calls están convencidos de que existía la voluntad de matar y que había una intencionalidad política. Los crímenes se cometieron el 20 de noviembre de 1980. Salvador Durán era un destacado cuadro comarcal de Fuerza Nueva y sus juventudes. Cristóbal García militaba en Fuerza Joven. Sin embargo, ni Juana Caso ni José Muñoz ni Antonio Camacho eran ateneístas, ni tenían ninguna filiación política. "Esto no quiere decir que su muerte no pueda tener una lectura política. Tiene porque la ultraderecha defiende la seguridad y el orden, y odia todo lo que, según ella, genera inseguridad. Las víctimas son parias que se encontraban en el lugar inadecuado en el momento inadecuado", defiende Del Clot.

Hay un interrogante importante sobre el papel que jugó la Guardia Civil. La sentencia de la Audiencia Provincial de Barcelona condenó a Salvador Durán y Cristóbal García como autores de dos delitos de asesinato y de un delito de tenencia ilícita de armas. "Sin embargo, no menciona la trama política ni indaga lo suficiente en el papel que tuvo la Guardia Civil. ¿De quiénes eran las armas y cómo llegaron a Salvador Durán? ¿La Guardia Civil era quien había proporcionado armas y munición?", se preguntan los autores del libro Dos muertos y medio. La sentencia dice que el arma de los crímenes, la carabina semiautomática calibre 22, desapareció. "En paradero desconocido", dice la sentencia. Durante la instrucción judicial se practicaron registros para encontrar el arma. "Había información de que en Can Vinyamata, una finca propiedad de Hans Beuer, que había sido un alto mando de las Juventudes Hitlerianas, había armas escondidas y que grupos de extrema derecha iban a realizar prácticas de tiro, pero no encontraron nada", afirma Del Clot.

Durante el juicio, Durán nunca reconoció la autoría de los asesinatos de Caso y Muñoz. Todo cambió el 7 de febrero de 1984, cuando hizo una nueva declaración ante el juez. Entonces reconoció los hechos. "Proporcionó nombres, lugares y datos que dejaban policías y guardias civiles al descubierto", afirman Del Clot y Calls. Pocos días después de aquella declaración, el 11 de febrero, se realizaron registros en dos domicilios, en Argentona y en Mataró. Uno era propiedad de Antonio Cuadrado, un guardia civil de Argentona. Tenía una pistola y un revólver, ambos sin permiso. Cuadrado fue detenido e imputado por un delito de tenencia ilícita de armas, pero no se halló el arma del crimen. Lo que sí aparecieron fueron documentos falsos de destrucción de armas intervenidas, aseguran los autores. El 14 de marzo de 1984, el diario El País publicó un artículo que afirmaba que el juez había intervenido un teléfono de la Guardia Civil. En la misma noticia, los periodistas explicaban que los juzgados de Mataró habían recibido un anónimo que aseguraba que el arma del crimen había salido de las dependencias del instituto armado en el que estaba en depósito después de haber sido requisada.

¿Qué se hizo de Salvador Durán?

"La extrema derecha siempre ha tenido presencia en el Maresme. El 4 de marzo de 1979, por ejemplo, se hizo una manifestación ultra en Arenys de Mar", relatan Del Clot y Calls. "Además, hay un vínculo del Maresme con el 23-F. Uno de los grandes protagonistas del golpe de estado de Tejero, el capitán general Jaime Milans del Bosch, tenía una masía en Sant Vicenç de Montalt", añaden. Tras reconocer los hechos, a Durán le agredieron dos veces en prisión de Lleida, donde cumplía una condena de 75 años y 7 días. Tras la segunda tentativa, fue hospitalizado porque resultó muy malherido. "A partir de ahí no sabemos qué le pasó", detalla Calls.

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