Literatura

Albert Sanchez Piñol envía a Puigdemont y Junqueras a cazar Moby Dick

Albert Sánchez Piñol publica 'Después del naufragio', una novela de aventuras en la que se atreve a continuar el clásico 'Moby Dick', de Herman Melville

24/02/2026

Barcelona"A veces me dicen que escribo libros como los de antes, y yo creo que son como los de siempre", aseguró este mediodía Albert Sánchez Piñol (Barcelona, ​​1965) en el Museu Marítim, el escenario escogido para presentar Después del naufragio, la primera novela que publica en Univers –sello de Abacus Futur– después de 25 años en La Campana. Pese a los cambios de tendencias literarias y el relevo generacional, Sánchez Piñol sigue siendo fiel a las novelas de aventuras que le marcaron de pequeño y que le permitieron, gracias a La piel fría (La Campana, 2002), logró un éxito hasta entonces insólito en las letras catalanas. Si esa novela, ambientada en una isla remota, tenía ecos de Robert Louis Stevenson, en Pandora en el Congo (La Campana, 2005) resonaba en ella Joseph Conrad, que ha ido asomado a otros libros del autor. En Después del naufragio, el homenaje es otro gran clásico del siglo XIX, Herman Melville.

La novela llega en un volumen editado en tapa dura y con decenas de ilustraciones de Franc Aleu "creadas a partir de inteligencia artificial, un instrumento tan válido como cualquier otro", ha defendido Sánchez Piñol, que se ha atrevido a reanudar una de las novelas más conocidas Moby Dick, con la que se ganó la incomprensión de buena parte de la crítica de la época y el rechazo de los lectores. Aquel tratado de antropología y amor hacia los cetáceos, uno de los cuales era perseguido obsesivamente por el capitán Ahab, acabó convertido en uno de los monumentos literarios del siglo XIX, aunque cuando esto ocurrió, Melville ya había dejado de escribir novelas y se había pasado a la poesía épica. "Espero vender varios ejemplares más que los pocos cientos que Melville vendió cuando publicó Moby Dick", bromea Sánchez Piñol, que comienza Después del naufragio en el punto donde el norteamericano termina su novela. La ballena ha pulverizado el barco donde viajaban Ahab y su tripulación, y el narrador de la historia, Ismael, vuelve a tomar la palabra. Convertido ahora en Ismael Coficofin, explicará a los lectores cómo le rescata el Lonia, una nave abandonada en la desdicha, que sigue un rumbo errático y que tiene la desgracia de contar con un capitán tanto o más temerario que Ahab.

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Aventuras y política

"Es un libro que condensa buena parte de la narrativa de Albert: elementos simbólicos, atmósferas inquietantes, reflexiones filosóficas e ironía", ha comentado Ester Pujol, directora editorial de Univers. "Moby Dick me ha fascinado porque es un clásico muy raro –asegura Sánchez Piñol–. Tiene una redacción extraña: cientos de páginas que parecen sacadas de un documental de National Geographic. Habla de las relaciones entre naturaleza y cultura. También de lo imposible". Una de las características que más le llamó la atención a Sánchez Piñol del libro de Melville cuando lo leyó por primera vez fue que "tanto el protagonista, Ismael, como el antagonista, la ballena, sobrevivían". Melville ya había previsto en su novela que a Ismael le rescataba otro barco. Sánchez terreno de la fábula política", al igual que había hecho Jonathan Swift a Los viajes de Gulliver.

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"La más fantasiosa de mis novelas es la menos imaginativa –ha reconocido el autor–. Los hechos que hemos vivido me daban todo el material para ir avanzando". Sánchez Piñol escribe sobre la pugna por el poder a partir de la experiencia de Coficofin al Lonia. "Si lo comparáramos con el presente estadounidense, es fácil ver cómo demócratas y republicanos se pelean por el control de la nave mientras el monstruo viene por detrás", añadió. "La llegada de Trump al poder me estimuló a continuar Moby Dick", admite, antes de describir al actual presidente de Estados Unidos como "el orangután naranja". El símil político con el proceso de independencia catalán también se hace evidente: los dos capitanes del libro podrían ser Puigdemont y Junqueras. "La literatura no es para cobardes –dice Sánchez Piñol–. Tenemos derecho a ver los eventos políticos a través de las novelas: si para mí la mirada al Proceso empezó con Victus [2012], ahora lo cierro de alguna manera con Después del naufragio".

El escritor asegura que los personajes de Después del naufragio son "literariamente interesantes, más ambivalentes y políticos, tanto en lo que se refiere a la relación entre ellos como con Moby Dick", continúa. "Quizás hubieran podido matar a la ballena, pero no lo han hecho, dirán algunos lectores. Esto podría adecuarse a un fenómeno sociológico que me era muy tentador de coger". La monstruosidad de Moby Dick "apesta, pero a la vez hace soñar". Es un animal invulnerable. "Es el mal en clave política, un mal que existe y nos ataca", remarca el autor. Arrastra a todas las víctimas que ha tragado, entre ellas el capitán Ahab. Ismael, el narrador de la historia, es "lo único que quiere mantenerse al margen de atacar a la ballena, pero acabará empuñando al arpón".

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En la novela de Sánchez Piñol, "los dos capitanes rehuyen la responsabilidad, pero la ballena les acabará pillando: es demasiado grande para escaparse". ¿Por qué la rehuyen? "En un determinado momento, Ismael le pregunta esto mismo al capitán del Lonia, y él responde que no quiere poner en peligro a la tripulación. Ismael replica que por qué motivo, entonces, han zarpado del puerto". El autor de Después del naufragio dice que si el lector quiere saber su postura política, tendrá que leer la novela. Una pista: parte de las fotos que se ha hecho en el Museu Marítim están delante de una barca que lleva por nombre República.

En relación al papel de la inteligencia artificial en el libro, ha defendido el método "de un artista como Franc Aleu", pero ha reconocido que se está llegando a una frontera peligrosa. "Estoy publicando mucho antes de que la inteligencia artificial me jubile –ha dicho–. Cuando empecé a utilizarla para ponerla a prueba, creía que la máquina dominaría el lenguaje, pero que no entendería el contenido: me equivocaba. Ahora mismo, la IA sabe mejor que el 90% de escritores cómo empieza y termina una historia". Aún así, en los textos que crea por suerte, y de momento, "no hay sustancia, sufrimiento ni angustia". Somos "en ese cruce en el que la inteligencia humana y lo artificial todavía colaboran". Este pacto, al igual que en cualquier negociación política, puede romperse en cualquier momento.