"Cuando hay una gran cosecha de aceite nadie se queja; ¿por qué se quejan si hay muchos libros?"
La CEO de Penguin Random House y el presidente de los editores, David Fernández, debaten sobre el libro como industria creativa
BarcelonaA veces, los entornos ajenos a tu burbuja te permiten hablar con más libertad que ante una audiencia experta pero con el ceño fruncido. Con ganas de ver si pesco pez fresco, me planto en una charla sobre industrias creativas que monta el BCD en la Juno House (un club elegante situado en la antigua harinera de la calle Aribau) con la directora general de Penguin Random House, Núria Cabutí, y el editor de Edhasa y presidente del Gremio de Editores de Cataluña, Daniel Fernández. La charla comienza con una breve pero interesante disputa lingüística (y el acto se acaba haciendo en catalán) que enlaza con el hecho de que "Barcelona es capital de la edición en catalán y en castellano". "No hay ninguna otra industria que, desde Cataluña, lidere como lidera el sector editorial", destaca el presentador del acto, el publicista Enric Jové. "Pues nos ha costado que el ministerio de Industria entienda que somos una industria. El volumen de negocio del libro en España es de 3.000 millones de euros. En un año buenísimo, el cine español recauda de 80 a 100 millones. Pero ellos tienen los Goya y una maquinaria de propaganda brutal —dice el presidente del Gremio—. Eso sí, nosotros somos una industria que tiene el prestigio intelectual. Por eso Amazon se puso a vender libros".
"El rol del editor ha cambiado mucho en los últimos veinte años. Antes leías un manuscrito y decidías publicarlo o no por intuición. Ahora sumamos la analítica del mercado y la innovación: salimos a buscar contenido de temas de los que se está hablando o de segmentos que no están cubiertos", explica la supereditora, que viene directa del Círculo de Economía. Su empresa, que edita para España, Portugal y América Latina, facturó 410 millones en 2025. En Edhasa, en cambio, se fían básicamente de este intangible que es "el olfato". "No hacemos business intelligence ni prospectiva de mercado. Si veo que las primeras diez páginas de un original no andan, confieso que salto a las diez finales. Sé que me deben haber pasado por alto algunos éxitos", admite Fernández. Este es el juego. "Una de las magias es el manuscrito que todavía te sorprende", dice el editor.
Los peligros de la IA
El sector se mantiene alerta ante la irrupción de la IA, que ha obligado incluso a Amazon a limitar la autopublicación por la avalancha de contenido creado con IA. En Penguin la usan para mejorar la producción (lo llaman "time to market"), la predicción de la demanda y la distribución, no para trabajos creativos: "La creatividad humana no está superada por la IA. La IA no puede hacer nada nuevo, y eso es lo que buscamos como editores. No queremos más de lo mismo. Queremos cosas diferentes y que tengan sentido —dice Cabutí—. Con la IA hay que tener muchísimo cuidado. Como tenedores de la propiedad intelectual somos muy rigurosos". Por eso picó la cresta a los organizadores de la charla e hizo cambiar la imagen de publicidad del acto: eran imágenes de las redes pasadas por la IA.
Ante la concentración editorial, la directora de una multinacional como Penguin Random House afirma que su filosofía es "máxima diversidad e independencia en los equipos creativos de los sellos, y máxima unificación en el back office". Para Cabutí, la clave del negocio es la inversión en la cadena de distribución. "Cuando iba a reuniones en Nueva York, todos los gurús decían que en 2025 el 80% del negocio sería digital", recuerda. Las editoriales de allí desinvirtieron en almacenes, pensando que pasaría como en el sector musical, el periodístico o el cinematográfico, que el negocio se transvasaría a plataformas online. "La sorpresa es que quince años después el 80% de las ventas son en libro físico; aquí, en Inglaterra, en Estados Unidos, en Alemania...", y todas las plataformas que han aparecido han ido a favor de la promoción de los libros. Incluso han hecho que los jóvenes vuelvan a engancharse a la lectura.
Al contrario de los libreros y las editoriales pequeñas, los grandes editores no encuentran que se publique demasiado. Se editan 100.000 ISBN al año en el Estado, pero Fernández calcula que a las librerías llegan solo 30.000. "Cuando hay una gran cosecha de aceite nadie se queja. No entiendo por qué se quejan si hay muchos libros", objeta Fernández. "Quizás la librería generalista tendrá que elegir y se irá a un modelo de librería especializada. No vas a una tienda de ropa y esperas encontrar todas las marcas, ¿verdad? No lo veo un problema", coincide Cabutí. "Los editores tenemos mucho ego pero hay pocos sellos que el lector reconoce. Es lo que intentan las editoriales pequeñas o medianas, sellos como Anagrama, Acantilado, Asteroide...", afirma Fernández. Y Cabutí lo ve así: "En el mundo cada vez habrá más contenido y será más fragmentado. Lo tendrás que saber posicionar".