La amistad en las letras catalanas

BarcelonaHe leído de un revuelo No te molestes en contestarme (Empúries, 2026), el libro que recoge las cartas que se enviaron Salvador Espriu y Joan Vinyoli. No son cartas especialmente poéticas, ni políticas o de contexto social. Son misivas personales, los mensajes que se enviaban dos amigos para celebrar las proezas de la vida y maldecir sus dolores y desencantos. En total, recogen cuarenta letras de Espriu en Vinyoli, ocho de Espriu en Teresa Sastre (la esposa de Vinyoli) y sólo siete de Vinyoli en Espriu.

Según las estudiosas Natàlia Juan y Georgina Torra, responsables del volumen, que han preparado como miembros de la Cátedra Joan Vinyoli de poesía contemporánea de la Universidad de Girona, "tanto Vinyoli como Espriu eran conscientes del valor que lectores e investigadores darían a sus documentos, pero decidieron tratarlos". Vinyoli conservó prácticamente todas las cartas que recibió, e incluso las ordenó y fotocopió, mientras que Espriu eliminó las que había recibido, así como las dedicatorias que le habían escrito, para que nunca pudiera juzgarle por su vida personal. También pidió a amigos y conocidos que destruyeran las cartas que él había enviado, pero, por suerte, la mayoría no le hicieron caso.

Cargando
No hay anuncios

Es así como, en este volumen, justamente la persona a la que más podemos leer es Salvador Espriu. Y, de hecho, el tono del libro lo marca él, y es el mar de dulce. Ambos se admiraban mutuamente y, además, como explican Juan y Torra en el prólogo, compartían un gran recuerdo por un amigo común, Baltasar Rosselló-Pòrcel, muy querido por ambos. Lo que más me ha gustado de estas cartas es el apoyo sin fisuras que Espriu da a Vinyoli. Incluso en los momentos en que él también está enfermo, anima a su compañero, deja por escrito altísimas valoraciones de su obra, y le empuja a seguir viviendo y escribiendo.

La unión hace la fuerza entre los poetas

Sin embargo, leyendo las cartas me he sorprendido a mí misma de verme tan sorprendida, valga la redundancia, debido a que dos de nuestros autores se dieran este tipo de apoyo tan fiel y absoluto. Hace unos meses hablaba con un grupo de poetas catalanes y me decían que entre ellos hay unos lazos amables y sanos que es difícil que se repitan en otros mundos de artistas con mayor reconocimiento público, principalmente porque los poetas se mueven en espacios tan invisibles por el resto de la gente, y en su mayoría, tan precarios, que la unión acaba haciendo la fuerza. Mireia Calafell, Adrià Targa, Xavier Mas Craviotto, Eduard Olesti o Gabriel Ventura son un buen ejemplo.

Cargando
No hay anuncios

Quizá sea eso, también, lo que les pasa a Espriu y Vinyoli, que se sabían parte de un entorno reducido; aunque el éxito del primero fue extendido y manifiesto en vida. El segundo sufrió más. Vinyoli lo cuenta en las cartas de este libro. Elijo algunas frases: "He pasado y paso una temporada llena de problemas de todo orden: laborales, muy complejos, de salud: depresiones, angustia, desgana de todo" (22 de junio de 1977). Durante buena parte de su vida, el poeta se sintió poco valorado por los lectores y por la crítica, lo que se tradujo en una soledad que a menudo le pesaba demasiado, y que más tarde se sumó a la depresión de Teresa Sastre, entre otras experiencias vitales. De hecho, el título de la recopilación, No te molestes en contestarme, ya es una demostración de amor: es lo que Espriu decía en Vinyoli al final de muchas misivas en las que se preocupaba por él y le enaltecía los ánimos sin esperar nada a cambio.

Recojo unas cuantas frases que Espriu escribía en Vinyoli: "Recuerda esto, te lo ruego: no has pasado por este mundo en vano" (9 de abril de 1963); "Tu obra es una realidad enriquecedora y espléndida, y no pasará ni un cuarto de siglo que esta verdad no sea válida e indiscutible para todos" (7 de junio de 1963) o "Has pagado, pagas y pagarás un precio muy caro por tu singularísimo don, pero no dudes que vale la pena" (21 de octubre de 10). Este otro fragmento también demuestra el cariño general que Salvador Espriu profesaba sobre sus compañeros: "Liberado del miedo a juventud de manifestar mis sentimientos, quiero aquí repetirte que quiero tu poesía –y la de Rosa [Leveroni], y la de Rosellón, y la de Testridor– como si fuera la mía (o más aún) la mía (o más); objetivarla adecuadamente Creo que los cinco hemos hecho en conjunto un trabajo lleno de significación, al menos en relación con nuestro momento y nuestra lengua, y hemos levantado un edificio, cuyas proporciones el tiempo determinará, pero no del todo inútil y absurdo y, sin embargo, misteriosamente unitario de mi casa. de mayo de 1963).

Cargando
No hay anuncios

¿Hay alguna amistad así, en las letras catalanas actuales? Me gustará que algún escritor me lo diga. Siempre me ha hecho lástima la frase aquella que dice que los buenos amigos puedes contarlos con los dedos de una mano. Pero al igual que todo el conocimiento popular, seguro que es cierto y que hay que rendirse. En todo caso, Espriu era un gran amigo para Vinyoli, y cuando uno termina la recopilación de cartas, todo el sentido que encuentra es el de comprobar el cariño mutuo que se tenían. Cómo dejó escrito Vinyoli en la dedicatoria de su Obra poética, 1975-1979: "A Salvador Espriu, poeta y amigo muy querido y admirado, que en mis años de soledad desértica nunca dejó de conhortarme y apoyarme".

Cargando
No hay anuncios