Literatura

El arte de mentir: de ser un pecado a convertirse en 'trending topic'

La filósofa Sira Abenoza propone en 'Si todo fuera mentira' un recorrido por la evolución de los conceptos de 'verdad' y 'mentira' a partir de grandes figuras que han reflexionado sobre ellos y de ejemplos literarios como la 'Odisea', de Homero, y 'Crimen y castigo', de Dostoievski

03/10/2026 - 07:55 h.

BarcelonaQuizás porque "todo el mundo miente en un momento u otro" –según afirma Jean-Luc Nancy en La vérité du mensonge (Bayard, 2021)–, la verdad está en una crisis permanente. Esta crisis se ha agravado durante las últimas décadas por el final del relato único propugnado por la posmodernidad, la multiplicación de la capacidad de impacto y la transmisión de mentiras a través de las redes sociales, que se han convertido en uno de los grandes trending topics de nuestro presente, y la expansión preocupante de las falsedades que puede transmitir la inteligencia artificial.

"Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres": ha llovido mucho desde este mensaje de Jesucristo recogido por Juan en su evangelio a finales del siglo I. Si todo fuera mentira, el nuevo ensayo de Sira Abenoza (Igualada, 1980) –que Arcàdia publica el 13 de octubre–, reconstruye la evolución de dos conceptos que se han estudiado de manera muy desigual a lo largo de la historia. "La filosofía ha tenido la tendencia de centrarse más en el estudio de la verdad por diversos motivos", comenta Abenoza, filósofa, profesora titular del departamento de sociedad, política y sostenibilidad de ESADE (URL) y directora de La Casa de los Clásicos. "En primer lugar, por el tipo de personas que tradicionalmente se han dedicado a la filosofía: la mayoría han sido hombres sometidos a una presión notable para establecer la norma. El epifenómeno de este tipo de pensador sería Immanuel Kant, alguien incapaz de convivir con la incertidumbre y los grises que necesita pautas absolutas y establecer principios. Después hay un cambio de enfoque de la disciplina: la filosofía helenística estaba muy vinculada a la vida, pero en etapas históricas posteriores se volvió más especulativa. En este sentido, indagar en la verdad interesa más, porque la verdad estaba ahí antes que nosotros y seguirá estando cuando ya no estemos. El estudio de la mentira, en cambio, se relaciona más con las debilidades y la oscuridad humana", explica Abenoza.

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Sira Abenoza está convencida de que "indagar en la mentira sigue siendo incómodo". "Cuando éramos pequeños nos decían que mentir estaba mal y que era un pecado, y es de las primeras cosas que todavía pedimos a nuestros hijos, que no mientan", continúa. Si todo fuera mentira profundiza en el tema de la caída del vel de la ignorancia: "Es cuando nos damos cuenta de que la existencia tiene algo de farsa, que no todas las personas a quienes queremos y que nos quieren nos dirán siempre la verdad". A partir de entonces se acostumbra a dejar de buscar la verdad con la misma avidez que antes. "Desde hace unos años ya no pido saber la verdad de mis amigos ni de mi pareja –escribe Abenoza en el ensayo–. Ya no miro nunca, por iniciativa propia, las encuestas de evaluación de los cursos que imparto. En general, debo decir que vivo bastante más feliz sin saber la verdad de algunas cuestiones. Ignoro si tiene que ver con el paso del tiempo, con la experiencia acumulada y con darse cuenta de que, a veces, las verdades hacen daño y son difíciles de superar".

Si todo fuera mentira arranca con una anécdota profesional reveladora. "En 2015, en la segunda edición de un curso de filosofía para estudiantes de derecho e internos penitenciarios, vivimos una escena memorable que poco o mucho se ha ido repitiendo el resto de años que lo hemos hecho. Un interno, el José Luis, dijo que en la realidad de una prisión el 80% es ficción, porque muchos presos optan por ponerse una máscara ante la educadora y le prometen que se portarán bien a cambio de permisos para salir. Cuando los estudiantes y el profesorado entramos en la prisión para hacer un curso, lo hacemos con prejuicios: los internos se merecen estar allí porque son malos, ¿no? Este es el sentimiento general. A medida que pasa el tiempo, todos empezamos a conectar y a empatizar con los internos. Nos creemos lo que nos dicen hasta que llega el día en que se produce una fisura en el relato, como aquella vez que el José Luis admitió que dentro de la prisión todo era una farsa".

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La inteligencia de los hombres falsos

A partir de esta historia vivida en primera persona, Sira Abenoza mira hacia atrás con el objetivo de volver a las primeras reflexiones filosóficas sobre la mentira, que no es exactamente un antónimo de verdad, "porque mientras una puede existir por sí misma, la otra requiere de alguien que le dé vida". En uno de los Diálogos de Platón, Hipias menor –escrito en el siglo IV a. C. y disponible en catalán en la Fundació Bernat Metge gracias a la traducción de Joan Crexells–, Sócrates discute con el sofista Hipias de Élide sobre qué es mejor, si un mentiroso o un ignorante. "Sócrates sostiene que los hombres falsos son inteligentes, tienen malicia y saben lo que se hacen, mientras que los ignorantes no pueden llegar a ser falsos –explica–. Para Sócrates, el mentiroso es mejor que el ignorante porque para poder llegar a ser falso en una materia antes se tiene que haber llegado a ser docto. Sócrates e Hipias llegan a esta conclusión lógica, aunque ni ellos mismos acaben de estar convencidos. Lo que me parece importante de este diálogo es que nos hace ver la importancia que el conocimiento tiene para Sócrates. Debemos velar por saber; es esto lo que nos debería mover. El sabio tendrá tendencia a elegir el bien y a no hacer el mal, según Sócrates. En caso de que elija la mentira será un escalón para ir a mejor".

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Uno de los precursores en el "pragmatismo de la mentira" es Odiseo, el héroe que protagoniza la Odisea, de Homero. En este texto fundacional de la tradición literaria occidental fijado por escrito en el siglo VIII a. C. –que Pau Sabaté ha vuelto a traducir hace pocos meses para la Bernat Metge Universal–, Odiseo "consigue ganar la guerra de Troya y, más adelante, volver a casa con los suyos gracias a las mentiras –asegura Abenoza–. Lo que haya hecho para conseguir los objetivos que lo convierten en héroe es relativamente irrelevante. Visto desde el siglo XXI, esta estrategia tiene un punto maquiavélico, pero en la Antigua Grecia, la palabra más cercana a mentira era pseudos, que tenía un campo semántico mucho más amplio; era un cajón de sastre que incluía diferentes formas de disociación entre lo que decimos y lo que hacemos. No era solo un engaño, sino que también podía tratarse de un error, de una astucia, de una ficción y de una ilusión".

El "corazón doble" del mentiroso

Dos filósofos posteriores "con una mirada extrema sobre la mentira", y muy influyentes, fueron Agustín de Hipona e Immanuel Kant. En el tratado Sobre la mentira, escrito a finales del siglo IV, san Agustín denuncia "el corazón doble" del mentiroso. "Por un lado, calla aquello que sabe o que opina que es verdad, y por el otro dice aquello que piensa o sabe que es falso", leemos en Si todo fuera mentira. Para el teólogo y filósofo cristiano, la mentira es un pecado que hay que condenar. "La escisión o discordancia entre la cabeza y los labios es lo que caracteriza la mentira —dice Abenoza—. Una parte queda opaca y la otra se exterioriza. Esta noción de san Agustín es la que más ha marcado la tradición posterior y la manera como hemos concebido la mentira en Occidente".

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Sira Abenoza considera que el teólogo y filósofo "tiene una dureza salvaje hacia sí mismo y un autoodio terrible" que se traducen en "la obsesión por la pureza" que le permite "considerar, incomprensiblemente, que la mentira menos grave es aquella que dices para evitar la humillación física, por encima de la mentira que se dice para salvar la vida de alguien". También Kant, a finales del siglo XVIII, tensa la cuerda sobre la imposibilidad de aceptar ninguna mentira. "Plantea un principio que es incompatible con la vida, porque dice que la mentira no es justificable en ningún caso –expone Abenoza–. A ojos de Kant, la mentira es un rechazo y la aniquilación de la propia dignidad del hombre porque comunicar a otras personas lo contrario de lo que pensamos, sin advertirles que pensamos lo contrario, va directamente contra la finalidad de comunicar los pensamientos y, en consecuencia, es una renuncia a la propia personalidad".

Benjamin Constant introduce en Sobre las reacciones políticas (1797) una grieta en la implacabilidad de Kant. "En el ensayo se pregunta si es legítimo mentir para salvar la vida de alguien –recuerda Abenoza–. Para Kant, si un asesino entra en casa de alguien buscando a un enemigo y te pregunta dónde se esconde, si sabes dónde está se lo tienes que decir, aunque diciéndole la verdad puedas llevar a la injusticia de la muerte de alguien. Benjamin Constant, en cambio, expresa que alguien que quiere hacer daño no tiene derecho a saber la verdad".

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El martillo de Nietzsche

Ya en el siglo XIX, Friedrich Nietzsche utiliza su martillo filosófico para desmenuzar la noción de verdad. "Para Nietzsche, la realidad es la intemperie —comenta la autora de Si todo fuera mentira—. Hacemos ver que hay verdades pero no es así o, como mínimo, no podemos transmitirlas con certeza porque las comunicamos a través del lenguaje, que es esencialmente metafórico". La contundencia de Nietzsche no solo abre brecha entre los pensadores de la época, sino que también impregna de nihilismo la obra de novelistas como Fiódor M. Dostoievski. En Crimen y castigo (1866; en catalán en la Bernat Metge Universal, traducida por Miquel Cabal Guarro), el escritor ruso es capaz de hacer decir a uno de los personajes del libro: "¡Mentira a mentira se llega a la verdad!". "Nietzsche pone en cuestión la verdad como categoría: lo que para él es relevante es quién tiene más fuerza para crear una idea e imponerla", dice Abenoza.

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En este sentido, Nietzsche conecta con la noción de mentira que alabará más adelante el pensador de Mollerussa Josep Torres Tribó en Elogio de la mentira (1928; recuperado por Cal·lígraf en 2022) y también con el concepto de "mentira moderna" que expone Hannah Arendt en el ensayo Truth and politics (1967). "Arendt profundiza en la mentira desde la dimensión de la manipulación política –dice Abenoza–. Al final de la historia que ella estaba testimoniando, la humanidad no había llegado al saber absoluto, sino que había evolucionado hacia la mentira absoluta. Los regímenes totalitarios monopolizaban la verdad y la mentira, pero no eran los únicos: también lo hacían los estados democráticos".

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De la mentira moderna a la posmentira

Si en el siglo XX abundó una mentira moderna "que quería sustituir la realidad por un relato falso y ficticio", el siglo XXI ha visto consolidarse una nueva realidad, "el bombardeo constante por mentiras de todo tipo". "La posmentira actual sería la pandemia de la mentira –afirma Sira Abenoza–. Hay mentiras que obedecen a intereses económicos y otras que se dicen por causas políticas. Hay pequeños grupos o colectivos más o menos organizados como los terraplanistas y negacionistas de todo tipo: del cambio climático, de la evolución, del Holocausto o de los genocidios, el movimiento antivacunas, QAnon, Pizzagate, la manosfera...". Todos estos relatos y contrarrelatos proclamados "con una miríada de intenciones y de arbitrariedades que hacen que no tenga ni orden ni concierto" son recibidos por un "sujeto líquido o ausente", recuerda la autora, y a menudo acaban convertidas en trending topic, antes de ser reemplazadas por la siguiente oleada de falsedades.

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Últimamente, la inteligencia artificial ha instigado la circulación de algunas mentiras, errores y glitches que son "seguidas por muchas personas y pueden ser amplificadas a través de la red". La capacidad de mentir, que hasta ahora era exclusivamente humana, ya ha sido adoptada por máquinas que saben reproducir nuestra inteligencia. Quizás sea, como se ha comentado durante las últimas semanas, con la voluntad última de exterminarnos como especie. "La inteligencia artificial nos podría matar a todos a finales de esta década", aseguraba Jacob Coxon, ingeniero de Anthropic que anteriormente había trabajado para OpenAI, en su carta de dimisión. También se podría dar el caso de que estas y otras declaraciones alarmistas contribuyan a agrandar un poco más el tsunami de la posmentira, que amenaza con borrar las pocas certezas que quedan en la sociedad.

La mentira, eje del Festival Clàssics

La 8ª edición del Festival Clàssics, que se celebrará en diversos espacios de Barcelona entre el 8 de octubre y el 17 de diciembre, tiene como hilo conductor la mentira. "Este año no venimos a denunciar la mentira. Venimos a exhibirla –con curiosidad y con humildad–: a mirarla dos veces, a abrirla en canal, a interpretar su sentido oculto, a juzgar las pruebas y a sacar nuestras propias conclusiones", afirma el texto de presentación de este festival de artes contemporáneas y pensamiento que detallará la programación el lunes 5 de octubre.