Cómo atrapar el espíritu de un río
La artista visual Anna Dot se adentra por primera vez en la narrativa en 'El Ter. Una biografía'
'El Ter. Una biografía'
- Anna Dot
- La Magrana
- 300 páginas / 22,90 euros
No hace mucho, el escritor inglés Robert MacFarlane, toda una autoridad de la no ficción sobre naturaleza, publicó un libro que se titulaba ¿Están vivos, los ríos? —en castellano disponible en Angle— donde planteaba la posibilidad, estudiada por él y por otros escritores y activistas del ecologismo, de tratar los elementos de la naturaleza como seres vivos, y por tanto abrir un campo infinito de nuevas preguntas y posibilidades: ¿cómo debe ser, este trato? ¿Tienen derechos y deberes? ¿Los podemos proteger con leyes, como hacemos con los colectivos vulnerables? Bien que tienen un nacimiento, y una muerte, y que hace unos cuantos milenios que están en la Tierra, bastante antes que nosotros como especie.
Es toda una tendencia a la que se adscribe la artista visual Anna Dot (Torelló, 1991), que por primera vez se adentra en la narrativa para intentar atrapar algo que quizás es inabarcable: el espíritu de un elemento de la Naturaleza. El planteamiento es precioso y rehúye la narrativa convencional: una narradora, que se bautiza a sí misma como Biógrafa, recorre a pie todo el cauce del Ter, desde el nacimiento de las primeras fuentes en el Pirineo hasta la muerte (o desembocadura) del río en el Ampurdán, narrando y describiendo todo lo que ve. Pero no hace paisajismo, ni recurre solo a las armas de la literatura, sino que lo injerta de análisis histórico, conocimientos científicos y un cierto vuelo filosófico. Así, se van sucediendo encuentros con personas vivas y personas muertas, insectos y espíritus, y se repasan los contratos que regulan el uso del agua al mismo tiempo que se nos explican leyendas y costumbres como la tradición de llamar Tinyosa a la neblina matinal de la Plana. Todo transpira una especie de panteísmo vital que dialoga muy bien con el momento histórico que vivimos, cargado de incertidumbre, urgencia y un cierto espíritu apocalíptico.
Escuchar las voces de las piedras
Antes de empezar, la autora se somete a un hechizo al cual invita a los lectores y que le permitirá escuchar las voces de las piedras, los picos, los árboles y los animales que irá encontrando a lo largo del camino. Aparte de visitar depuradoras de agua y refugios de montaña o estaciones de esquí (Vallter2000 está justo en el nacimiento del río), la Biógrafa sufrirá una especie de alucinaciones temporales que la convertirán en testigo de episodios tan alejados en el tiempo como un parto de la época romana a la orilla del agua o la inauguración de un refugio de montaña en los años cuarenta del siglo XX, y que contribuirán a completar el pasado del Ter. Sufrirá alucinaciones visuales, también: la visitará un hombre-serafín con alas con el cual se desplazará de encina en encina por la plana de Vic, entre el hedor de los purines y disquisiciones sobre la actitud de Pasolini o las acciones de Perejaume. Será engullida por las propias aguas que quiere biografiar, y sufrirá una crecida que la convertirá en una molécula más, para despertarse, al final de todo, tumbada en la playa de la Gola del Ter, donde termina su trabajo como Biógrafa.
Anna Dot ha escrito un libro que quiere hacer de eslabón entre la huella que los humanos dejamos en nuestro entorno natural y la respuesta, a menudo irritada, de este entorno. A ratos es un poco confuso, porque le faltan elementos narrativos que lo apuntalen un poco más, pero está lleno de hallazgos y hay que aplaudir su intención y su espíritu: “Hay un intercambio, un flujo continuo. Como en todo origen, este final también es dialéctico, una tensión permanente de posibles.” Es en esta tensión permanente de posibles en la que nos movemos todos, lectores y escritores.