Perejaume: "Es una locura que la especie humana haya decidido olvidar la naturaleza"
La editorial La Otra publica 'L'Escrita', un libro que incluye reflexiones, poemas, ensayos y textos performáticos


BarcelonaLos lectores de Perejaume (Sant Pol de Mar, 1957) saben que, en sus poemas, aforismos y ensayos, la creación literaria y la naturaleza se entrelazan, se alimentan mutuamente e incluso se confunden. Por decirlo en palabras que se pueden encontrar en La Escrita, su último libro, "el texto se asienta siguiendo la pendiente del terreno", hay "una brisa húmeda que corre siempre letras arriba" y se puede "encuadernar varios valles ligados por la vaguada". "Ah, ¡quién supiera escribir cómo cualquier montaña escribe!", exclama el autor en uno de los segmentos de La mesa abierta, la sección inicial que abre el volumen.
Publicado por L'Otra, La Escrita toma el nombre de un afluente del Noguera Pallaresa y representa, a la vez, la última muestra de una literatura "aguagrafiada" y "fontasserenada" que previamente ha dado libros tan deslumbrantes como Obra (Ediciones 62, 2003), Sacar una virgen a bailar (Galaxia Gutenberg, 2018) y El sol y las hogueras (Tushita, 2022). "Perejaume es un autor que tiene necesidad de expandirse: tú le quitas tres ramas de texto y él le amplía una hectárea", comenta la editora Maria-Arboç Terrades en relación con cómo ha crecido el libro durante los últimos meses. El proyecto empezó a partir de dos textos performáticos: El arboricultor, un encargo de Xavier Albertí para el Teatre Nacional de Catalunya que se estrenó en 2020, y La Escrita, representado en la Biblioteca de las Aguas de la Universidad Pompeu Fabra en dos ocasiones, en 2022 y 2024.
Enseguida se añadió una de las aportaciones más singulares del volumen, Mujer, motivado por un viaje del 2023. "Dodona es un oráculo de Zeus situado en el Epiro. Fue el oráculo más antiguo de Grecia –comenta–. Allí, el Dios de los Dioses hablaba por boca de árbol. Era un roble sonoro. Un árbol que emita sonidos me atrae mucho". Cuando regresó del viaje griego, Perejaume subió hasta un robledal del Montnegre que conoce y pasó una noche: "Quería ver si los árboles me decían algo", dice, antes de recordar que en su estudio tiene precisamente una mesa de roble. Es el sitio donde suele escribir. Una vez más, naturaleza y creación quedan ligadas.
A La Escrita, los árboles son tan importantes como las montañas y el agua. "Los ríos son los vehículos que tienen las montañas para descender. Su escritura va hasta el mar", afirma Perejaume, que durante el último año ha trabajado en los tres textos iniciales del libro: La mesa abierta, Hidrografía y Veintidós cuencas, y el del epílogo. En todos ellos la naturaleza late con una lengua dúctil y esponerosa: "El río sonoro y el árbol hablante se pueden emparejar y generar un discurso", dice, y menciona, entre las figuras inspiradoras, nombres habituales en su obra como Joan Brossa, Carlos Santos y JV Foix, pero también Eduard Fontserè (1870-1970), padre de la meteorología catalana. "Es una locura que la especie humana haya decidido olvidar la naturaleza –explica–. El mundo tecnológico es acósmico e inmundo, en el sentido de que quiere suplantar al mundo con todas las de la ley. El hombre no puede separarse de la naturaleza que lo ha creado y lo cría".