Literatura

Un buen libro contra la domesticación

En 'Teoría de géneros', Josep Girós pone el foco en una tentación tan antigua como el ser humano: clasificar aquello que no entiende

07/09/2026 - 07:18 h.

'Teoría de géneros'

  • Josep Girós
  • La Segona Perifèria
  • 176 páginas / 18 euros

En Teoría de géneros, segundo libro de Josep Girós (Tarragona, 1968), el arquitecto y escritor pone el foco en una tentación tan antigua como el ser humano: clasificar aquello que no entiende. La literatura tampoco se escapa: novela, poesía, ensayo, thriller, autobiografía, ciencia ficción... Géneros, subgéneros, etiquetas o compartimentos que prometen orientarnos antes de abrir un libro y que, a menudo, solo sirven para decirnos qué debemos esperar de él. Girós escribe precisamente en contra de esta necesidad de poner cada cosa en su lugar. El autor juega con la misma idea de clasificar hasta hacerla tambalear. Y lo hace con una paradoja que recorre todo el libro: juega a clasificar mientras cuestiona la clasificación. En lugar de aceptar las divisiones académicas de los géneros, propone una mirada propia, deliberadamente excéntrica, y convierte la taxonomía literaria en un terreno de juego. El libro no quiere resolver qué es una novela, un poema o un ensayo, sino preguntarse por qué nos calma saberlo. Clasificar un libro también es domesticarlo: anticiparlo, reducir su misterio. Girós parece sospechar que la literatura empieza a perder algo justo en el momento en que creemos haberla entendido. Teoría de géneros se aleja del ensayo literario solemne, aquel que parece exigir al lector que mantenga una cierta gravedad incluso cuando habla de libros. Aquí no hay ninguna voluntad de construir un sistema definitivo de erigir una nueva Biblia de la clasificación. La propuesta tiene más interés cuando se resiste a ser convertida en doctrina. Y aquí aparece una de sus mejores armas: el humor. No como adorno, sino como una manera de pensar. Girós usa la broma para desmontar la formalidad con la que a menudo hablamos de literatura y de cultura, esta necesidad ridícula de convertir cualquier experiencia lectora en una operación de prestigio. Dejar espacio para el error y la sorpresa

Teoría de géneros es menos un manual que una provocación. No ofrece una brújula para que el lector no se pierda, sino que le sugiere una idea mucho más incómoda: quizás perderse es, de hecho, la mejor manera de leer. La paradoja es deliciosa: para rebelarse contra las clasificaciones, Girós tiene que fabricar otras (narraciones inacabadas, narraciones admirablemente incomprensibles, narraciones traducidas más de una vez al catalán, etc.). El juego también tiene reglas, pero estas no pretenden encarcelar la literatura, sino demostrar que toda frontera es provisional, artificial y revisable.Esta conciencia salva Teoría de géneros de convertirse en un mero catálogo de excentricidades. Por debajo del juego hay una cuestión más profunda: ¿qué pasa cuando dejamos de leer para confirmar aquello que ya sabíamos? En una época en la que los algoritmos deciden cada vez más qué leemos, dejar espacio al error y a la sorpresa es casi un acto de resistencia. Josep Girós no pide que abandonemos los géneros, sino que no los convirtamos en fronteras. La literatura más viva siempre ha sido un poco contrabandista: entra en territorios que no le corresponden, mezcla registros, roba formas y desobedece las etiquetas que intentan retenerla. Al fin y al cabo, el libro parte de una pregunta aparentemente modesta y acaba tocando una cuestión esencial: ¿hasta qué punto necesitamos ordenar el mundo para poder habitarlo? Girós responde con una propuesta que prefiere la grieta al muro, la curiosidad a la certeza y el desorden a la tranquilidad de tenerlo todo clasificado. Quizás leer no consiste en saber en qué estante debemos poner un libro. Quizás consiste en sacarlo del estante y ver qué pasa.