Literatura

Chica de clase baja aspira a escribir

En 'Nadie me esperaba aquí', la periodista Noelia Ramírez reflexiona sobre sus orígenes y sobre la trampa del ascensor social mediante el esfuerzo educativo y el engaño de la meritocracia

Una trabajadora doméstica, en un domicilio.
24/02/2026
3 min
  • Noelia Ramírez
  • Anagrama
  • 144 páginas / 14,90 euros

"Si uso la primera persona del plural es porque la genealogía de las hijas de la periferia española no se está escribiendo sola", nos dice la periodista Noelia Ramírez (Esplugues de Llobregat, 1982) en Nadie me esperaba aquí, que lleva por subtítulo Apuntas sobre el desclasamiento. Y cita, entre otros, a la madrileña Alana S. Portero y su excelente La mala costumbre. Porque esta genealogía la están escribiendo autoras que vienen de clases subalternas que nos brindan sus testimonios de vida, en clave autobiográfica o de ficción, ficción siempre arraigada a la realidad.

Cuando Ramírez –que en el apellido ya delata sus orígenes inmigrantes, y con mucho orgullo– era adolescente soñaba con trabajar sentada, lo que significaba no hacer un trabajo de los que ensucian. Su padre trabajaba en una fábrica y su madre, que valoraba la independencia económica y le decía que nunca dependiera de un hombre, realizaba trabajos en la zona alta de Barcelona. La suya es una de las muchas historias de "hijas de los toldos verdes del extrarradio y del 'desarrollismo' franquista". Jóvenes que son las primeras de la familia en pisar la universidad y que acceden a puestos de trabajo que los suyos nunca habrían soñado.

El desclasamiento, un viaje de ida y vuelta

En los últimos años su testimonio está enriqueciendo nuestra literatura, este organismo vive que se ensancha a medida que las voces se multiplican. Por último, hay quien puede dar la voz a los que nunca la han tenido. Ramírez lee Brigitte Vasallo –que reivindica a los hijos de la inmigración, los "charnegos"– y nos explica que, a diferencia deAnnie Ernaux, ella no escribe para vengar su raza. "Mi trayectoria como intrusa en una esfera que no parecía hecha para los míos podría verse como una traición de clase, pero yo he aprendido a ver el desclasamiento como un viaje de ida y vuelta".

Sirviéndose de sus referentes culturales, denuncia la trampa del ascensor social mediante el esfuerzo educativo y el engaño de la meritocracia. Nos cuenta sus intentos por asimilarse a la universidad, con compañeros de procedencia diversa a la suya que leían Bukowski y veían cine coreano. Es lo mismo que le pasa, por cierto, a la protagonista de Listas, guapas, limpias, deAnna Pacheco, uno de los primeros libros de esta temática. Nos dice que las personas que se mueven en ambientes que de forma natural no les pertenecen se ven obligadas a desplegar un carisma extra. Un mecanismo parecido al doble esfuerzo que debemos hacer las mujeres para llegar a los mismos lugares que los hombres, pero en clave de clase.

La autora experimenta también el sentimiento de impostura de la que habla Sara Ahmed, los momentos de humillación y la capacidad de dar la vuelta a la rabia: "Todas las veces que me he sentido humillada por mi origen han servido para construirme –escribe–. De esta rabia e impotencia, se las hace, de las que se me hacen, de esta. Ha sido un pensamiento, escribir este texto hecho con el hígado y un poco a modo de catarsis. Hay momentos, incluso, en los que Ramírez evoca por su tono la Teoría King Kong de Virginie Gastos, porque nos llega y nos conmueve.

Nadie me esperaba aquí es un libro para ressignificar la desclasación y, asimismo, para demostrar el derecho a escribir después de aprender a leer "sin libros ni historias como las nuestras". Pero también es un libro sobre el luto por la muerte de la madre víctima de un cáncer. De esa madre que no fue a la escuela, que tenía la cocina como templo y que se deslomó para que ella pudiera, algún día, publicar este libro.

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