Cierre de ciclo postapocalíptico a través de la metaficción
Jaume Pallardó sorprende con 'Martina y la isla', una novela gráfica sobre la creatividad y el paso a la vida adulta con diversos niveles narrativos
- Salamandra Graphic216 páginas. 26,95 euros
Martina vive en una isla; es recepcionista de un hotel y durante los ratos libres trabaja en su primer cómic. Pasa los días junto a Jon, su mejor amigo. Hasta que conocen a Sofía, una exitosa ilustradora que se parece a Martina. Jon, medio en broma, piensa que puede ser su doble. Esta es la premisa de Martina y la isla (Salamandra, 2026), de Jaume Pallardó (València, 1978), habitual de la escena del fanzine valenciano y autor de la serie L’Olivera (2024), para el ARA. Su último cómic largo, La muerte rosa (Che Books, 2018-2019) es muy notable. En su nuevo trabajo, finalista del Premio Fnac-Salamandra, trata motivos muy visitados en la metaficción posmoderna: los cómics sobre gente que hace cómics ya son prácticamente un género en sí mismo, con sus manierismos particulares. Pero Pallardó trabaja con una mecánica de mise en abyme, es decir, de historias dentro de otras historias –la central, la del cómic que dibuja Martina y la novela que escribe el protagonista de este segundo cómic–; otra convención narrativa que, en este caso, se remonta a Las mil y una noches.
A pesar del riesgo de caer en lugares comunes, la historia funciona porque Pallardó es consciente de los tópicos y no se deja gobernar por ellos. Así, consigue una ficción absorbente y muy pulida en la que el aspecto metanarrativo se introduce inteligentemente y todo encaja, incluso elementos inesperados que rozan lo fantástico. Las ficciones que habitan dentro de la trama principal nunca tienen una presencia excesiva: se leen con la voz narradora de Martina como comentario autoconsciente de su realidad. El gran hallazgo está en unos personajes nada estereotipados, apoyados en diálogos veristas y precisos –es un cómic notablemente bien escrito, como el anterior, un hecho no tan habitual como debería ser–, y sostenidos por un aparato formal muy coherente con el tono narrativo. Pallardó utiliza una línea sencilla y dibuja exactamente lo que necesita cada escena, con un estilo antiespectacular que ni siquiera se deja ir en las escenas de acción. Y recurre a un ballenero azul muy eficaz –con cambios de grafismo para representar los diversos niveles narrativos– que recuerda a Daniel Clowes,, de Ghost world.
En el fondo, Martina y la isla es la historia de una mujer que vive aquel punto entre la juventud y la madurez en que se han de tomar decisiones y encontrar un camino propio. Todo contribuye en el cómic, incluso el inesperado giro argumental hacia la mitad del relato de una inundación que recuerda la dana de Valencia de 2024, y que, introduciendo un subtexto ecologista, nos sitúa en el terreno del género postapocalíptico. Así se cierra un círculo sorprendente: si Pallardó hizo, sin saberlo, la crónica de la pandemia de la covid antes de que pasara, con La muerte rosa, ahora ofrece su visión a posteriori de otra emergencia vivida en primera persona que se integra modélicamente en la ficción y que evidencia que los tópicos solo parecen caducos si se abordan de manera acrítica y rutinaria.