Dime qué libros lees y te diré cómo eres

Hace tiempo que me fijo en que, especialmente en las películas o series románticas, las acciones quedan desligadas de los personajes. Es decir, cuando un personaje se encapricha de alguien, le ama haga lo que haga. Así, las mentiras, los abandonos o las crueldades no disuelven nunca el enamoramiento, porque lo que se ama es una esencia y los comportamientos son solo ruido ambiental que, como máximo, molesta. De hecho, es el mismo mecanismo detrás de la astrología o de la decisión de votar a un partido político porque confiamos más en lo que dice que hace, que en lo que realmente hace. Si queremos luchar contra este mal hábito que es el pensamiento acrítico o mágico, pero no sabemos por dónde empezar a conocer de verdad a una persona, estamos de enhorabuena porque la literatura nos puede echar una mano. La investigadora Annalyn Ng y su equipo llevaron a cabo un estudio con el objetivo de averiguar hasta qué punto los libros que elegimos leer dicen algo de quiénes somos. Para hacerlo, tomaron más de 24.000 etiquetas que los lectores de Goodreads pusieron sobre sus lecturas y las cruzaron con los perfiles de personalidad de 61.662 personas, medidos con el Big Five, cinco dimensiones independientes, cada una entendida como un continuo (es decir, todos nos situamos en algún punto en cada una de ellas): la apertura es la curiosidad intelectual y la atracción por la novedad; la responsabilidad sería la organización y la disciplina; la extraversión es la necesidad de estímulo social; la amabilidad sería la empatía y la cooperación; y, finalmente, el neuroticismo, que es la tendencia a experimentar emociones negativas.¿Qué buscan los lectores más abiertos?

Encontraron que las personas con apertura buscaban novela filosófica, lecturas universitarias y clásicos, mientras que los menos abiertos, fantasía ligera y contenido fácil de digerir. Los neuróticos elegían narrativas que reflejaban su propio estado, como finales tristes, temas de salud mental o realidades alternativas que les permitían escapar de ello. En cambio, los emocionalmente estables iban hacia la autoayuda y la no ficción. Los responsables leían para formarse, y los que lo eran menos buscaban humor y libros juveniles. Los extrovertidos preferían temas sociales, como memorias y novela romántica, mientras que a los introvertidos les gustaba la fantasía, la ciencia ficción, el terror y el manga.La correlación más alta de todo el estudio fue con el grupo de etiquetas back-burner, las que se ponen a los libros que se han aparcado: los títulos que más gente empieza pero no termina eran precisamente los que gustaban a las personas con mayor apertura mental. Así que, para empezar a saber cómo es la persona que tenemos delante, ahora ya no nos bastará con saber si le gusta leer, sino que habrá que preguntarle qué lee y también qué libros deja a medias. Sherlocks literarios o astrólogos: elige a tu luchador.