Paco Roca: “El fascismo es como la energía: no se crea ni se destruye, se transforma”
Dibujando
ValenciaPaco Roca está ocupado. Encima del escritorio de su estudio, en Valencia, encontramos bocetos de su último proyecto: un cómic periodístico sobre la regularización de inmigrantes, que publicará este viernes el ARA, en un ya tradicional diario ilustrado coincidiendo con el Comic Barcelona. Precisamente, Roca visita el jueves el multitudinario salón para inaugurar una exposición sobre su obra, un año después de recibir el Gran Premi del Còmic. Preguntado por lo que cree que justifica una lista de reconocimientos cada vez más larga, Roca especula sobre su legado: haber construido junto a otros autores "un puente entre el mundo del cómic y el lector generalista". Asegura Roca que la mayoría de sus lectores no acostumbran a leer, de cómics, y que más importante que haber expuesto en museos es haber entrado en las librerías de barrio. El prestigio y el éxito comercial han permitido a Roca cumplir el sueño de muchos artistas: ganarse la vida con su arte, sin tener que comprometerlo. Por eso, dice, tiene el privilegio de aceptar solo los encargos que le apetecen. Es el caso del cómic del ARA, que lleva por título El inmigrante en su laberinto.
Firma el cómic con el periodista, también valenciano, Rodrigo Terrasa, con quien ya trabajaste en El abismo del olvido (Astiberri, 2023), sobre las familias que buscan a sus desaparecidos en las fosas de la Guerra Civil.
— Hemos trabajado de manera diferente. El abismo del olvido era más híbrido, más de mi parte hacia la suya, y ahora ha sido al revés. Él ha hecho un reportaje escrito, como los que a menudo hace para prensa, sin tener en cuenta que después se tenía que dibujar. El reto ha sido convertirlo en imágenes y hacer un cómic.
Tu método de trabajo es bastante periodístico.
— El trabajo de documentación casi no se distingue en nada del de un periodista. La base es más o menos la misma cuando hago un cómic periodístico que uno de ficción. Hablo con testigos, contrasto cosas y lo pongo en contexto con el trabajo de historiadores, libros que leo, investigaciones, hablando con gente entendida.
¿Qué te aporta el periodismo como autor de cómics?
— La ficción te lleva a narrarlo todo: pones en boca de personajes cosas que has sacado de aquí y de allá. Es todo una gran falsedad. Lo que me gusta del periodismo es que te exige otro lenguaje. Por un lado, no puedes mezclar quién dice qué. Pero por el otro, te da una gran libertad, porque no todo ha de estar dramatizado o en boca de personajes: cuando hace falta, puedes hacer un paréntesis narrativo y utilizar la voz periodística para aportar contexto y explicar cosas más complicadas. Creo que el cómic se enriquece mucho cuando sale de la ficción desnuda y cruda.
Una parte de tu obra es muy autobiográfica. En La casa (2015) te inspiras en tu padre, en Regreso al Edén (2020) en tu madre, y en tu próximo cómic, El viaje, en una separación. ¿Te ayuda, aparcar la autoficción y explicar historias de otras personas?
— Siempre busco temas que me ayuden a entender el mundo. Intento que los cómics me enriquezcan como persona y como autor. Y las dos cosas van unidas: Busco temas que me lleven a reflexionar, como la inmigración, y que me hagan aprender sobre mí, sobre mis prejuicios, sobre cómo veo el mundo. Y como a menudo son temas que no han sido muy tratados en el mundo del cómic, me obliga a ver qué herramientas puedo utilizar para explicarlo, y esto me hace crecer como autor.
En una entrevista en el ARA con el periodista Xavi Serra decías que el cómic es tu medio para hacerte preguntas e intentar responderlas. ¿Qué pregunta te hiciste en el cómic para el ARA?
— La pregunta es obvia: ¿por qué alguien decide marcharse de su tierra? Nadie escoge nacer en un país en vías de desarrollo, con mucha miseria y alta mortalidad. Entonces, todos haríamos lo mismo: intentar mejorar nuestra vida, intentar ser felices. Me parece increíble la vida de muchos migrantes. Todo lo que han dejado atrás, las familias, un hogar… Pasan mil aventuras, se juegan la vida, algunos duermen en la calle. Y todo esto para venir aquí y malvivir haciendo trabajos que nadie quiere hacer. Y, para colmo, hay quien dice que vienen a aprovecharse, a violar y a robar. Hay un filósofo que asegura que la inmigración se ha convertido en la actualidad en lo que eran las brujas en la Edad Media: la causa de todos los males. Para la ultraderecha, todo es culpa de la inmigración. Es la respuesta fácil.
En cierto modo, ya hablaste de la aventura de abandonar tu tierra en Los surcos del azar (2013), donde hablas del exilio republicano.
— Todas las sociedades pasan por lo mismo: tener que marcharse, ya sea por una guerra, una dictadura, o porque la economía no te permite subsistir. Somos un país que ha vivido todo tipo de éxodos. Por eso es increíble que no seamos solidarios.
La metáfora del laberinto recuerda, precisamente, Los surcos del azar y los mapas sobre los caminos de los exiliados, todos difíciles.
— En el día a día, una mala decisión te puede dejar sin trabajo, pero en general no te cuesta la vida. Pero durante el exilio republicano, te podía llevar a un campo de concentración. Con la migración pasa un poco lo mismo: sales de África y tienes que tomar muchas decisiones con muy poca información, y puedes acabar muerto de un disparo en el desierto, o que te embarques en una patera y te ahogues, o que cuando llegues a España te deporten. Es un laberinto de decisiones que en el mejor de los casos te lleva a situaciones límite.
A Los surcos del azar explicabas la historia de los españoles que liberaron París del fascismo. ¿Cómo ves el fascismo hoy en día?
— El fascismo es como la energía: ni se crea ni se destruye, se transforma. Siempre está ahí; se aprovecha de miedos básicos. Hay momentos en que estos miedos están controlados. Pero en tiempos de cambios, como ahora, salen de golpe y se magnifican. Antes, ser fascista era una vergüenza, pero ahora hay quien está orgulloso de ello. La lucha antifascista debería estar en los genes de cualquier democracia.