Te miras al espejo y dices: «¿Quién es esta señora que me ha usurpado la voz?»
Cristina Genebat presenta su novela de debut, 'Sorra'
BarcelonaSi en la presentación de un libro leen fragmentos Clara Segura, Marta Marco y Cristina Genebat, tienes media faena hecha: ya pueden añadir una pila en el puesto y sacar el datáfono, que pasaremos por caja. Las tres mosqueteras del teatro catalán han desenvainado la espada en el jardincillo de la Central para presentar —todas para una y una para todas— la nueva novela de una de ellas: Cristina Genebat debuta con Sorra (La Magrana), que ganó el premio Sant Jordi en la Noche de las Letras Catalanas.
Hoy escenifican una obra de teatro al revés: entre el público hay gente que habitualmente está en el escenario y Clara Segura y Marta Marco hacen de periodistas, en una especie de rueda de prensa amistosa. Veo a buena parte de la familia teatral de la autora: Laia Marull, Andrew Tarbet, Marc Artigau, Marc Rodríguez, David Selvas, Albert Triola, Carlota Olcina, Montse Vellvehí, Julio Manrique, y se me escapan algunos.
El teatro es una referencia para entender el título, Sorra, que remite a la playa de La tempestad de Shakespeare y aquel "estamos hechos de la materia de los sueños". "La arena es necesaria para hacer castillos. Es una oda a la fantasía, a no perder nunca las ganas de construir castillos de arena —dice la autora—, a ponerse en el lugar del deseo desde edades muy diferentes". Lo hacen sus personajes y es lo que ha hecho Cristina Genebat a lo largo de su carrera. Primero amplió la faceta de actriz con la de traductora, y después con la de dramaturga, y después con la de ensayista (¿Somos iguales o no? Interpretando el feminismo, 2010), y después con la de directora, y ahora con la de novelista. "Te da mucha libertad no tener que pensar en presupuestos, en escribir para cuatro actores; puedes ir a la Luna y volver, y puedes poner una tormenta", dice. La esclavitud es tener que trabajar sola, solo con el ordenador, sin el té y la conversación de antes del ensayo, durante horas y horas de los últimos cuatro años.
Llegar a los cincuenta
En el libro trenza tres perspectivas (yo, tú, ella) y tres edades (12, 23 y 47 años). Inevitablemente, la conversación se encamina a hablar de la elasticidad del tiempo y de su efecto, que todavía es más implacable para las actrices, que son "animalillos vulnerables", dice Marco. "Tenía ganas de hablar del vértigo de hacerse mayor, de llegar a los cincuenta y decir "¡guau!", las cosas cambian, los cuerpos cambian, todo cambia, pero hay una esencia que eres tú y no se modifica, por mucho que el mundo te coloque en una edad. A veces te miras al espejo y dices: «¿Quién es esta señora que me ha usurpado la voz?» porque tú eres la misma de siempre", explica Genebat.
Clara Segura no sabe si sacar un tema del que se nota que han hablado en los camerinos. Genebat la anima: "Te entiendo, es que da rabia tener que hablar de la invisibilidad". El hecho es que la invisibilidad de las mujeres a los cincuenta años ya es un tópico, pero al mismo tiempo es una realidad que se da por hecha y normalizada, a pesar de ser absurda: "Esta invisibilidad tiene que ver con la mirada patriarcal. ¿Existimos para ser miradas? No, todo el mundo existe porque existe. ¡Yo cuando me miro, me encuentro, me veo!", dice Clara Segura. Y nosotros sí que las queremos mirar.