Ada Castells: "¿A quién le ha interesado que la literatura pase a ser puro entretenimiento?"
En la novela 'La antropóloga', la escritora imagina un mundo tecnificado donde los humanos han perdido la capacidad de amar
Barcelona"¿Qué pasaría si perdiéramos la capacidad de amarnos, de ayudarnos desinteresadamente, de tocarnos, de criar a los hijos, de sentir piedad por los demás?", se pregunta Ada Castells (Barcelona, 1968). La escritora ha imaginado un mundo tecnificado donde todo lo hacen las máquinas, incluso a la hora de parir: unas grapas sujetan el cuerpo de la madre, que una vez expulsa a la criatura ni siquiera la toca. Evidentemente, son embarazos donde el sexo no tiene ningún papel. El bebé pasa directamente a una zona de crianza, donde lo educarán las máquinas. Silvia, la protagonista de la novela La antropóloga (Edicions 62), lo pone todo patas arriba cuando nace su hija, María: decide engañar a la máquina y quedarse con la niña. A partir de aquí surgen todo tipo de dudas y una rebelión.
"Es una sociedad muy dirigida a la producción, a la utilidad, al rendimiento. Tienen poco espacio, y todo va dirigido a hacer que funcione, y funciona. Tienen comida, donde dormir, un trabajo, se sienten útiles –que es uno de los componentes que los humanos queremos sentir–, pero, evidentemente están tristes. Hay una plaga de tristeza", dice Castells. De hecho, tienen pánico a la tristeza, y para saber cómo combatirla colocan a una familia de la antigua civilización en un laboratorio y la observan. Silvia es la antropóloga que los mira y toma notas. "Leí informes de antropología y libros de etología porque quería que ella realmente los viera como un grupo de mamíferos y estudiara su comportamiento", añade Castells.
Silvia ha crecido en un mundo deshumanizado. "Analiza a su criatura de una manera científica; es una antropóloga que estudia qué es este trozo de carne que ha salido de sus entrañas, un ser que no habla, que es incontinente, que llora y no entiende nada. Este ser le crea rechazo porque es irracional, no como ellos, pero es precisamente quien le va despertando la capacidad de ser humana que ella pensaba que no tenía", explica la autora, que juega con la ciencia ficción para magnificar las cosas, pero también para que todo sea más divertido. "He utilizado la aventura, la literatura especulativa y la reflexión, y me he sentido muy libre y me he divertido mucho, pero para mí también ha sido un reto no caer en algunos tópicos y llevarlo a mi terreno", remarca.
Los privilegios de los más ricos
Los que viven en este mundo apocalíptico, aparentemente, son descendientes de una clase privilegiada que pudo pagarse la entrada a un refugio de lujo. "Hay una jerarquización cada vez más extrema, y la clase media está desapareciendo. Si solo sobrevivieran 300 personas en el planeta, no seríamos nosotros", admite Castells, que investigó y encontró los Survival Condo, unos refugios en el desierto con todo tipo de lujos para los que se lo pueden pagar y creen que deben prepararse para el colapso global. "Es una ficción que puedan sobrevivir, porque los humanos somos gregarios, necesitamos vínculos para la supervivencia. Pensar que solo unos pocos se salvarán es absurdo", opina Castells. "¿Os imagináis refugiaros con lo peor de la humanidad? ¡Con Musk sería horroroso!", añade.
Una de las cosas que le han costado a Castells es imaginar una nueva escala de valores. La sociedad que imagina entiende perfectamente que a los 40 años la gente deba morir porque solo pueden ser 300 personas. "Nosotros vivimos preocupados por el tiempo, pero tenemos más del que pensamos", dice. En esta sociedad tan pulida y aséptica no hay ni intimidad ni libertad, pero sus habitantes ni siquiera son conscientes de ello. No tienen pensamientos propios. Siempre hay alguna musiquita o unos paisajes controlados que te van modulando el estado de ánimo de una manera agradable. "No quería hacer un mundo como el de 1984, pensaba más en el Un mundo feliz de Huxley. La inteligencia artificial es tan amable, tan complaciente, siempre te da la razón. Que el opresor sea tan amable es algo muy perverso, y es lo que nos está pasando. Sin embargo, Sílvia, la antropóloga, lo que hace es plantar la semilla de la revuelta con su actitud", afirma.
Castells no cree que la literatura deba ser solo entretenimiento: "Cada vez tengo más claro que las novelas tienen un deber moral, algo que va pasando de moda, pero la cuestión es: ¿a quién le ha interesado que la literatura pase a ser puro entretenimiento? La literatura tiene esa capacidad de hacernos reflexionar sobre aquello que nos inquieta y nos preocupa". Y la IA, opina la autora, es un peligro sobre el cual la literatura debe estar atenta: "Existe este nuevo término, que ahora se utiliza, de la pereza cognitiva. Hemos renunciado a imaginar futuros posibles, un mundo mejor, o a crear narrativas que no sean fatalistas", lamenta.