In memoriam

Muere a los 91 años Pere Lluís Font, el filósofo más querido

Premio de Honor de las Letras Catalanas, deja un legado inmenso a través del estudio de autores como Montaigne, Descartes y Pascal

El filósofo Pere Lluís Font.
10/04/2026
3 min

BarcelonaA las puertas de cumplir los 92 años -los habría cumplido el 1 de mayo-, el historiador de la filosofía Pere Lluís Font, un referente para un par de generaciones de pensadores catalanes, ha fallecido este jueves. Premio de Honor de las Letras Catalanas en 2025, realizó a lo largo de su fecunda trayectoria una inmensa labor académica y cultural, siempre desde una discreción sabia y erudita, y solo obtuvo un cierto reconocimiento popular y mediático al llegar a la nonagésima. A pesar de las achaques de la edad, pudo disfrutar plácidamente los homenajes y premios de este tramo final de su vida, acompañado de una envidiable agilidad y vitalidad intelectual.

Pere Lluís Font deja un legado envidiable para la cultura catalana gracias a haberse pasado la vida leyendo y escribiendo. pensando y enseñando a pensar, educando la sensibilidad intelectual de miles de alumnos y lectores de la mano sobre todo del trío francés formado por los pensadores Montaigne, Descartes y Pascal, pero también de Kant, Leibniz, Kierkegaard, Bergson, de Ramon Llull y san Agustín, de los clásicos grecolatinos y de un largo etcétera de autores. Su solidez como estudioso la ha construido desde el rigor y la seriedad, a las antípodas de ningún tipo de vedetismo. Lo que realmente le gustaba era beber de sus autores predilectos, transmitir la pasión que sentía por ellos y pensar de su mano, desterrando dogmatismos. Por eso, Pere Lluís Font, que profesaba una gran estima por la filosofía, ha sido, seguramente, uno de los filósofos más queridos y respetados entre la profesión.

Indisolublemente ligada a su filia filosófica, estaba la estimación por la lengua catalana -él, que dominaba tantas lenguas, vivas y muertas: francés, italiano, inglés, alemán, latín y griego, además, claro está, de catalán y castellano-. El país le debe, en este sentido, la colección de casi un centenar de títulos de clásicos del pensamiento filosófico en catalán, de la que se hizo cargo durante años y que había iniciado en la década de los 70 junto con Pep Calsamiglia y Josep Ramoneda. Un trabajo que sirvió para poner el idioma propio en conversación con el patrimonio universal en el campo del ensayo.

Figura clave en la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) desde sus inicios y durante décadas, siempre buscó el diálogo entre el cristianismo -era creyente- y la modernidad, de aquí su interés por Blaise Pascal. Una vez jubilado, dedicó años a la traducción de los Pensamientos de este capital autor francés, un trabajo ingente que en 2022 le mereció el Premio Nacional de traducción y premio PEN Club catalán. El año pasado aún publicó, antes de recibir el Premi d'Honor, la traducción al catalán de los Poemas esenciales (Fragmenta) de san Juan de la Cruz, de los cuales destacaba tanto su lectura mística como la erótica. 

, declaraba: "Siempre he pensado que la mejor manera de enseñar filosofía es haciendo historia de la filosofía, que es como el laboratorio del filósofo. Terco a la hora de luchar contra el complejo de la filosofía ante la ciencia, también fue muy crítico con la posmodernidad filosófica, que consideraba "un engaño". Al respecto, decía: "Para concretar los rasgos de la cultura actual son mucho más determinantes que la posmodernidad cosas como la globalización, la revolución digital, el feminismo, la revolución sexual y la conciencia ecológica". Le hacía sufrir que el Hobbes del "homo lupus homini" tuviera hoy más vigencia que el Kant de "la paz perpetua" y añoraba los ideales de la Ilustración.

Durante los dinámicos años 70, entre el final del franquismo y el inicio de la Transición, fue asesor filosófico de la Enciclopedia Catalana, activo participante en el Congreso de Cultura Catalana y presidente del Institut Eiximenis ((1975-1980), entre otros cargos e iniciativas. En 1980 participó en la refundación de la Societat Catalana de Filosofia y fue miembro del Col·legi de Filosofia de Barcelona. Su actividad cultural en muchas otras instituciones, desde la Fundació Joan Maragall hasta la Bernat Metge, pasando por la Corporació Catalana de Ràdio i Televisió, denotan tanto su compromiso cívico como su empuje. Y todo esto lo hizo, a lo largo de los años, en paralelo a la labor docente y a una extensa obra con un centenar de trabajos sobre filosofía moderna.

Modesto, ya nonagenario, en una entrevista a este diario, declaraba: "Siempre he pensado que la mejor manera de enseñar filosofía es haciendo historia de la filosofía, que es como el laboratorio del filósofo. Filo-sofía quiere decir amante de la sabiduría. En este sentido, no lo puedo negar, soy filósofo. Pero decir de una persona que es filósofo me parece demasiado solemne". Con solemnidad podemos decir hoy, sin embargo, que con Pere Lluís Font la cultura catalana queda huérfana de un erudito, un historiador, un profesor y un sabio ejemplar. En paz descanse.

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