Literatura

Mujeres "monstruosas": subversivas, atractivas y necesarias

Núria Gómez Gabriel e Ingrid Guardiola presentan 'Feminismo gótico', un ensayo en el que reivindican a más de un centenar de creadoras desafiantes y singulares que han marcado parte de la producción literaria, cinematográfica y artística de las últimas décadas

07/08/2026 - 09:01 h.

BarcelonaLa literatura gótica se popularizó a finales del siglo XVIII y diseminó pesadillas entre los lectores durante buena parte del siglo XIX, con ejemplos tan conocidos como los de Frankenstein (1818), de Mary W. Shelley, Cumbres Borrascosas (1847), de Emily Brontë, El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde (1886), de Robert Louis Stevenson y Drácula (1897), de Bram Stoker. Dos siglos después, Núria Gómez Gabriel (Barcelona, 1987) y Ingrid Guardiola (Girona, 1980), escritoras, docentes universitarias y comisarias de arte, se han propuesto repescar lo gótico "de forma anacrónica y queer para hablar de aquellas emanaciones femeninas de carácter sobrenatural, mórbido, misterioso, tremendo y hasta abyecto, que han resistido el oprobio, la difamación o la violencia extrema". Las protagonistas del ensayo que han escrito sobre el tema a cuatro manos, Feminismo gótico (H&O Editorial, 2026), son escritoras como Virginie Despentes, Mariana Enríquez, Dolors Miquel, Mónica Ojeda y Samanta Schweblin, pero también cineastas como Sofia Coppola y Julia Ducornau y artistas como Louise Bourgeois, Paula Rego y Remedios Varo.

"Uno de los elementos que comparten las autoras que comentamos en nuestro libro es que todas ellas proponen obras literarias, cinematográficas o artísticas en las que salen mujeres que, en lugar de ser víctimas de la escena de terror, como pasa en muchas novelas góticas, se convierten en protagonistas monstruosas –comentan Núria Gómez Gabriel e Ingrid Guardiola–. De aquí que hayamos querido crear el neologismo monstrua para marcar que, históricamente, desde la heteronormatividad patriarcal, se ha erosionado el rol social de las mujeres mediante esta palabra, que se ha convertido en una manera de encasillar los cuerpos disidentes, pero también de quitarles su voz y castigarlas". Feminismo gótico describe esta monstrua polimórfica y desafiante a partir de una veintena de categorías, como el espectral (donde encontramos la ausencia de una madre en No home movie [2015], de Chantal Akerman), la poseída (con la relectura de la bruja por parte de la fotógrafa Bego Antón), la hambrienta (que analiza la pulsión caníbal de la protagonista de Crudo [2016], de Julia Ducornau) y la abyecta (que, en el subapartado dedicado a la maternidad, desarrolla el caso de la saga de Alien, inaugurada por Ridley Scott en 1979).

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La fuerza de las subjetividades excéntricas

En el libro proponemos tres ejes feministas de análisis de la realidad –explican–. El primero es el feminista optimista cruel, en el que los deseos de emancipación quedan capturados por el autocuidado, el éxito o la autosuficiencia. El segundo, el feminista optimista lúcido, que no renuncia a la esperanza y la transforma en una práctica crítica, despojada de triunfalismo y de promesas de reparación inmediata. El tercero es el feminismo gótico, el que desarrollamos nosotras, y que no pretende ni resolver ni normalizar las situaciones: le está bien habitar la contradicción, la grieta y la espectralidad, hace visibles las violencias estructurales e imagina subjetividades excéntricas, desviadas y resistentes". Núria Gómez Gabriel e Ingrid Guardiola sitúan en la mitología griega el inicio del relato que carga contra la mujer. "Las mutaciones y las bestializaciones, que formaban parte del discurso cultural del momento, ya las atacaban –afirman–. Muchos años después, Hélène Cixous, que junto con Barbara Creed y Julia Kristeva ha sido una de las referentes teóricas de nuestro ensayo, le dio la vuelta a la situación: si a la mujer siempre se la ha puesto al lado de la nocturnidad, de la animalidad y la irracionalidad, ¿qué pasa si vive y se desvía a través de estas tres categorías?"

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En Las risas de Medusa (1975; en catalán en Edicions 62, traducido por Arnau Pons), Cixous planteaba que el personaje mitológico de Medusa no es una monstruo que se dedica a castigar a quien se atreve a mirarla a la cara petrificándolo. "Sigmund Freud vinculaba la cabeza de Medusa con la representación de los genitales de la mujer –dicen las autoras de Feminismo gótico–. El mito de Medusa sería, por tanto, un relato sobre la sexualidad femenina como diferencia arraigada en la monstruosidad, que petrifica al espectador masculino por miedo a la castración". Cixous, en cambio, remarca la belleza y las risas de Medusa: "La mayoría de las mujeres que no encajan en el estereotipo del orden y la norma se han acusado a menudo de ser monstruos y se las ha visto como enfermas. La monstruo se afirma y se reafirma cantando, escribiendo, pintando y haciendo surgir algo nuevo".

Feminismo gótico aborda numerosos "desbordamientos de la normalidad" por parte de mujeres como la protagonista metamórfica de La pasión según G.H. (1964), de Clarice Lispector –disponible en catalán en Club Editor, en traducción de Josep Domènech i Ponsatí–, diversas encarnaciones de "mujer artificial por parte de Scarlett Johansson que amenazan el orden y la tranquilidad patriarcal" –desde el sistema operativo informático al que pone voz en Her (2013), de Spike Jonze, hasta el híbrido de cíborg y humana que interpreta en Ghost in the shell (2017), de Rupert Sanders–, el ejemplo de santas que se privaron de comer como Wilgefortis de Portugal, conocida como la santa barbuda, y la relación obsesiva y consoladora con la comida por parte de la escritora y profesora Roxane Gay, detallada en Hambre: Memorias de mi cuerpo (2017; en castellano en Capitán Swing). También estudia la relectura del concepto de bárbara a partir de la mexicana Dahlia de la Cerda en los relatos de Medea me cantó un corrido (Sexto Piso, 2025) y del ensayo Mantenir-se bàrbar, de Louisa Yousfi (Manifest / Anagrama, 2024).

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Reivindicar "el horror blanco"

"En la superficie blanca y luminiscente también hay elementos inquietantes que, cuando se muestran, pueden resultar terroríficos", explica Núria Gómez Gabriel, e Ingrid Guardiola recuerda que "el feminismo gótico no se limita a explorar la oscuridad". En espacios aparentemente seguros y confortables irrumpe, de repente, "el horror blanco". Pasa, por ejemplo, en Las vírgenes suicidas, novela de Jeffrey Eugenides que Sofia Coppola adaptó al cine en 1999 y que explica la historia de cinco hermanas que, a pesar de vivir en un entorno acomodado, toman la decisión drástica de poner fin a sus vidas. O en la novela Mandíbula, que Mónica Ojeda publicó en 2018, en la que una maestra de un colegio del Opus Dei secuestra a una de las alumnas más populares de su clase. "El horror blanco se plantea más como una experiencia de revelación que de ocultación, una atmósfera de angustia constante que aparece con una claridad excesiva", comenta Gómez Gabriel.

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Al otro extremo está la negrura del espacio exterior y las sombras omnipresentes de Alien, que se mimetiza con las formas de la nave espacial donde viaja. "Toda la saga plantea una aproximación filosófica al otro, a la monstrua, que es la madre alien –dice Ingrid Guardiola, que admite su debilidad por las cuatro películas–. La monstrua es una madre abyecta, una vagina que saliva para procrear a través de huéspedes humanos. Cuando nace, desgarra sus cuerpos y los mata. El personaje de Ripley, que interpreta Sigourney Weaver, pasa por todos los estadios de la mutación alrededor de la idea de maternidad, hasta el punto de que en Alien 3 [David Fincher, 1992] acaba embarazada con el huevo que contiene a la bestia".

Feminismo gótico también dedica unas páginas a las necesarias reivindicaciones de mujeres insurrectas como Rosa Parks, que en 1955 se negó a moverse del asiento de autobús donde estaba para ceder el asiento a un pasajero blanco, y desafiaba las leyes de segregación racial de los Estados Unidos, y la revolucionaria feminista y marxista rusa Aleksandra Kol·lontai, que escribía en un ensayo autobiográfico fechado de 1921: "Cuando era una niña a mi madre le preocupaba mucho mi tendencia a no vivir como todo el mundo. Me entendía con el personal de la casa, me ponía a favor de las sirvientas [...], defendía mi independencia, leía con pasión y vivía en un mundo aparte creado dentro de mí y al cual tenían vetada la entrada a los mayores. De pequeña me gustaba escribir, pero me quitaban el papel y la pluma a la fuerza. Por encima de todo, sin embargo, lo que me indignaba era la injusticia y la desigualdad social".

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Un siglo después los numerosos referentes feministas góticos estudiados por Núria Gómez Gabriel e Ingrid Guardiola despuntan en un mundo marcado por la "política del miedo ejecutada por hombres fuertes y desbocados que acumulan poder y siembran violencia alrededor", aseguran antes de citar a Donald Trump, Vladímir Putin y Javier Milei. "El alt-right y las derechas tecnorreaccionarias retoman el imaginario de lo que es sombrío y decadente, como el héroe trágico, el fin de la civilización o el retorno del orden, para estetizar la pérdida de privilegio masculino o blanco –advierten–. El gótico reaccionario se confronta al feminismo gótico exhibiendo la oscuridad como nostalgia de un poder perdido. La ultraderecha ha aprendido a narrar el malestar. Ha sublimado la herida en la identidad, la precariedad en orgullo y la rabia en estética".