Los libros y las cosas

'Poema de Catalunya': el mar de J.V. Foix

Poema de Cataluña
24/06/2026
Director adjunto en el ARA
3 min

Os propongo un plan literario de verano: nadar en nuestro Mediterráneo con los versos y la prosa poética de J.V. Foix. El poeta de Sarrià y de El Port de la Selva pensaba que, ante la inmensidad del mar, los humanos somos unos seres insignificantes, como cagadas de paloma: "La palomaza del mar", decía. Más de un 70% de la Tierra la forman océanos. Una idea que le venía de lejos. Como Fòcius (así firmaba algunos textos en el diario La Publicitat, el mejor periódico de los años 30), juguetón, en un artículo del 1 de marzo de 1932 se cita a sí mismo: "Nuestro sosie J.V. Foix en su libro Gertrudis venía a decir en un poema que de la Tierra se debería llamar el Mar y que los hombres eran larvas de peces rechazados a lo largo de las orillas. El mundo para él es «una pecera esférica lanzada por el espacio para esparcimiento de los ángeles»".

En el libro Mira la mar, Marcel·la! (PAM), Montse Ginesta y Lluís Quintana Trias han hecho una selección de poemas y prosas poéticas de este clásico vanguardista de ecos medievales. Montse Ginesta también ha hecho las ilustraciones. El mar “esquivo” de la noche, el mar estallando de luz bajo el sol abrasador, el mar en calma y el mar furioso, de todas hace salivera. Lo real deviene irreal, viceversa. Pone palabras e imaginación a los enigmas de las aguas saladas y a la arcaica geología del Cap de Creus, a cada guijarro, cada golpe, cada silencio o ventolera, "desnudez eterna, cielos y mar".

A la vista de sus paisajes marinos, Foix se exalta, se apasiona, se desata. Y no para de escribir: "Me levanto por la mañana / y escribo lo que no se puede decir". Los nombres y los verbos y los adjetivos, como olas, se lo llevan mar adentro, roquedal acá: "Dónate toda al mar, y haz el crol / Mientras un vuelo de gaviotas tapa el sol". Los versos le brotan y le florecen de la mano de los "sollozos vespertinos" de las aguas encalmadas, del "desencanto de redes resbaladizas" de las pescadoras barcas de bou, de los misterios cotidianos que lo asaltan en cada rincón. De todo hace un recuerdo, una presencia mágica, un cuento.

Dice: "De lejos todos gritan: ¡el mar!, ¡el mar!; pero al estar delante, calla horas y horas". Él contempló y escudriñó su naturaleza oscura y deslumbradora durante años. Al Port empezó a ir en 1924, veraneaba en una caseta de pescadores que compró a finales de la década de los 40 y se paseaba por las calas con el falucho El freu de la Medella. Un freu es un paso estrecho y poco profundo entre una isla –a menudo llamada meda o medella, si es pequeña– y la costa.

Un 10 de septiembre de 1922, en Sa Tuna, cerca de Begur, con un grupo de amigos, entre ellos el pintor Josep Obiols, reciben a Carles Riba y salen a mar en "un atardecer de eternidad": "Hemos remado, ahora uno, ahora otro, entre tinieblas inmortales, todos callábamos mirando el chisporroteo fosforescente que brota del agua a cada golpe de remo y el rastro de luz que deja el timón, tan claro, que ilumina el fondo de las aguas con luces de aurora". Riba, de vez en cuando, "como si rezara, recordaba versos clásicos". "Pero me he dado cuenta de que cada uno de nosotros vivía intensamente la propia soledad. Yo he sentido un escalofrío semejante al que me dio, de adolescente, la primera lectura de unos versos de En Maragall o de los más frescos y terrenales versos que conozco de En Sagarra".

Otro día evoca al pintor Joan Miró, con quien había compartido la aventura vanguardista. Un Miró que busca a Dios y a quien un amigo del grupo le responde: "A Dios, fuerte y eterno, principio y fin de todo, geómetra de lo absoluto, omnipresente, lo encontraría a todas horas y en todos los países, de cara a mar, sentado, paciente y misericordioso, con los viejos y los jubilados, en el banco de los si-no-fuera". Si no fuera porque se me inflan los pies... ¿Lo entendéis, verdad?

La recopilación que han hecho Montse Ginesta y Lluís Quintana Trias acaba con el Poema de Catalunya, un conocido caligrama publicado en 1920, cuando Foix profesaba un catalanismo radical. Dibujó Catalunya como un triángulo-isla rodeada por los tres lados del mar Mediterráneo. El país ideal, soñado, con el mar eterno como principio y fin de todas las cosas.

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