Literatura

Sánchez Piñol pasa cuentas con el Proceso en la secuela de 'Moby Dick'

En 'Después del naufragio', el autor de 'La piel fría' vierte el rencor vengativo y el miasma de decepción y vergüenza que el fracaso del Proceso independentista ha inoculado en la sociedad catalana

Albert Sánchez Piñol, en el Museu Marítim de Barcelona
28/02/2026
3 min
  • Albert Sánchez Piñol
  • Universo Libros
  • 304 páginas / 22,95 euros

Albert Sánchez Piñol (Barcelona, ​​1965) es un novelista que posee las virtudes de la audacia y del sentido de la oportunidad. Esto me parece que no se le puede regatear, más allá de si sus novelas te gustan más o menos. Cuando digo que tiene la virtud de la audacia quiero decir que concibe proyectos narrativos que son grandes tanto en ambición como en capacidad de sorpresa, y que se atreve a intentar ejecutarlos sin tomar precauciones fabuladoras ni embridarse la imaginación. Y cuando digo que tiene la virtud del sentido de la oportunidad quiero decir que sabe leer los signos e intereses de cada momento histórico y, con una triple mirada literaria, política y antropológica, sabe introducirlos en sus novelas. Lo demostró con Victus y la conmemoración del tricentenario de la caída de Barcelona frente a las tropas borbónicas en la Guerra de Sucesión. Lo demostró con El monstruo de Santa Helena y el afán de relectura de la realidad en clave de justicia feminista que activó el movimiento del Me too. Y lo vuelve a demostrar ahora con Después del naufragio y el rencor vengativo y el miasma de decepción y vergüenza que el fracaso del Proceso independentista ha inoculado en la sociedad catalana.

Después del naufragio, que Sánchez Piñol ha publicado en Universo tras toda una vida en La Campana, es dos novelas en una: es una secuela de Moby Dick y es una alegoría del Proceso independentista. Como secuela de la obra maestra de Herman Melville, Después del naufragio hace bueno el adagio que dice que las secuelas nunca están a la altura del original. Como alegoría del Proceso, funciona mejor en su voluntad de ajustar cuentas con los líderes independentistas que como explicación política de lo que pasó y de por qué pasó. Como son dos novelas en una, trataré de contarme haciendo dos reseñas en una.

Fácil, previsible y pobre

Como secuela de Moby Dick, Después del naufragio es argumentalmente fácil y previsible y literariamente delgada y pobre. Literalmente es una estricta continuación. Tal y como indica el título, Sánchez Piñol retoma la historia justo allá donde la dejó Melville, esto es, tras el naufragio del Pequod, vencido y destrozado por la potencia casi sobrenatural de la gran ballena blanca. El narrador en primera persona de Sánchez Piñol también es el mismo que el de Melville, el marinero Ismael, y las peripecias y desgracias que vivirá en el barco, Lonia, que le rescata de morir en alta mar son, con matices, una réplica exacta de los que ya vivió a bordo del Pequod: la obsesión insensata y condenada al fracaso. Por si fuera poco, al igual que el culpable de la misión maníaca del Pequod de Melville era el capitán Ahab, aquí los culpables también son los dos oficiales de a bordo, el capitán Karl van der Berg y su segundo, el señor Jon Quer.

Todo lo que en materia argumental son semejanzas y mimetismos, en cuestiones formales son diferencias. Mientras que Moby Dick de Melville es una novela de naturaleza, dimensiones y riquezas oceánicas, una novela épica y lírica en la que conviven la aventura, la metafísica, el ensayo y el terror, llena de especulaciones existenciales y situaciones trepidantes y evocaciones sensoriales pletóricas, una novela escrita con una prosa Después del naufragio es una historieta de aventuras con monstruo escrita con prosa gris y funcional, muy inferior al talento demostrado por el autor en novelas anteriores como La piel fría. Da la impresión de que Sánchez Piñol trabaja los materiales con desgana, como si fueran un mero pretexto, y que sobre todo le interesa la alegoría política.

Como alegoría del Proceso, Después del naufragio es lúcida, aunque no es original. Quiero decir que la interpretación de los hechos del Proceso son los mayoritarios entre los discursos y los altavoces no oficiales. Esto es lo que Sánchez Piñol explica: aunque ambos saben que es imposible cazar Moby Dick, porque Lonia es un simple barco atunero y ni siquiera tiene los medios de un ballenero, el capitán Karl van der Berg y el señor Jon Quer hacen creer que sí quieren cazarla y manipulan, cada uno la ambición ingenua de la tripulación de Lonia, todo por pugnar entre ellos por mantener o por conseguir el poder de la nave. Despojado del disfraz de la alegoría, esto es lo que Sánchez Piñol dice: Carles Puigdemont y Oriol Junqueras mintieron usando el ideal de la independencia, en el que nunca creyeron, para alcanzar la hegemonía autonómica, y haciéndolo pusieron a Catalunya y la catalanidad a merced de la b. Aunque carga las tintas en ambos líderes, Sánchez Piñol no exime de culpa a los ciudadanos independentistas, a los tripulantes del Lonia: "Sus prácticas de arpón eran coreografías preciosas, nada más. Les faltaba el instinto asesino". Pero la lucidez política no es suficiente para hacer una buena novela.

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