Obituario

Muere David Hockney, el artista británico más icónico del siglo XX

El pintor, de 88 años, hizo obras tan conocidas como 'Retrato de un artista (Piscina con dos figuras)'

David Hockney / Jean-Pierre Goncavles de Lima
12/06/2026
6 min

BarcelonaFiel a su esencia hasta el final: hace poco más de un mes el artista británico David Hockney, que ha fallecido este viernes a los 88 años, recibía en su taller al actor Ian McKellen, tal como el mismo McKellen publicó en su Instagram. Aunque Hockney iba en silla de ruedas desde hacía unos años, y en la foto se le ve bastante delgado, mantenía su estilo, con un traje con cuadritos de colores y las características gafas de pasta. Hockney se vestía como pintaba. Además, ver a Hockney y McKellen juntos implica ver reunidas dos de las figuras más importantes de la cultura británica del siglo XX, y dos iconos incombustibles de la comunidad gay, que empezaron a trabajar cuando la homosexualidad todavía era un delito en el Reino Unido.

Conocimiento secreto: redescubriendo las técnicas perdidas de los viejos maestrosSecret knowledge: rediscovering the lost techniques of the old masters (publicado en castellano por Destino), donde revelaba que grandes maestros como Caravaggio, Velázquez, Van Eyck, Holbein, Leonardo e Ingres usaban dispositivos ópticos para hacer sus obras, y que habían querido mantener estas técnicas en secreto.

Hockney también dibujó con el iPad desde que apareció el dispositivo, y entre sus hitos más recientes se encuentran los dibujos que enviaba cada día a sus amigos durante la pandemia de la covid desde su estudio en Normandía con el lema "Podrán detenerlo todo, pero no podrán impedir la primavera". Hockney tuvo éxito desde muy pronto y no dejó de recibir reconocimientos, pero es aún más especial el hecho de que haya fallecido después de haber podido hacer el seguimiento de la gran exposición, la más ambiciosa de su carrera, que le dedicó la Fundación Louis Vuitton de París el año pasado. Y continúa abierta la exposición que le dedica la Serpentine Gallery de Londres, donde se puede ver por primera vez en la ciudad el friso de unos 90 metros Un año en Normandía, que está inspirado en el Tapiz de Bayeux.

Además, la muerte de Hockney ha despertado una ola de reacciones en el mundo de la política y la cultura británicas. Para el alcalde de Londres, Sadiq Khan, era "un auténtico icono y un revolucionario del arte británico que nunca dejó de reinventar su obra". La ministra de Cultura, Lisa Nandy, lo define como "un auténtico titán del arte británico". Pero, según el obituario publicado en The Guardian, se cree que Hockney rechazó en diversas ocasiones que lo nombraran caballero y que en una ocasión declinó una invitación para pintar un retrato de la reina Isabel II. Sin embargo, el rey Carlos lo ha recordado como “un gigante del mundo del arte y la pintura, un hombre de Yorkshire de pies a cabeza, y un amigo querido”.

"David era un artista de una inventiva inagotable, con una visión del mundo única", ha publicado en Instagram el director de la Tate Britain, Alex Farquharson. Este museo acogió una gran exposición de Hockney en 2017. "Siempre fue completamente él mismo, con un coraje absoluto, tanto en su obra como en la vida –añade Farquharson–. Nos enseñó el gozo de mirar, de ver lo que el resto de nosotros no sabíamos percibir; sus observaciones ingeniosas e incisivas eran una presencia constante tanto en su obra como en persona. La pérdida para el mundo del arte es inmensa: la muerte de David pone punto final a una trayectoria extraordinaria, caracterizada por la reinvención".

David Hockney era un fumador empedernido e hizo campaña contra la prohibición gubernamental de fumar en muchos lugares públicos.

Las obras más emblemáticas

Una piscina y una gran salpicadura que nos hace saber que alguien acaba de lanzarse a ella. Esta imagen corresponde a Un salpicadura más grande, una de las pinturas más célebres de Hockney. De la misma época es Retrato de un artista (Piscina con dos figuras), que en 2018 fue vendida por 80 millones de euros en una subasta e hizo de Hockney el artista vivo más cotizado. Se trata de una evocación de su ruptura con el también artista Peter Schlesinger. Otro de sus retratos más conocidos es Mis padres, donde se puede ver a Kenneth y Laura Hockney absortos en sus pensamientos. Y también lo es Mr. and Mrs. Clark and Percy, el retrato del diseñador de moda Ossie Clark y su mujer, Celia Birtwell, ambos amigos suyos.

Hijo de un administrativo y de una devota madre metodista, Hockney comenzó los estudios de arte en su ciudad natal de Bradford, en el norte de Inglaterra, pero pronto se rebeló contra las convenciones, con gestos como poner a sus pinturas abstractas títulos como Esta noche seré una reina y Chico de juguete, en una época en que la homosexualidad se castigaba con prisión. La primera obra que vendió, por 10 libras, fue un retrato de su padre, y antes de trasladarse a Londres para continuar sus estudios en el Royal College of Art en 1959, cumplió el servicio militar como objetor de conciencia trabajando como camillero en un hospital durante dos años.

En Londres, Hockney triunfó meteóricamente dentro del movimiento del pop art británico y se relacionó con figuras como el bailarín Rudolf Nureyev y el cantante Mick Jagger. Pero Hockney anhelaba la excitación que veía en la obra de los artistas norteamericanos, y con el dinero obtenido de la venta de sus obras viajó a Nueva York por primera vez en 1961 –donde se hizo amigo de Andy Warhol–, y tres años más tarde se instaló en California. "Pensaba que la gente que producía una obra así debía vivir en color, así que fui a buscarlo –dijo Hockney en una entrevista con el crítico de arte y amigo Peter Adam–. Había pasado los primeros veinte años de mi vida en la oscuridad gótica del norte. Aquí me sentí libre".

Sus imágenes de piscinas y de hombres desnudos en las duchas se convirtieron en iconos de un estilo de vida bañado por el sol que documentó con pintura acrílica luminosa antes de dividir su tiempo entre Los Ángeles, Londres y París a finales de los años 60 y durante los 70. Pero, a pesar del éxito, Hockney tenía una actitud poco pretenciosa. "En realidad, todavía soy estudiante –dijo a Adam–. Lo único que pasa es que tengo bastantes tarjetas de crédito en el bolsillo". En 1985, cuando lo invitaron a la Casa Blanca a cenar con el presidente estadounidense Ronald Reagan, el príncipe Carlos y la princesa Diana, los agentes de seguridad lo retuvieron media hora porque era el único invitado que había llegado a pie, según explica su biógrafo.

Imagen de archivo de David Hockney fotografiado en el Museo Guggenheim de Bilbao.

El retorno a Inglaterra

Con el paso de los años y una vida más doméstica, los perros sustituyeron a los hombres en su obra, en una época en la que muchos de sus amigos morían a causa del sida. Explicó que había llorado durante dos días cuando Stanley, uno de sus queridos teckels, murió en 2001, después de haberlo retratado en numerosas pinturas y dibujos. A finales de los años noventa, Hockney empezó a volver más a menudo al condado de Yorkshire, en el norte de Inglaterra, donde había crecido, para visitar a su madre, y un amigo con una enfermedad terminal le animó a pintar los paisajes locales.

Cada vez se sentía más solo, y decidió trasladarse de California a la ciudad costera de Bridlington, en la costa del mar del Norte. Durante una década pintó grupos de árboles desnudos en invierno, campos llenos de cultivos maduros y caminos que se extendían hacia las suaves colinas onduladas de Yorkshire. Fue el período más productivo de toda su carrera, en una carrera por captar escenas que, según decía, cambiaban de manera más drástica con el paso de las estaciones que en California. "Esto no es un trabajo de jubilación", dijo a la BBC con su marcado acento de Yorkshire cuando le preguntaron por su energía inagotable: “Simplemente la haces hasta que caes”. Fruto de las pinturas de Yorkshire, hay un vitral para la abadía de Westminster, también hecho con el iPad.

En 2018 Hockney compró una casa de campo en Normandía, en el norte de Francia, y dirigió su mirada hacia los campos y las flores de su jardín. La ética de trabajo de Hockney –forjada en la época en que se levantaba cada día a las seis de la mañana para trabajar en hospitales durante dos años, cuando se negó a hacer el servicio militar– apenas mermó en sus últimos años. "Tiendo a pensar que se debe trabajar cada día –dijo–. Y así lo hago".

El artista británico David Hockney posa ante su vidriera en la Abadía de Westminster en Londres en 2018.

Precisamente la pintura lo salvó de un trance muy duro: en 2013 su ayudante de 23 años, Dominic Elliott, fue hallado muerto en su casa de Bridlington. Un forense dictaminó que Elliott había muerto accidentalmente tras tomar varias drogas y un líquido desatascador. Hockney se planteó abandonar el arte, porque a raíz de la muerte de Elliott no era capaz de dibujar. Pero salió adelante y acabó haciendo un conjunto de más de 80 retratos de familiares y colaboradores, como máximo en tres días cada uno, que se pudieron ver en la Royal Academy of Arts de Londres y en el Museo Guggenheim de Bilbao.

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